¿Quién decide qué conocimiento cuenta como conocimiento?
Cuando pensamos en investigación científica, probablemente imaginamos laboratorios, universidades, instrumentos de medición, bases de datos, artículos especializados y personas expertas que observan una realidad para explicarla. Esta imagen no es equivocada, pero sí resulta incompleta.
Durante mucho tiempo, buena parte de la producción científica moderna se desarrolló bajo la idea de que el conocimiento válido debía responder a determinados criterios de racionalidad, objetividad y universalidad. Estos principios contribuyeron enormemente al desarrollo de la ciencia; sin embargo, también generaron una pregunta que actualmente resulta imposible ignorar:
¿qué sucede con los conocimientos construidos desde las experiencias, territorios, comunidades y culturas que históricamente han quedado fuera de los espacios legitimados de producción científica?
Esta pregunta constituye uno de los puntos de partida para comprender las denominadas Epistemologías del Sur, así como diversas metodologías que buscan ampliar las formas mediante las cuales investigamos, interpretamos y producimos conocimiento.
El libro Investigar desde el Sur. Epistemologías, metodologías y cartografías emergentes, coordinado por Marco Raúl Mejía Jiménez, propone precisamente una reflexión sobre los significados del conocimiento, sus transformaciones y las nuevas formas de aproximarse al acto de conocer. Desde su prólogo, Germán Rey señala que la obra se interesa tanto por las mutaciones del conocimiento como por aquellos saberes que surgen de las tradiciones y recomposiciones sociales.
Pero investigar desde el Sur no significa simplemente cambiar unos conocimientos por otros. Tampoco significa afirmar que todo conocimiento producido fuera de la academia sea automáticamente verdadero, ni que la ciencia moderna carezca de valor. La propuesta es considerablemente más compleja: ampliar nuestra mirada sobre quién produce conocimiento, desde dónde lo produce, para qué lo produce y qué realidades pueden quedar invisibilizadas cuando utilizamos una única manera de investigar.
El conocimiento también tiene territorio
Una de las aportaciones centrales de las epistemologías del Sur consiste en cuestionar la aparente neutralidad de todo proceso de conocimiento.
Investigar nunca ocurre en el vacío. Quien investiga posee una historia, una formación, determinados conceptos, intereses y formas de interpretar el mundo. Asimismo, aquello que se investiga ocurre dentro de contextos históricos, sociales, culturales y territoriales concretos.
Esto no significa que toda investigación sea subjetiva en el sentido de carecer de rigor. Significa reconocer que la producción del conocimiento tiene condiciones sociales e históricas.
Desde esta perspectiva, la pregunta científica deja de ser únicamente "¿cómo puedo conocer este fenómeno?" y comienza a incorporar otras interrogantes:
¿Quién está formulando la pregunta?
¿Desde qué contexto?
¿Qué conocimientos son considerados relevantes?
¿Quiénes participan en la producción de la información?
¿Quién interpreta los resultados?
¿Para quién se produce el conocimiento?
¿Qué voces han quedado fuera?
Estas preguntas no destruyen la investigación científica. Por el contrario, pueden hacerla más reflexiva.
Cuando la experiencia se convierte en fuente de conocimiento
Uno de los ejemplos más interesantes que presenta Investigar desde el Sur aparece en el trabajo de Daniel Hugo Suárez sobre la documentación narrativa de experiencias pedagógicas.
Suárez plantea una modalidad de investigación-formación-acción desarrollada mediante redes de trabajo colaborativo entre docentes e investigadores universitarios. Su propósito consiste en profundizar la comprensión del mundo escolar a partir de las palabras, comprensiones y saberes de los propios educadores.
Aquí aparece una idea especialmente poderosa:
la experiencia no es solamente algo que nos sucede; también puede convertirse en objeto de reflexión y fuente para construir saber pedagógico.
Un profesor que relata una experiencia de aula está haciendo algo más que recordar. Cuando escribe, vuelve sobre lo ocurrido; cuando reescribe, modifica su interpretación; cuando conversa con otros docentes, encuentra perspectivas diferentes; cuando somete su relato a comentarios y críticas, comienza a problematizar aquello que originalmente parecía evidente.
Suárez explica que la documentación narrativa implica precisamente ese proceso de escritura, reescritura, lectura, comentario y conversación entre pares.
Por ello, narrar una experiencia educativa no equivale simplemente a contar una anécdota.
La experiencia se transforma en conocimiento cuando es interrogada, contextualizada, interpretada, contrastada y sometida a reflexión crítica.
Esta distinción es fundamental.
Narrar no significa abandonar el rigor
Existe aquí una confusión que debemos evitar.
Reconocer el valor de la experiencia no significa afirmar que cualquier experiencia constituye, por sí misma, evidencia científica suficiente.
Un docente puede experimentar que determinada estrategia funciona en su grupo. Esa experiencia es valiosa y puede convertirse en una pregunta de investigación. Pero para construir conocimiento más sólido será necesario contextualizarla, analizarla, contrastarla con otras experiencias y relacionarla con marcos conceptuales y procedimientos metodológicos pertinentes.
Precisamente por eso resulta importante la propuesta de Suárez: la documentación narrativa no consiste simplemente en escribir relatos personales. Los relatos son sometidos a sucesivas reelaboraciones mediante lectura, comentarios, conversación, indagación y crítica.
La experiencia, entonces, no sustituye al método: entra en diálogo con él.
Del "objeto de estudio" al sujeto que también interpreta su realidad
Las metodologías participativas introducen otra cuestión importante: la relación entre quien investiga y quienes participan en la investigación.
En ciertos modelos tradicionales, el investigador ocupa una posición claramente diferenciada: observa, recopila información, analiza y produce conocimiento sobre otras personas.
Las metodologías participativas buscan modificar esa relación. La investigación-acción participativa desarrollada por autores como Orlando Fals-Borda y Anisur Rahman, por ejemplo, parte de la participación de los sujetos en los procesos de generación de conocimiento y transformación de sus propias condiciones.
Esto supone reconocer que las personas investigadas no necesariamente son recipientes pasivos de información. También poseen interpretaciones, conocimientos, memorias y experiencias que pueden contribuir a comprender el fenómeno estudiado.
Sin embargo, sería un error convertir esta afirmación en una idealización.
La participación no garantiza automáticamente una investigación rigurosa, democrática o emancipadora.
Y este punto es especialmente importante porque el propio Mejía incorpora una mirada autocrítica sobre las experiencias participativas latinoamericanas.
El peligro de idealizar el "saber popular"
Uno de los aspectos más valiosos de Investigar desde el Sur es que no presenta las metodologías participativas como soluciones perfectas.
Mejía identifica problemas presentes en experiencias anteriores: la sobrevaloración del saber de los grupos populares, la negación de otros conocimientos, la sobreideologización de la crítica, la falsa neutralidad de algunas técnicas participativas y, particularmente, aquellas situaciones en las que un investigador externo termina hablando en nombre de las comunidades que pretende estudiar.
Esta autocrítica es indispensable.
Porque sería tan problemático afirmar que solo el conocimiento académico es válido como sostener que todo conocimiento comunitario es verdadero por el simple hecho de ser comunitario.
Una epistemología plural no debería convertirse en una epistemología acrítica.
La pregunta no debería ser:
"¿Qué conocimiento es superior?"
Sino:
"¿Cómo podemos poner en diálogo diferentes formas de conocimiento sin renunciar a la crítica y al rigor?"
Investigar desde el Sur no significa estar contra la ciencia
Este quizá sea uno de los puntos que más fácilmente pueden malinterpretarse.
Las epistemologías del Sur no deben entenderse como una invitación a abandonar la ciencia, rechazar los métodos científicos o sustituir el conocimiento académico por saberes populares.
El propio Mejía señala que el proceso se construye mediante un diálogo crítico con la tradición euronorteamericana.
La cuestión, por tanto, no consiste en elegir entre "ciencia occidental" y "saberes del Sur" como si fueran dos bloques homogéneos y enfrentados.
Se trata de reconocer que existen distintas tradiciones epistemológicas y que determinados problemas pueden requerir formas más amplias de aproximación.
En otras palabras:
no se trata de destruir el conocimiento científico, sino de cuestionar la idea de que una sola tradición científica posee el monopolio absoluto de todas las formas posibles de conocer.
El concepto de epistemicidio
Esta discusión conduce inevitablemente al trabajo de Boaventura de Sousa Santos.
Santos desarrolla el concepto de epistemicidio para referirse a procesos mediante los cuales determinados conocimientos son deslegitimados, invisibilizados o destruidos como consecuencia de relaciones históricas de poder.
En Epistemologies of the South: Justice Against Epistemicide, Santos vincula la justicia social con la denominada justicia cognitiva, es decir, con el reconocimiento de la existencia de diferentes formas legítimas de conocimiento. La obra fue publicada por Routledge en 2014.
La importancia de este planteamiento consiste en mostrarnos que la desaparición de un conocimiento no es necesariamente un proceso neutral.
Cuando una lengua, una tradición, una práctica comunitaria o una determinada forma de interpretar la naturaleza deja de ser considerada conocimiento legítimo, no solamente desaparece información: también puede desaparecer parte de la memoria y de la identidad de quienes la producen.
Descolonizar la investigación
Una preocupación relacionada aparece en la obra de Linda Tuhiwai Smith, Decolonizing Methodologies: Research and Indigenous Peoples.
Smith analiza críticamente la relación histórica entre investigación, colonialismo y pueblos indígenas, y plantea la necesidad de revisar las formas mediante las cuales la investigación ha representado y estudiado a las comunidades indígenas.
La propuesta no consiste simplemente en "hacer investigación diferente". Implica preguntarse para quién se investiga, quién define los problemas, quién controla los datos, quién interpreta los resultados y quién se beneficia de la investigación.
En este sentido, la metodología adquiere también una dimensión ética.
Investigar no es solamente obtener información.
Investigar implica establecer una relación con otras personas y producir representaciones sobre sus vidas.
Por ello, la responsabilidad del investigador no termina cuando obtiene sus resultados.
Las nuevas formas de producir conocimiento
El debate tampoco se limita a las epistemologías del Sur.
Michael Gibbons y colaboradores, en The New Production of Knowledge (1994), analizaron transformaciones en las formas de producción del conocimiento contemporáneo, incluyendo procesos caracterizados por mayor transdisciplinariedad, heterogeneidad y diversidad de contextos de producción.
Esta obra no constituye una fuente directa de las epistemologías del Sur, pero resulta útil como complemento para comprender un fenómeno más amplio: la producción contemporánea del conocimiento ya no ocurre exclusivamente dentro de los límites tradicionales de las disciplinas académicas y las instituciones universitarias.
Por eso, Gibbons et al. pueden incorporarse al debate como una referencia sobre las transformaciones de la producción del conocimiento, pero no deben presentarse como autores de la propuesta epistemológica de Santos o Mejía.
Una investigación que escucha, pero también cuestiona
Si algo podemos aprender de estas perspectivas es que escuchar a los participantes no significa aceptar automáticamente todas sus interpretaciones.
La investigación requiere escucha, pero también análisis.
Requiere apertura, pero también criterios.
Requiere reconocer conocimientos diversos, pero también someter las afirmaciones a procedimientos de argumentación, contrastación y crítica adecuados al problema estudiado.
Esta combinación resulta particularmente importante en las ciencias sociales y educativas.
Cuando un investigador escucha las experiencias de una comunidad, puede descubrir dimensiones que una encuesta estandarizada no había considerado.
Cuando un docente documenta narrativamente su práctica, puede identificar problemas que permanecían ocultos en las rutinas cotidianas.
Cuando diferentes formas de conocimiento dialogan, pueden surgir nuevas preguntas.
Pero el diálogo epistemológico no debe confundirse con la ausencia de criterios.
Pluralidad no significa relativismo absoluto.
¿Qué puede aportar esta perspectiva a la educación?
En educación, estas ideas tienen consecuencias especialmente relevantes.
Una escuela produce conocimiento constantemente. Lo hacen los investigadores, pero también los docentes, los estudiantes, las familias y las comunidades.
Un maestro conoce las dinámicas de su grupo. Un estudiante conoce aspectos de su propia experiencia que difícilmente pueden observarse desde fuera. Una comunidad posee memoria sobre su territorio. Las familias conocen prácticas educativas construidas a lo largo de generaciones.
Esto no significa que todos estos conocimientos sean equivalentes a una investigación científica formal.
Significa que pueden constituir fuentes relevantes para formular preguntas, comprender contextos, identificar problemas y construir interpretaciones.
La documentación narrativa de Suárez ofrece precisamente un ejemplo de esta posibilidad: los docentes pueden investigar y problematizar sus propias prácticas mediante procesos colectivos de escritura, lectura, conversación y reflexión.
En lugar de considerar al profesor únicamente como ejecutor de teorías elaboradas por otros, esta perspectiva permite verlo también como un profesional capaz de producir conocimiento sobre su propia práctica.
Investigar también es decidir qué merece ser preguntado
Tal vez la enseñanza más profunda de las epistemologías del Sur no esté en una determinada técnica de investigación.
Está en una pregunta mucho más elemental:
¿qué preguntas estamos dejando de hacer?
Toda metodología permite observar determinadas dimensiones de la realidad y puede dejar otras fuera.
Un cuestionario permite obtener determinados datos. Una entrevista permite acceder a determinados relatos. Una observación permite registrar determinados comportamientos. Un archivo conserva determinadas memorias. Una narrativa recupera determinadas experiencias.
Ningún instrumento es absolutamente transparente.
Por eso, investigar también implica reconocer los límites de nuestras propias herramientas.
Mejía señala precisamente que las aproximaciones clásicas pueden resultar insuficientes para explicar determinadas realidades y que es necesario ampliar y replantear los lugares desde los cuales nos acercamos a ellas.
Esto no significa abandonar los métodos existentes.
Significa reconocer que ningún método debería convertirse en una frontera que impida observar aquello que su propio diseño no permite ver.
El verdadero desafío: construir diálogos de conocimiento
Investigar desde el Sur puede entenderse, entonces, como una invitación a ampliar la conversación epistemológica.
No se trata de establecer una nueva jerarquía en la que un conocimiento sustituya a otro.
Se trata de generar condiciones para que diferentes experiencias y tradiciones puedan entrar en diálogo crítico.
El desafío consiste en construir investigaciones capaces de reconocer la experiencia sin idealizarla; incorporar la participación sin convertirla en una simulación; valorar los saberes comunitarios sin negar la necesidad de contrastación; utilizar métodos científicos sin asumir que existe una única forma universal de investigar.
Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en sociedades culturalmente diversas, donde los problemas sociales y educativos rara vez pueden explicarse desde una sola disciplina o desde una única mirada.
Una ciencia más consciente de sus propios límites
La ciencia ha transformado profundamente nuestra comprensión del mundo. Sus métodos han permitido combatir enfermedades, explicar fenómenos naturales, desarrollar tecnologías y construir conocimientos que difícilmente podrían haberse obtenido de otra manera.
Reconocer esto es compatible con reconocer también sus límites.
Una ciencia madura no debería temer a la crítica.
Al contrario, la crítica forma parte de la propia tradición científica.
Investigar desde el Sur nos recuerda precisamente que también debemos someter a examen nuestras categorías, nuestros métodos, nuestras preguntas y nuestras posiciones como investigadores.
El conocimiento no se empobrece cuando escucha otras voces.
Se empobrece cuando deja de hacerse preguntas.
Reflexión final: investigar para comprender, no solamente para explicar
Investigar desde el Sur implica mucho más que utilizar una técnica participativa o incorporar testimonios de una comunidad.
Supone una disposición epistemológica: reconocer que nuestras formas de conocer tienen historia, contexto y límites.
Significa aceptar que una experiencia puede contener conocimiento, pero que ese conocimiento debe ser reflexionado y problematizado.
Significa comprender que una comunidad no es simplemente una fuente de datos, sino un espacio donde también se producen interpretaciones sobre la realidad.
Significa reconocer los riesgos de convertir la ciencia en una autoridad incuestionable, pero también los riesgos de sustituirla por un relativismo donde cualquier afirmación sea considerada igualmente válida.
Y, sobre todo, significa comprender que la pluralidad del conocimiento exige más diálogo y más rigor, no menos.
Quizá el verdadero sentido de investigar desde el Sur sea precisamente éste:
aprender a mirar la realidad desde más de un lugar sin perder la capacidad de cuestionar aquello que creemos saber.
Porque investigar no consiste solamente en encontrar respuestas.
También consiste en descubrir que algunas de nuestras preguntas necesitaban ser formuladas de otra manera.
Referencias
Fals-Borda, O., & Rahman, M. A. (Eds.). (1991). Action and knowledge: Breaking the monopoly with participatory action-research. Apex Press.
Gibbons, M., Limoges, C., Nowotny, H., Schwartzman, S., Scott, P., & Trow, M. (1994). The new production of knowledge: The dynamics of science and research in contemporary societies. SAGE.
Mejía Jiménez, M. R. (Coord.). (2022). Investigar desde el Sur: Epistemologías, metodologías y cartografías emergentes. Ediciones Desde Abajo.
Santos, B. de Sousa. (2014). Epistemologies of the South: Justice against epistemicide. Routledge.
Santos, B. de Sousa. (2018). The end of the cognitive empire: The coming of age of epistemologies of the South. Duke University Press. https://doi.org/10.1215/9781478002000
Smith, L. T. (2012). Decolonizing methodologies: Research and Indigenous peoples (2nd ed.). Zed Books.


