lunes, 12 de octubre de 2026

Publicar ciencia es más que escribir: el oficio intelectual que convierte la investigación en conocimiento

 





Entre la pregunta científica y la publicación existe un trabajo intelectual que exige rigor, pensamiento crítico, responsabilidad ética y compromiso con la sociedad.


Introducción: cuando investigar no es suficiente

Una investigación puede partir de una pregunta relevante, aplicar procedimientos metodológicos rigurosos y producir hallazgos capaces de contribuir a la comprensión de un problema. Sin embargo, existe una dificultad que suele recibir menos atención: ¿Cómo transformar ese trabajo en un texto que permita a otros investigadores comprenderlo, evaluarlo, cuestionarlo y utilizarlo para generar nuevo conocimiento?

La respuesta conduce a una dimensión fundamental del quehacer científico: la escritura académica. Lejos de constituir una actividad meramente administrativa que se realiza al finalizar una investigación, escribir para publicar implica organizar el pensamiento, delimitar argumentos, justificar decisiones metodológicas y comunicar resultados de forma verificable.

En Guía para la producción de artículos académicos con fines de publicación, López Vera (2021) sostiene que la producción científica requiere articular el dominio del tema con las competencias necesarias para comunicarlo. La autora advierte que la experiencia investigadora no garantiza, por sí misma, la capacidad para producir un artículo publicable. La escritura científica posee reglas, convenciones y procedimientos que necesitan conocerse y practicarse.

Esta observación tiene consecuencias importantes para las universidades. Aunque numerosas instituciones promueven la investigación como parte de la formación profesional, la enseñanza de las estrategias para comunicar sus resultados no siempre recibe la misma atención. Investigar, escribir, someter un manuscrito a evaluación y responder a los dictámenes constituyen actividades relacionadas, pero requieren competencias específicas.

Por ello, comprender cómo se construye un artículo científico significa aproximarse no solamente a una técnica de redacción, sino también a las condiciones mediante las cuales el conocimiento ingresa en una comunidad de discusión, recibe escrutinio y se vuelve susceptible de contribuir al desarrollo científico y social.

1. La escritura científica: una forma de pensar, no solamente de redactar

Uno de los planteamientos centrales de López Vera (2021) consiste en reconocer la estrecha relación entre forma y contenido. Un texto puede abordar un problema importante y, a pesar de ello, presentar dificultades de comprensión debido a una estructura desordenada, argumentos inconexos, citas mal integradas o una metodología descrita insuficientemente. Del mismo modo, una redacción impecable puede encubrir una investigación débil, una pregunta poco relevante o conclusiones que exceden la evidencia disponible.

En ambos casos, existe una ruptura entre aquello que se pretende comunicar y la forma en que se construye el mensaje.

La calidad de un artículo, por tanto, no depende únicamente de su corrección gramatical. También exige coherencia argumentativa: cada apartado debe contribuir a responder la pregunta de investigación y mantener una relación lógica con los demás componentes.

La introducción delimita el problema y justifica su relevancia. La metodología explica cómo se desarrolló el estudio. Los resultados presentan los hallazgos obtenidos y la discusión examina su significado, sus alcances y sus limitaciones. Estas funciones no son intercambiables.

El modelo IMRyD —Introducción, Métodos, Resultados y Discusión— expresa precisamente esa organización lógica del conocimiento científico. El análisis histórico de Sollaci y Pereira (2004) documentó su consolidación como estructura dominante en los artículos originales de las principales revistas médicas estudiadas durante el siglo XX.

No obstante, conviene evitar una interpretación rígida: IMRyD no constituye una plantilla universal para cualquier producto académico. Los ensayos teóricos, las revisiones sistemáticas, los estudios cualitativos, los reportes de caso y los trabajos de humanidades pueden requerir estructuras diferentes. La organización debe responder a las características del problema, el diseño de investigación y los criterios de la revista.

Lo esencial es que exista correspondencia entre la pregunta, los procedimientos, la evidencia y las conclusiones. Cuando esta correspondencia se pierde, el artículo puede parecer completo sin demostrar realmente aquello que pretende sostener.

2. Elegir la revista también es una decisión científica

Una dificultad frecuente entre quienes comienzan a publicar consiste en escribir primero el manuscrito completo y buscar, posteriormente, una revista que pueda recibirlo. López Vera (2021) propone invertir esa lógica: comprender desde el inicio el perfil editorial del medio de publicación permite establecer criterios para organizar el texto.

La selección requiere revisar el alcance temático, los tipos de contribuciones que acepta la revista, sus instrucciones para autores, los sistemas de citación, la extensión de los manuscritos, las políticas editoriales y el procedimiento de evaluación.

También resulta necesario comprobar que la publicación permanezca activa y que la información sobre su comité editorial, sus mecanismos de revisión y sus costos sea transparente. La existencia de una página web atractiva o la promesa de una publicación rápida no constituyen, por sí mismas, garantías de calidad.

En este sentido, el Directory of Open Access Journals (DOAJ) establece criterios para las publicaciones de acceso abierto que incluyen la identificación de sus responsables editoriales, la disponibilidad de instrucciones para autores, la descripción del proceso de revisión por pares y la transparencia sobre derechos y cargos editoriales (DOAJ, s. f.).

La lección es relevante: seleccionar una revista exige evaluar su legitimidad y pertinencia, no únicamente su aparente prestigio.

Además, es importante distinguir entre la indexación y la calidad de cada artículo. Una revista incluida en una base de datos reconocida ofrece una señal útil para valorar su visibilidad y sus prácticas editoriales, pero dicha inclusión no convierte automáticamente en sólido todo lo que publica. Del mismo modo, un trabajo valioso no pierde su contribución científica por aparecer en una revista con menor visibilidad internacional.

La Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la Investigación recomienda no utilizar métricas de revistas, como el factor de impacto, como sustitutos de la valoración del contenido de artículos individuales o de las contribuciones de investigadores (San Francisco Declaration on Research Assessment [DORA], 2012).

La distinción es fundamental: los indicadores bibliométricos pueden ayudar a describir ciertos aspectos de la circulación de las publicaciones, pero no sustituyen la lectura crítica, la evaluación metodológica ni el análisis de la relevancia de los hallazgos.

3. De la información al argumento: la pregunta que sostiene el artículo

La escritura académica adquiere dirección cuando existe una pregunta de investigación suficientemente delimitada. Sin ella, el texto corre el riesgo de convertirse en una recopilación de antecedentes, definiciones y citas que informan sobre un tema, pero no construyen una contribución reconocible.

López Vera (2021) recupera modelos de planteamiento del problema, como el de Swales, para mostrar cómo puede transitarse desde la delimitación de un campo de estudio y la revisión de antecedentes hasta la presentación de una investigación propia.

Esta progresión permite identificar tres cuestiones fundamentales: qué se sabe, qué permanece insuficientemente explicado y qué pretende aportar el trabajo.

No significa que todas las investigaciones deban descubrir algo completamente desconocido. Una contribución puede consistir en contrastar resultados previos, estudiar una población diferente, revisar una interpretación, desarrollar una explicación alternativa o examinar las implicaciones de un fenómeno en un contexto específico.

La originalidad científica no equivale necesariamente a descubrir un territorio inexplorado; también puede manifestarse en la precisión con la que se reformula un problema y en la calidad de la evidencia utilizada para abordarlo.

Aquí emerge una diferencia decisiva entre acumular información y producir conocimiento. La primera actividad puede resultar necesaria, pero la segunda exige establecer relaciones, evaluar evidencias y formular una interpretación sustentada.

Por ello, citar a una autoridad académica no resuelve automáticamente un problema argumentativo. Una referencia bibliográfica debe cumplir una función: ofrecer evidencia, presentar un antecedente, respaldar una afirmación, introducir una discrepancia o proporcionar elementos para contrastar interpretaciones.

En el capítulo dedicado a la argumentación de citas, López Vera (2021) propone integrar las ideas de otros autores en una secuencia argumentativa que impida que las citas aparezcan aisladas del razonamiento central. Su aportación invita a pasar de la acumulación de referencias al diálogo crítico con la literatura científica.

Una pregunta útil para revisar cualquier párrafo es la siguiente: ¿esta información ayuda a responder la pregunta de investigación o solamente demuestra que se han consultado fuentes?

La respuesta permite reconocer la diferencia entre un texto que exhibe bibliografía y otro que construye un argumento.

4. Métodos, resultados y discusión: tres responsabilidades diferentes

Un artículo científicamente sólido debe permitir que sus lectores comprendan qué se hizo, qué se encontró y qué significado puede atribuirse a esos hallazgos.

La metodología tiene una responsabilidad descriptiva y justificativa. Debe explicar las decisiones relevantes del estudio: su diseño, la población o corpus analizado, los procedimientos de obtención de información, las técnicas de análisis y las consideraciones éticas pertinentes. Su nivel de detalle depende de la investigación, pero debe ser suficiente para que otras personas evalúen su adecuación y comprendan cómo se produjeron los resultados.

Las recomendaciones editoriales del Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas, aunque están dirigidas específicamente a publicaciones del ámbito médico, ilustran este principio al insistir en la descripción transparente de los métodos y en la presentación comprensible de los resultados (International Committee of Medical Journal Editors [ICMJE], 2026).

Los resultados, por su parte, deben exponer los hallazgos de manera ordenada y sin ocultar información relevante que contradiga las expectativas iniciales. Seleccionar únicamente los datos favorables debilita la integridad de la investigación y puede conducir a interpretaciones engañosas.

La discusión representa una tarea intelectual distinta. Aquí se examina qué significan los resultados, cómo se relacionan con los antecedentes, en qué coinciden o difieren de estudios anteriores y cuáles son sus implicaciones teóricas o prácticas.

También es necesario reconocer las limitaciones. Una muestra pequeña, un diseño exploratorio, la ausencia de un grupo de comparación o determinadas restricciones en la obtención de datos pueden acotar lo que razonablemente se concluye. Identificar estas condiciones no invalida automáticamente el estudio: permite establecer con mayor precisión qué aportan sus resultados y qué preguntas permanecen abiertas.

En consecuencia, los hallazgos no deben confundirse con sus interpretaciones. Los datos pueden respaldar una explicación sin demostrar que sea la única posible; una asociación estadística no establece, por sí misma, una relación causal; y un resultado obtenido en un contexto específico no puede generalizarse sin justificación.

La calidad científica depende, en buena medida, de respetar estos límites.

5. Citar es reconocer, dialogar y asumir una responsabilidad ética

Las referencias bibliográficas no son adornos académicos ni mecanismos para conferir apariencia de autoridad a un manuscrito. Constituyen un sistema de reconocimiento intelectual y trazabilidad: permiten localizar las ideas utilizadas, examinar los antecedentes de una afirmación y comprobar parte del recorrido argumentativo del artículo.

López Vera (2021) destaca que el plagio constituye una falta grave en la escritura académica y que los sistemas de citación permiten distinguir las contribuciones propias de aquellas procedentes de otras personas.

Sin embargo, la integridad académica no se agota en evitar la copia literal. También exige representar fielmente las ideas ajenas, no presentar paráfrasis como descubrimientos propios, no fabricar referencias y no atribuir a una fuente afirmaciones que esta no sostiene.

La verificación bibliográfica resulta, por tanto, indispensable. Antes de incorporar una referencia, conviene comprobar que el documento existe, que sus datos editoriales son correctos y que realmente respalda la afirmación para la cual se utiliza.

La responsabilidad alcanza también a la autoría. Reconocer como autor a quien no realizó una contribución suficiente, omitir a personas que sí la efectuaron o no aclarar las responsabilidades de cada participante puede afectar la justicia en el reconocimiento y la rendición de cuentas. Las recomendaciones del ICMJE (2026) subrayan la importancia de atribuir la autoría a quienes cumplen los criterios correspondientes y de mantener la responsabilidad humana por la integridad del trabajo publicado.

En un contexto de creciente utilización de herramientas de inteligencia artificial, esta exigencia adquiere una dimensión adicional. Las herramientas digitales pueden apoyar determinadas tareas de organización, revisión o análisis, pero no garantizan la veracidad de sus resultados. El uso que se haga de ellas debe ajustarse a la política de la revista y a las normas institucionales aplicables.

Cuando corresponda, su utilización debe declararse con claridad, y toda referencia, cita, cifra o afirmación producida o sugerida con ayuda tecnológica debe verificarse. La responsabilidad por el manuscrito no se transfiere a una herramienta.

La ética de la publicación, en suma, implica responder por lo que se afirma, por la procedencia de las ideas y por la manera en que se presentan los resultados.

6. Acceso abierto: ¿para quién se produce el conocimiento científico?

La publicación no representa el final de la circulación del conocimiento. También plantea una pregunta sobre sus destinatarios y las condiciones en las que pueden acceder a él.

La ciencia necesita comunidades especializadas que examinen sus métodos y resultados, pero sus contribuciones pueden tener relevancia para docentes, profesionales, responsables de políticas públicas, organizaciones sociales y ciudadanía en general.

La Recomendación de la UNESCO sobre la Ciencia Abierta plantea que el conocimiento científico debe ser más accesible, reutilizable, inclusivo y equitativo. Entre sus principios se encuentran la promoción del acceso al conocimiento científico, la cooperación y el reconocimiento de la diversidad lingüística y de los contextos en los que se produce la investigación (UNESCO, 2021).

Esta perspectiva permite ampliar la reflexión propuesta por López Vera (2021). Elegir una revista adecuada no solo es una decisión sobre el destino de un manuscrito: también influye en sus posibilidades de circulación y en los públicos que pueden conocer sus resultados.

El acceso abierto puede favorecer la consulta y reutilización del conocimiento, aunque no elimina por sí mismo todas las barreras. Los cargos de publicación, las desigualdades en infraestructura, la disponibilidad de tiempo para investigar, las competencias de escritura y el predominio de determinadas lenguas pueden afectar de manera desigual a autores e instituciones.

Por ello, sería equivocado equiparar acceso abierto con ausencia de costos, o considerar que cualquier publicación que cobre por procesar artículos es necesariamente ilegítima. La evaluación requiere examinar el modelo editorial, la transparencia de los cargos, las prácticas de revisión y la calidad de los procedimientos.

También es importante distinguir entre escritura académica y divulgación científica. La primera debe responder a las convenciones y exigencias de su comunidad especializada; la segunda busca explicar conocimientos, resultados e implicaciones de manera comprensible para públicos no especializados, sin sacrificar precisión ni ocultar incertidumbres.

Ambas cumplen funciones complementarias. La investigación necesita comunicar sus resultados a especialistas, pero también puede beneficiarse de iniciativas que ayuden a la sociedad a comprender qué se conoce, cómo se llegó a ese conocimiento y cuáles son sus implicaciones.

Divulgar no significa simplificar hasta deformar. Significa construir puentes entre el conocimiento especializado y las preguntas de la vida pública.

7. Revisar el manuscrito es volver a pensar la investigación

López Vera (2021) propone revisar el borrador desde diferentes perspectivas: la del autor, la del editor, la del lector-investigador y la del evaluador. Esta recomendación revela que la escritura académica no consiste en producir una versión definitiva de una sola vez, sino en someter las ideas a una secuencia de revisiones.

La revisión final debe considerar la adecuación del registro, la coherencia global, la cohesión entre párrafos, los aspectos gramaticales y la presentación formal. Pero también debe examinar la relación entre el título, el resumen, la pregunta de investigación, el método, los resultados y las conclusiones.

Un manuscrito puede estar bien escrito y, aun así, presentar contradicciones entre sus apartados. Por ejemplo, puede formular una pregunta causal y utilizar un diseño que únicamente permite identificar asociaciones; declarar un objetivo que después no aborda; o proponer conclusiones más amplias que los datos disponibles.

El arbitraje por pares representa una instancia importante para identificar estas dificultades y valorar la contribución del trabajo. No obstante, la revisión por pares no es infalible y tampoco garantiza, por sí sola, que todas las interpretaciones sean correctas. Su valor depende de procedimientos editoriales transparentes, evaluaciones fundamentadas y respuestas responsables de los autores.

Recibir observaciones críticas es parte de este proceso. Un dictamen desfavorable no demuestra que una investigación carezca de valor en todos los sentidos, así como un dictamen favorable no la vuelve incuestionable. Las observaciones deben examinarse por su fundamento y por la posibilidad de fortalecer el argumento, los métodos o la presentación de los hallazgos.

La escritura científica mejora cuando se entiende la revisión como una oportunidad para someter el pensamiento a examen, no como una mera corrección de estilo.

Conclusión: publicar para contribuir, no solamente para acumular méritos

La guía de López Vera (2021) ofrece una ruta práctica para transformar un borrador en una contribución académica mejor organizada, argumentada y preparada para la evaluación editorial. Su valor reside en mostrar que escribir para publicar exige planificación, conocimiento de las convenciones editoriales, construcción de argumentos, descripción metodológica, interpretación crítica y revisión constante.

Sin embargo, su lectura también permite formular una reflexión más amplia: la publicación científica no debería reducirse a la acumulación de productos para cumplir indicadores de productividad.

Publicar importa porque hace posible que las ideas sean examinadas por otros, que la evidencia se contraste y que los resultados puedan incorporarse a nuevas investigaciones y discusiones. La visibilidad académica es valiosa, pero no sustituye la relevancia del problema, la solidez del método ni la honestidad de las conclusiones.

Por ello, el desafío de las instituciones educativas no consiste solamente en exigir más artículos, sino también en formar investigadores capaces de escribir, argumentar, verificar sus fuentes y reconocer los límites de lo que saben. Esto supone fortalecer la enseñanza de la escritura académica, la asesoría editorial, la revisión entre pares y las prácticas de integridad científica.

Finalmente, la investigación necesita una comunicación que no convierta la complejidad en confusión ni la claridad en simplificación excesiva. Necesita textos que permitan seguir el razonamiento, conocer las evidencias y cuestionar las conclusiones. Y necesita mecanismos de circulación que faciliten el diálogo entre comunidades científicas y sociedad.

Publicar ciencia es mucho más que colocar palabras en una revista: es asumir la responsabilidad de convertir una investigación en conocimiento comunicable, evaluable y susceptible de contribuir al bien común.

La pregunta que debería acompañar a todo manuscrito no es solamente «¿dónde puedo publicar este trabajo?», sino también: ¿Qué aporta, qué evidencia lo sostiene y por qué debería importar a alguien más?

Referencias 

Committee on Publication Ethics, Directory of Open Access Journals, Open Access Scholarly Publishing Association, & World Association of Medical Editors. (2022). Principles of transparency and best practice in scholarly publishing (Version 4). https://doaj.org/apply/transparency/

Directory of Open Access Journals. (s. f.). Guide to applying. https://doaj.org/apply/guide/

International Committee of Medical Journal Editors. (2026). Recommendations for the conduct, reporting, editing, and publication of scholarly work in medical journals. Recuperado el 12 de octubre de 2026, de https://www.icmje.org/recommendations/

López Vera, E. E. (2021). Guía para la producción de artículos académicos con fines de publicación. Biblioteca Digital de Humanidades, Universidad Veracruzana. https://www.uv.mx/bdh/general/guia-para-la-produccion-de-articulos-academicos-con-fines-de-publicacion/

San Francisco Declaration on Research Assessment. (2012). Read the declaration. https://sfdora.org/read/

Sollaci, L. B., & Pereira, M. G. (2004). The introduction, methods, results, and discussion (IMRAD) structure: A fifty-year survey. Journal of the Medical Library Association, 92(3), 364–371. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC442179/

UNESCO. (2021). Recommendation on open science. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000379949/


lunes, 28 de septiembre de 2026

Investigar para comprender, comprender para transformar: el sentido profundo de la investigación educativa

 





Cuando investigar deja de ser un requisito académico y se convierte en una forma de transformar la realidad

Hay una escena que se repite en muchas instituciones educativas: un problema aparece, se comenta en reuniones, se identifica informalmente y, después de algún tiempo, termina convertido en una preocupación cotidiana. Bajo rendimiento, abandono escolar, dificultades de convivencia, problemas de motivación, prácticas docentes que ya no responden a las necesidades del alumnado o decisiones institucionales tomadas con información fragmentaria.

Con frecuencia se intenta solucionar aquello que todavía no se ha comprendido suficientemente.

Aquí comienza una de las preguntas más importantes de la investigación educativa: ¿Qué significa realmente investigar un problema educativo?

La respuesta no consiste únicamente en aplicar cuestionarios, calcular porcentajes, entrevistar personas o redactar un informe. Investigar supone construir conocimiento sistemático acerca de una realidad, reconocer su complejidad, identificar relaciones entre sus componentes y, cuando el propósito lo demanda, utilizar ese conocimiento para intervenir sobre ella.

Esta perspectiva constituye uno de los ejes centrales de Fundamentos de Investigación Educativa, de José Wilson Gómez-Cumpa, Isidoro Benites Morales y Miguel Hugo Ramos Bazán (2005). La obra plantea una concepción de la investigación educativa vinculada con la comprensión crítica de la realidad y con su transformación. No se trata, por tanto, de observar la escuela desde una distancia absoluta, sino de comprenderla desde sus actores, sus problemas, su historia y sus condiciones concretas.
Y esta idea conserva una enorme vigencia.

La investigación educativa comienza donde termina la intuición

En educación, casi todos tenemos explicaciones.

“Los estudiantes ya no leen”.

“Los jóvenes no tienen interés”.

“Los docentes están saturados”.

“Las familias no participan”.

“El problema es la tecnología”.

“El problema es la falta de disciplina”.

“El problema es el sistema”.

Algunas de estas afirmaciones pueden contener elementos de verdad. El problema aparece cuando una interpretación se convierte en explicación definitiva sin haber sido investigada.

La investigación comienza precisamente cuando somos capaces de transformar una preocupación en una pregunta susceptible de ser estudiada.

Gómez-Cumpa et al. (2005) colocan el diagnóstico situacional educativo como una herramienta fundamental para identificar, formular, priorizar y analizar problemas dentro de un contexto determinado. Esto implica reconocer que un problema educativo no existe aislado: afecta a determinados sujetos, ocurre en determinadas condiciones y está relacionado con causas, consecuencias, relaciones y estructuras específicas.
Esto cambia radicalmente la manera de mirar la escuela.

No es lo mismo preguntar:

“¿Por qué los estudiantes tienen bajo rendimiento?”

que preguntar:

“¿Qué factores académicos, socioemocionales, familiares, institucionales y pedagógicos se relacionan con el rendimiento académico de determinados estudiantes en un contexto educativo específico?”

La segunda pregunta no necesariamente es mejor por ser más larga. Es mejor porque delimita el objeto de conocimiento.

Investigar significa aprender a preguntar.

Del problema cotidiano al objeto de investigación

Uno de los aportes metodológicos más interesantes del texto de Gómez-Cumpa y colaboradores consiste en mostrar que el problema de investigación no debe confundirse con una simple dificultad práctica.

Un problema puede ser experimentado por una comunidad, pero para convertirse en problema científico necesita ser delimitado, contextualizado y formulado conceptualmente. La obra relaciona elementos como problema, objeto, objetivo, campo de acción y tareas de investigación, mostrando que estos componentes deben guardar coherencia interna.

Esta distinción es esencial.

Imaginemos una escuela donde se observa un incremento del ausentismo.

El ausentismo es un fenómeno observable.

Pero todavía no sabemos cuál es el problema científico.

Podrían existir múltiples explicaciones:

  • dificultades económicas;
  • necesidad de incorporarse al trabajo;
  • problemas familiares;
  • desmotivación académica;
  • experiencias de violencia;
  • problemas de transporte;
  • horarios poco compatibles;
  • dificultades de aprendizaje;
  • salud física o emocional;
  • percepción negativa de la escuela;
  • prácticas institucionales;
  • o una combinación de varios factores.

Por eso, investigar no consiste en encontrar rápidamente “la causa”.

Consiste en construir evidencia suficiente para distinguir entre explicaciones posibles.

Esta es una de las diferencias fundamentales entre la opinión y el conocimiento científico.

El árbol del problema: aprender a mirar más allá del síntoma

Una de las herramientas propuestas por Gómez-Cumpa et al. (2005) es el árbol del problema, mediante el cual se representa una situación negativa central y se exploran sus relaciones causales y sus consecuencias. La herramienta también obliga a considerar el contexto, los actores involucrados y las estructuras de poder que pueden intervenir en la situación.

Su valor no está únicamente en elaborar un esquema visual.

Su verdadera utilidad está en obligarnos a preguntar:

¿Lo que estoy observando es realmente el problema o solamente una manifestación del problema?

Un estudiante que llega tarde puede estar expresando un problema de transporte.

Pero también puede estar evitando una clase.

O puede estar trabajando.

O puede tener responsabilidades familiares.

O puede experimentar dificultades de sueño.

O puede estar atravesando una situación que la escuela desconoce.

El mismo comportamiento puede tener explicaciones diferentes.

Por ello, una investigación responsable evita convertir inmediatamente una conducta observable en una explicación psicológica, pedagógica o social.

Primero pregunta.

Después recoge evidencia.

Posteriormente interpreta.

Y finalmente contrasta.


Investigar desde dentro de la realidad educativa

Uno de los planteamientos más significativos de la perspectiva crítico-propositiva desarrollada por Gómez-Cumpa et al. es la idea de investigar la realidad educativa desde dentro de ella, reconociendo la relación entre conocimiento, práctica y transformación.

Esto introduce una cuestión epistemológica profunda:

¿Quién tiene derecho a producir conocimiento sobre la educación?

Durante mucho tiempo, la investigación educativa se imaginó como una actividad realizada principalmente por especialistas externos que observaban a profesores y estudiantes.

Sin embargo, el docente también posee un conocimiento situado.

Conoce el aula.

Conoce las dinámicas del grupo.

Reconoce cambios que quizá no aparecen inmediatamente en una base de datos.

Observa comportamientos recurrentes.

Formula hipótesis cotidianamente.

Evalúa resultados.

Modifica estrategias.

Y aprende de la experiencia.

Esto no significa que la experiencia docente sea automáticamente conocimiento científico.

Significa algo más interesante: la experiencia puede convertirse en una fuente legítima de preguntas de investigación cuando se somete a procedimientos sistemáticos de indagación.

La investigación del profesor, por tanto, no debe confundirse con una simple reflexión personal.

Reflexionar es importante.

Investigar exige algo adicional:

hacer explícitas las preguntas, producir evidencia, justificar las decisiones metodológicas, analizar los datos y someter las interpretaciones a contraste.

Una revisión sistemática sobre docentes como evaluadores encontró precisamente que las expectativas sobre las competencias de investigación y evaluación de los profesores han aumentado, pero que todavía existe poca evidencia sobre las estrategias más eficaces para desarrollar esas capacidades.

El docente investigador: entre la práctica y la evidencia

La figura del docente investigador adquiere aquí un significado particularmente relevante.

No se trata de convertir a cada profesor en un investigador profesional a tiempo completo.

Se trata de desarrollar una disposición intelectual:

no aceptar automáticamente que sabemos por qué ocurre algo solamente porque lo hemos observado muchas veces.

Un docente investigador puede preguntarse:

  • ¿Qué evidencia tengo?
  • ¿De dónde procede?
  • ¿Cómo fue obtenida?
  • ¿A quién representa?
  • ¿Qué otras explicaciones son posibles?
  • ¿Qué variables podrían estar interviniendo?
  • ¿Qué sesgos pueden existir?
  • ¿Qué información todavía desconozco?
  • ¿Qué cambiaría si mi hipótesis fuera incorrecta?

Estas preguntas introducen una cultura de pensamiento científico dentro de la práctica educativa.

Y esto es particularmente importante porque la educación está llena de afirmaciones plausibles que no necesariamente cuentan con suficiente evidencia.

La intuición puede generar una hipótesis.

No puede sustituir a la evidencia.

¿Cuantitativo o cualitativo? Una falsa oposición

Otro problema frecuente consiste en convertir los métodos cuantitativos y cualitativos en posiciones enfrentadas.

Desde la perspectiva presentada por Gómez-Cumpa et al. (2005), la elección metodológica debe relacionarse con la naturaleza del objeto de estudio. Su propuesta integradora reconoce aportaciones de distintas perspectivas epistemológicas y metodológicas.

Esto permite superar una falsa dicotomía.

Los números pueden decirnos cuánto ocurre un fenómeno.

Las aproximaciones cualitativas pueden ayudarnos a comprender cómo se experimenta, cómo se interpreta y en qué contexto ocurre.

Por ejemplo, una encuesta podría mostrar que una proporción determinada de estudiantes reporta ansiedad académica.

Pero una entrevista podría ayudar a comprender:

  • qué situaciones desencadenan esa experiencia;
  • cómo la interpretan los estudiantes;
  • qué estrategias utilizan;
  • qué papel desempeñan docentes y compañeros;
  • qué significado atribuyen al rendimiento;
  • y qué condiciones institucionales forman parte de la experiencia.

Los dos tipos de información pueden responder preguntas diferentes.

La cuestión metodológica no debería ser:

“¿Cuál método es mejor?”

Sino:

“¿Qué método o combinación de métodos permite responder de manera más rigurosa la pregunta que hemos formulado?”

La investigación contemporánea sobre métodos mixtos refuerza esta idea. Una revisión sistemática de 119 estudios educativos encontró que la integración entre datos cualitativos y cuantitativos constituye un elemento central de la calidad de los diseños mixtos; entre las estrategias identificadas aparecen la formulación de preguntas mixtas, el muestreo apropiado y diferentes procedimientos para integrar los datos durante el análisis.

Por tanto, mezclar métodos no significa simplemente sumar una encuesta y unas entrevistas.

La integración debe estar pensada desde la pregunta de investigación.

La investigación no termina cuando obtenemos datos

Existe otra confusión frecuente: pensar que una investigación concluye cuando tenemos resultados.

En realidad, ahí comienza una de las etapas intelectualmente más exigentes.

Los datos no hablan por sí mismos.

Necesitan interpretación.

Una tabla puede mostrar que determinada variable tiene mayor frecuencia que otra. Pero todavía debemos preguntarnos qué significa esa diferencia, cuáles son sus límites y qué explicaciones alternativas pueden existir.

La investigación educativa requiere pasar de:

dato → interpretación → explicación → implicación.

Y cada transición debe estar justificada.

Aquí aparece una distinción fundamental entre resultado y conocimiento.

Un resultado es aquello que encontramos.

El conocimiento surge cuando podemos explicar qué significa ese resultado dentro de un marco conceptual y contextual determinado.

Por eso, el rigor no depende únicamente del tamaño de una muestra, del número de gráficas o de la sofisticación estadística.

Depende también de la coherencia entre:

pregunta → teoría → método → datos → análisis → interpretación → conclusión.

La ciencia educativa necesita diálogo con la práctica

El problema no está únicamente en producir investigación.

También está en conseguir que el conocimiento producido pueda utilizarse de manera pertinente.

La OCDE ha documentado que, aunque existe una importante producción de investigación educativa, su utilización sistemática en políticas y prácticas continúa siendo un desafío. Entre las barreras aparecen el tiempo disponible para acceder a la investigación, la ausencia de estructuras adecuadas y problemas de accesibilidad o formatos poco útiles para los usuarios.

Esto plantea una paradoja:

podemos tener más investigación y, al mismo tiempo, no necesariamente tener más decisiones educativas informadas por investigación.

El problema, entonces, no es únicamente producir conocimiento.

También necesitamos aprender a leerlo, evaluarlo, interpretarlo y utilizarlo responsablemente.

La OCDE ha planteado además que utilizar bien la investigación no consiste únicamente en determinar qué evidencia existe, sino en comprender qué significa emplearla con calidad en contextos educativos concretos.

Esto resulta fundamental.

Una intervención que funciona en determinado contexto no necesariamente producirá idénticos resultados en otro.

La evidencia científica no es una receta universal.

Es conocimiento condicionado por:

  • población;
  • contexto;
  • diseño;
  • implementación;
  • recursos;
  • características institucionales;
  • temporalidad;
  • y condiciones sociales.
Del conocimiento a la transformación

La propuesta crítico-propositiva de Gómez-Cumpa et al. introduce una idea especialmente poderosa: la práctica no solamente es un espacio donde se aplican conocimientos; también puede constituirse en fuente, criterio y finalidad del conocimiento. Su planteamiento describe un movimiento que parte de la realidad, construye conocimiento, desarrolla propuestas y vuelve nuevamente a la práctica para contrastar y transformar.

Este ciclo puede representarse de manera sencilla:

Realidad → problema → diagnóstico → explicación → propuesta → intervención → evaluación → nuevo conocimiento.

No es una línea recta.

Es un proceso circular.

Y cada vuelta debería permitir comprender mejor la realidad.

Aquí adquiere importancia la investigación-acción.

Su valor no consiste simplemente en “hacer algo” para resolver un problema. La intervención necesita estar acompañada por una indagación sistemática que permita comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y bajo qué condiciones.

La literatura sobre investigación-acción en educación identifica posibilidades relacionadas con el desarrollo profesional docente, el pensamiento crítico y la resolución de problemas, aunque también señala debates y limitaciones que deben considerarse al valorar sus resultados.

Por ello, transformar no significa intervenir impulsivamente.

Transformar científicamente implica intervenir aprendiendo.

De la investigación individual a las comunidades de conocimiento

La investigación educativa también puede cambiar cuando deja de ser una actividad aislada.

Un profesor que investiga su aula puede generar conocimiento relevante.

Pero varias escuelas que comparten preguntas, datos, experiencias y procesos de análisis pueden construir una capacidad colectiva mucho mayor.

Aquí aparecen las asociaciones entre investigación y práctica.

Una revisión sistemática de 57 artículos sobre research-practice partnerships encontró que estas alianzas pueden favorecer diferentes formas de uso de la investigación: desde la aplicación directa de evidencia hasta el desarrollo de nuevas comprensiones y capacidades para que los propios profesionales participen en procesos de mejora.

La idea es especialmente relevante para las instituciones educativas.

La escuela puede dejar de ser únicamente el lugar donde se “aplican” resultados generados en otros espacios.

Puede convertirse también en espacio de producción, interpretación y discusión de conocimiento.

Esto exige condiciones institucionales:

  • tiempo para investigar;
  • formación metodológica;
  • acceso a literatura científica;
  • colaboración entre docentes;
  • acompañamiento;
  • cultura de evaluación;
  • protección ética de los participantes;
  • y espacios para discutir los resultados sin convertirlos automáticamente en instrumentos de sanción.


Investigar también significa reconocer los límites

La ciencia no se fortalece aparentando certeza absoluta.

Se fortalece reconociendo sus límites.

Toda investigación educativa tiene restricciones:

  • una muestra puede no representar a toda la población;
  • un instrumento puede medir solamente determinadas dimensiones;
  • una entrevista está condicionada por la interacción entre investigador y participante;
  • un resultado estadístico no demuestra por sí mismo causalidad;
  • una intervención puede depender del contexto;
  • una investigación transversal puede describir relaciones sin explicar su evolución temporal.

Reconocer estas limitaciones no debilita una investigación.

La hace más honesta.

Por eso, una buena conclusión científica no debería decir:

“Esto demuestra definitivamente que…”

cuando los datos solamente permiten afirmar:

“En esta población, bajo estas condiciones y con este diseño, encontramos evidencia compatible con…”

El lenguaje también forma parte del rigor científico.

¿Qué tipo de investigador necesita la educación?

Quizá una de las preguntas más importantes que surge del documento de Gómez-Cumpa et al. no sea metodológica, sino ética:

¿Para qué investigamos?

Podemos investigar para obtener un grado académico.

Para publicar.

Para conseguir reconocimiento.

Para cumplir indicadores.

Para alimentar un currículum.

Pero también podemos investigar para comprender problemas que afectan a personas concretas.

Esta última finalidad introduce una responsabilidad.

Cuando investigamos sobre estudiantes, docentes, familias o comunidades, no estamos trabajando solamente con variables.

Estamos trabajando con experiencias humanas.

Por ello, la investigación educativa necesita rigor metodológico, pero también responsabilidad ética.

La precisión estadística no compensa una pregunta irrelevante.

Una metodología sofisticada no convierte automáticamente en valiosa una investigación.

Y una gran cantidad de datos no garantiza una buena comprensión.

La pregunta fundamental continúa siendo:

¿qué conocimiento necesitamos producir para comprender mejor una realidad educativa y tomar decisiones más fundamentadas sobre ella?

La investigación educativa como acto de responsabilidad

Investigar es, en última instancia, una forma de asumir responsabilidad frente a lo que todavía no comprendemos.

Cuando una institución afirma que existe un problema, la investigación pregunta:

¿Cómo lo sabemos?

Cuando alguien propone una solución, la investigación pregunta:

¿Qué evidencia la sustenta?

Cuando una intervención parece funcionar, la investigación pregunta:

¿Cómo sabemos que fue la intervención la que produjo el cambio?

Y cuando una estrategia fracasa, vuelve a preguntar:

¿Qué podemos aprender de ese resultado?

Estas preguntas pueden resultar incómodas.

Pero precisamente por eso son necesarias.

La investigación educativa no debería tener como finalidad producir respuestas rápidas.

Su mayor aportación puede consistir en producir preguntas mejores, explicaciones más sólidas y decisiones más conscientes.

Epílogo: comprender antes de transformar

La investigación educativa no comienza con una gráfica.

Comienza con una inquietud.

No termina con una conclusión.

Continúa cuando ese conocimiento regresa a la realidad.

No consiste únicamente en medir.

Consiste también en interpretar.

No pertenece exclusivamente a los investigadores profesionales.

Puede incorporar la experiencia rigurosamente analizada de quienes viven cotidianamente la educación.

Y no debería permanecer encerrada en artículos, tesis o congresos.

El conocimiento adquiere una dimensión social cuando puede dialogar con quienes toman decisiones y con quienes experimentan directamente los problemas que fueron investigados.

La propuesta de Gómez-Cumpa et al. (2005) conserva aquí una idea particularmente poderosa: investigar la realidad educativa para comprenderla críticamente y contribuir a transformarla.

En una época caracterizada por la sobreabundancia de información, quizá la verdadera competencia científica no consista solamente en saber encontrar datos.

Consiste en saber qué preguntar, cómo investigar, cómo interpretar y qué hacer responsablemente con aquello que hemos descubierto.

Porque una educación que no investiga corre el riesgo de repetir explicaciones heredadas.

Una educación que investiga puede comenzar a comprender sus propios problemas.

Y una educación que comprende críticamente tiene mayores posibilidades de transformar aquello que necesita cambiar.

Investigar, entonces, no es simplemente buscar respuestas.

Es aprender a mirar la realidad con suficiente rigor como para no confundir lo que creemos saber con aquello que realmente hemos logrado comprender.

Referencias

Cohen, L., Manion, L., & Morrison, K. (2018). Research methods in education (8th ed.). Routledge.

Gómez-Cumpa, J. W., Benites Morales, I., & Ramos Bazán, M. H. (2005). Fundamentos de investigación educativa. Fondo Editorial FACHSE-UNPRG.

McFadden, A., & Williams, K. E. (2020). Teachers as evaluators: Results from a systematic literature review. Studies in Educational Evaluation, 64, 100830.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2022). Who cares about using education research in policy and practice? Strengthening research engagement. OECD Publishing.

Sjölund, S., Lindvall, J., Munthe, E., & Henriksson, A.-C. (2022). Using research to inform practice through research-practice partnerships: A systematic literature review. Review of Education, 10(1), e3337.

Zhou, Y., Zhou, Y., & Machtmes, K. (2024). Mixed methods integration strategies used in education: A systematic review. Methodological Innovations, 17(1), 41–49.


martes, 22 de septiembre de 2026

De la tesis al artículo: transformar una investigación extensa en conocimiento que pueda dialogar con la ciencia

 



¿Qué sucede después de terminar una tesis?

Para algunos investigadores, el proceso concluye con la defensa. Para otros, comienza una nueva etapa: transformar esa investigación en conocimiento capaz de entrar en circulación dentro de una comunidad científica.

En esta nueva entrega de Divulgando Ciencia con Tino exploramos cómo convertir una tesis en un artículo de investigación sin reducir el proceso a un simple ejercicio de resumen.

Una reflexión sobre escritura científica, metodología, publicación, ética y comunicación del conocimiento.

📖 Te invitamos a leer y reflexionar: una tesis puede ser el final de una etapa académica… o el comienzo de una trayectoria investigadora.

La tesis no termina cuando se defiende

Para muchos estudiantes y recién egresados, la defensa de la tesis representa el punto culminante de años de trabajo: formular una pregunta, revisar literatura, construir un marco teórico, diseñar una metodología, recolectar datos, analizar resultados y presentar conclusiones ante un jurado. Sin embargo, desde la perspectiva de la comunicación científica, ese momento puede ser apenas una transición.

Una tesis puede haber cumplido satisfactoriamente su función académica y, al mismo tiempo, necesitar una transformación profunda para convertirse en un artículo de investigación.

Esta distinción constituye uno de los planteamientos centrales de Cómo convertir tu tesis en un artículo de investigación, de Dennis Arias Chávez y Teresa Ramos Quispe. Los autores advierten que investigar, escribir y publicar forman parte de un proceso articulado y que la publicación no debe entenderse como un acto mecánico añadido al final, sino como una forma de hacer público y poner en circulación el conocimiento producido (Arias Chávez & Ramos Quispe, 2021). El documento también insiste en una cuestión particularmente importante: el rigor que hace posible un artículo publicable no comienza cuando termina la tesis; se construye desde el origen mismo de la investigación.

La idea parece sencilla, pero tiene profundas implicaciones: convertir una tesis en un artículo no significa resumirla; significa reconstruirla para que pueda responder a las reglas, preguntas y expectativas de una comunidad científica específica.

Una tesis y un artículo no cumplen exactamente la misma función

La diferencia fundamental no está únicamente en la extensión.

La tesis es, ante todo, un producto académico especializado orientado a demostrar que quien investiga posee determinadas competencias para obtener un grado o título. Suele contener una explicación amplia del problema, antecedentes, bases teóricas, metodología, resultados, discusión, conclusiones, recomendaciones y anexos.

El artículo, en cambio, es un género de comunicación científica mucho más concentrado. Su propósito es presentar un aporte identificable dentro de una conversación disciplinar ya existente.

Arias Chávez y Ramos Quispe muestran que existe una correspondencia entre los componentes de ambos géneros, pero advierten que esa relación es de contenido y función, no de extensión. La introducción de la tesis, por ejemplo, puede contener materiales que posteriormente deberán ser seleccionados y reorganizados para construir la introducción del artículo.

TesisArtículo de investigación
Enunciado amplio del problemaTítulo más conciso
Introducción extensaIntroducción orientada al problema y al aporte
Marco teórico desarrolladoAntecedentes y estado del conocimiento pertinentes
Metodología detalladaMétodo suficiente para comprender y evaluar el estudio
Resultados ampliosResultados esenciales
Discusión extensaInterpretación concentrada de los hallazgos
Conclusiones y recomendacionesConclusiones vinculadas directamente con los hallazgos
Referencias y anexosReferencias seleccionadas y pertinentes

La consecuencia práctica es importante: copiar y pegar la tesis dentro del formato de una revista no constituye una conversión científica.

El verdadero trabajo consiste en decidir qué merece sobrevivir

Una tesis puede contener decenas de páginas que fueron necesarias para documentar el proceso formativo, demostrar antecedentes, justificar decisiones metodológicas o satisfacer las exigencias de una institución.

Un artículo no puede permitirse esa misma amplitud.

Su pregunta central es más exigente:

¿Qué hallazgo, interpretación o contribución de esta investigación merece entrar en la conversación científica de mi disciplina?

Esta pregunta obliga a seleccionar.

Una tesis puede investigar cinco variables porque el proyecto original necesitaba explorarlas. Pero el artículo quizá deba concentrarse solamente en una relación relevante entre dos de ellas.

Una tesis puede presentar veinte tablas. El artículo puede requerir únicamente aquellas que responden al problema de investigación.

Una tesis puede citar numerosos autores para construir su marco conceptual. En el artículo, las referencias deben desempeñar una función argumentativa: ubicar el problema, mostrar qué se sabe, señalar qué falta por explicar y justificar el aporte del estudio.

El principio no es empobrecer la investigación, sino aumentar su densidad científica

  • El título: la primera decisión científica

El título no es un adorno editorial. Es uno de los principales mecanismos mediante los cuales un artículo es identificado, recuperado y clasificado por lectores y bases de datos.

Arias Chávez y Ramos Quispe recomiendan que el título del artículo conserve los elementos esenciales del estudio, particularmente las variables y unidades de análisis, pero abandone detalles secundarios del enunciado original de la tesis. (Arias Chávez & Ramos Quispe, 2021).

La diferencia puede ilustrarse así:

Enunciado de tesis:
“Relación entre las competencias digitales y el rendimiento académico de los estudiantes de la Facultad de Psicología de una universidad peruana, 2020”.

Título de artículo:
“Competencias digitales y rendimiento académico en estudiantes universitarios”.

El segundo es más breve sin necesariamente perder la información central.

La regla puede sintetizarse en una pregunta: si una persona encuentra únicamente el título en una base de datos, ¿comprenderá de qué trata realmente el estudio?

  • El resumen: una investigación en miniatura

El resumen cumple una función estratégica porque puede determinar si el lector continúa o no con el artículo. La literatura editorial y el propio libro de Arias Chávez y Ramos Quispe coinciden en que debe presentar de manera sintética el problema, objetivo, método, resultados y conclusiones principales (Arias Chávez & Ramos Quispe, 2021).

La APA 7.ª edición, además, incorpora criterios específicos de comunicación científica y estándares de presentación de resultados para investigaciones cuantitativas, cualitativas y de métodos mixtos (American Psychological Association, 2020).

Un buen resumen no intenta contar toda la tesis.

Hace algo más difícil: permite comprender el estudio sin haberlo leído completo.

  • La introducción no es el marco teórico comprimido

Este es uno de los errores más frecuentes.

La introducción del artículo no debe convertirse en una reproducción abreviada de todas las teorías revisadas en la tesis. Su función argumentativa es distinta.

Una introducción eficaz necesita conducir al lector por una secuencia lógica:

problema → conocimiento existente → vacío o tensión → propósito del estudio → contribución esperada.

Por eso, la revisión bibliográfica debe ser selectiva.

No se trata de demostrar que el investigador leyó mucho, sino de demostrar que sabe exactamente qué literatura necesita para situar su pregunta de investigación.

El documento base insiste precisamente en la necesidad de familiarizarse con los artículos de la propia disciplina antes incluso de concluir la tesis. Conocer las revistas, sus líneas temáticas, sus estructuras y sus criterios editoriales aumenta la capacidad para orientar la investigación hacia una publicación posible.

La investigación científica, entonces, también requiere leer estratégicamente.

  • El método: breve, pero nunca superficial

Reducir el método no significa ocultarlo.

Significa eliminar información que no sea necesaria para que el lector comprenda cómo se produjo la evidencia.

Un artículo debería permitir identificar, según corresponda, aspectos como:

el diseño del estudio, los participantes o unidades de análisis, el procedimiento de selección, los instrumentos, el procedimiento de recolección, las estrategias de análisis y las consideraciones éticas pertinentes.

La lógica es sencilla:

el lector debe tener información suficiente para evaluar cómo se obtuvieron los resultados.

La APA 7.ª edición ha reforzado precisamente los estándares de reporte para distintos diseños de investigación, con el objetivo de favorecer una comunicación más transparente y rigurosa de los procedimientos científicos.

Por ello, sintetizar el método significa eliminar redundancias, no eliminar evidencia metodológica.

  • Resultados: no mostrar todo, sino demostrar lo relevante

Una tesis puede contener análisis descriptivos, tablas complementarias, pruebas auxiliares y resultados correspondientes a múltiples objetivos específicos.

El artículo debe hacer una selección.

Arias Chávez y Ramos Quispe señalan que la sección de resultados debe priorizar aquello que contribuye directamente a responder las preguntas de investigación o a contrastar las hipótesis, evitando duplicidades e información innecesaria (Arias Chávez & Ramos Quispe, 2021).

Esta es una diferencia profunda entre almacenar datos y comunicar evidencia.

Una tabla no debe aparecer porque “se obtuvo”.

Debe aparecer porque ayuda a responder una pregunta científica.

Del mismo modo, una figura no adquiere valor por su atractivo visual, sino por su capacidad para facilitar la comprensión de un hallazgo.

La síntesis exige criterio.

  • La discusión: el lugar donde los resultados adquieren significado

Si existe una sección que suele revelar la madurez científica del autor, es la discusión.

Los resultados dicen qué se encontró.

La discusión plantea preguntas más complejas:

¿Qué significan estos resultados? ¿Coinciden con investigaciones anteriores? ¿En qué difieren? ¿Por qué podrían diferir? ¿Qué implicaciones tienen? ¿Qué limitaciones deben considerarse?

Arias Chávez y Ramos Quispe consideran esta sección una pieza central porque exige interpretación, argumentación y conocimiento del campo. La discusión debe confrontar los hallazgos con el conocimiento existente y evitar interpretaciones que vayan más allá de la evidencia disponible.

Esta última precaución es fundamental.

Un resultado obtenido en una muestra determinada no autoriza automáticamente a realizar afirmaciones sobre todas las personas, instituciones o contextos.

La calidad científica también depende de saber decir:

“esto encontramos”

y, con la misma honestidad,

“esto no podemos afirmar a partir de estos datos”.

La revisión por pares puede contribuir a detectar precisamente ese tipo de excesos. No obstante, tampoco debe idealizarse: el peer review funciona como un mecanismo de evaluación y mejora, pero no constituye una garantía absoluta de que un resultado sea verdadero o infalible. La literatura sobre comunicación científica ha documentado limitaciones del proceso, incluidos problemas de variabilidad, sesgos y capacidad imperfecta para detectar errores o malas prácticas.

La ciencia necesita revisión por pares, pero también necesita pensamiento crítico posterior a la publicación.

  • Las conclusiones no deben descubrir una investigación nueva

Una conclusión sólida no introduce argumentos que no hayan sido demostrados.

Su tarea es responder al problema de investigación a partir de los resultados obtenidos.

Esto parece elemental, pero en muchas tesis y artículos aparece un fenómeno recurrente: las conclusiones son mucho más ambiciosas que los datos.

Por ejemplo, si un estudio identificó una asociación estadística entre dos variables en una determinada población, no corresponde concluir automáticamente que una variable “causa” la otra, especialmente cuando el diseño no permite establecer causalidad.

La conversión de tesis a artículo exige revisar cada conclusión con una pregunta incómoda pero necesaria:

¿Esta afirmación está realmente respaldada por los datos?

Cuando la respuesta es no, hay que reducirla, matizarla o eliminarla.

La prudencia no debilita a la ciencia.

La hace más creíble.

  • El aparato crítico: citar no es decorar

Uno de los problemas frecuentes en la escritura académica es la acumulación de referencias como demostración de erudición.

Pero la cantidad de citas no equivale a la calidad de un argumento.

Arias Chávez y Ramos Quispe destacan la necesidad de manejar las fuentes de manera estratégica, privilegiando precisión, pertinencia y calidad. También recuerdan que la redacción científica requiere claridad, brevedad y precisión.

La APA 7.ª edición amplía la orientación sobre citación, referencias, plagio, autoplagio y buenas prácticas de publicación.

Por eso, una pregunta útil al revisar un párrafo es:

¿la cita realmente sostiene la afirmación que estoy haciendo?

Citar una fuente que apenas menciona el tema, utilizar una referencia antigua cuando existe evidencia posterior o colocar muchas citas sin relación argumentativa puede producir una apariencia de rigor sin construir realmente un argumento científico.

  • Autoría: convertir la tesis también obliga a revisar quién firma

La transformación editorial puede plantear una cuestión delicada: ¿quién debe aparecer como autor del artículo?

La respuesta no debería depender simplemente de quién fue asesor, quién ocupa un cargo académico o quién pertenece a la institución.

Los criterios internacionales de autoría desarrollados por el International Committee of Medical Journal Editors establecen que la autoría debe vincularse a contribuciones intelectuales sustanciales, participación en la redacción o revisión crítica, aprobación final y responsabilidad sobre la integridad del trabajo. Estos criterios pertenecen al ámbito de las publicaciones biomédicas, pero constituyen una referencia especialmente clara para comprender el principio general de que autoría significa tanto crédito como responsabilidad.

Esto tiene una implicación ética importante para las tesis:

ser asesor no convierte automáticamente a una persona en coautor.

Y tampoco significa que el autor original deba quedar desplazado porque durante la transformación editorial participe otro investigador.

La autoría debe reflejar las contribuciones reales.

  • De la tesis al artículo también existe un problema ético: el autoplagio

Una tesis puede convertirse legítimamente en un artículo derivado de la investigación original, pero eso no significa que el nuevo manuscrito deba presentarse como si la investigación anterior no existiera.

El investigador debe reconocer el origen del estudio y seguir las políticas de la revista respecto de trabajos derivados, publicaciones previas y disponibilidad del contenido.

La APA 7.ª edición incluye orientación específica sobre plagio y autoplagio, mientras que las políticas de buenas prácticas editoriales exigen transparencia frente a publicaciones redundantes o duplicadas.

La frontera ética no está entre “copiar” y “no copiar” de manera tan simple.

Está en declarar el origen, diferenciar el nuevo producto y no presentar como nuevo aquello que no lo es.

  • Elegir revista no es buscar simplemente una revista que acepte el artículo

Aquí aparece otra transformación intelectual.

El investigador no debería terminar la tesis y después preguntarse:

“¿Dónde puedo publicar esto?”

La pregunta estratégica es otra:

“¿Qué revistas publican investigaciones como la mía y qué características debería tener mi artículo para dialogar con ellas?”

Arias Chávez y Ramos Quispe proponen revisar revistas del área, estudiar sus publicaciones, analizar instrucciones para autores y observar los criterios de presentación antes de enviar el manuscrito.

Este principio sigue plenamente vigente.

Las políticas de transparencia editorial recomiendan que las revistas hagan visibles, entre otros aspectos, su alcance temático, tipos de manuscritos, criterios de autoría, procedimientos de revisión por pares, ética de publicación, conflictos de interés, políticas de datos y mecanismos de corrección y retractación.

Por eso, una revista no debería evaluarse solamente por su promesa de publicar rápido.

  • El riesgo de las revistas depredadoras

La presión por publicar ha creado un escenario en el que algunas publicaciones intentan aprovecharse de la necesidad de los investigadores.

COPE describe la publicación depredadora como una actividad que ofrece contenidos supuestamente académicos de manera engañosa o fraudulenta y sin los mecanismos habituales de aseguramiento de la calidad.

No toda revista de acceso abierto es depredadora.

Tampoco el cobro de una tarifa de publicación demuestra por sí mismo una mala práctica.

La cuestión es otra: ¿existe un proceso editorial transparente y verificable?

Una revisión básica debe comprobar, entre otros elementos, el alcance de la revista, su comité editorial, el proceso de revisión por pares, las políticas de ética y los costos claramente declarados. Los principios de transparencia de COPE, DOAJ, OASPA y WAME establecen precisamente estos elementos como componentes fundamentales de las buenas prácticas editoriales.

En este contexto, recursos como Think. Check. Submit. ofrecen listas de comprobación para valorar si una revista o editorial constituye un destino confiable y apropiado para una investigación.

  • El dato que debería cambiar nuestra forma de mirar las tesis

La discusión no es puramente formal.

Mayta-Tristán planteó hace ya una década que muchas tesis universitarias podían permanecer fuera de la circulación científica y que convertirlas en artículos, acompañado de políticas institucionales de publicación, podía favorecer la producción científica universitaria. En experiencias concretas reportadas en Perú, el cambio hacia formatos de artículo y el requisito de envío a revistas indexadas se asociaron con mayores tasas de publicación de tesis. Estos resultados pertenecen a contextos institucionales específicos y no deben extrapolarse automáticamente a todas las universidades o disciplinas.

La lección importante no es que toda tesis deba transformarse necesariamente en un artículo.

Es otra:

una investigación universitaria que genera evidencia relevante tiene la posibilidad de convertirse en conocimiento público, debatible y acumulable.

La tesis encerrada en un repositorio cumple una función académica.

El artículo agrega otra dimensión: permite que los hallazgos entren en circulación dentro de una comunidad científica.

Una ruta práctica para convertir una tesis en artículo

El proceso puede organizarse como una secuencia de decisiones intelectuales:

1. Regresa a la pregunta de investigación.
Identifica cuál es la pregunta que realmente merece ser comunicada.

2. Define un único aporte central.
No intentes publicar la totalidad de la tesis en un solo manuscrito.

3. Identifica la revista antes de reescribir.
Lee artículos recientes del mismo campo y estudia las instrucciones para autores.

4. Reconstruye el título y el resumen.
Ambos deben funcionar de manera autónoma como puertas de entrada al estudio.

5. Reescribe la introducción como argumento.
Reduce el marco teórico a aquello que permite comprender el problema, el vacío y la contribución.

6. Depura método y resultados.
Conserva la información necesaria para juzgar la investigación y elimina repeticiones.

7. Reescribe la discusión desde los hallazgos.
Contrasta, interpreta, reconoce límites y evita afirmaciones que los datos no permiten sostener.

Esta secuencia coincide con el principio general defendido por Arias Chávez y Ramos Quispe: convertir una tesis exige dominar la búsqueda, lectura, síntesis y comunicación de literatura científica, además de evaluar críticamente los propios hallazgos (Arias Chávez & Ramos Quispe, 2021).

Una consideración imprescindible en 2026: la inteligencia artificial

Existe una diferencia importante entre una guía de publicación de 2021 y el ecosistema editorial actual: las herramientas de inteligencia artificial generativa forman hoy parte de la discusión sobre autoría, redacción y transparencia.

Las políticas no son idénticas en todas las revistas, pero algunas organizaciones editoriales ya establecen requisitos explícitos de declaración del uso de IA. Por ejemplo, las recomendaciones vigentes del ICMJE indican que las herramientas de IA no deben aparecer como autoras y que su utilización debe transparentarse según la función que hayan desempeñado; además, señalan que los seres humanos siguen siendo responsables de la exactitud, integridad y originalidad del material presentado.

Esto modifica una pregunta tradicional del investigador.

Ya no basta con preguntar:

“¿Puedo utilizar esta herramienta?”

También hay que preguntar:

“¿Qué parte del proceso realizó la herramienta, qué debo declarar y qué responsabilidad humana mantengo sobre el resultado?”

La IA puede ayudar a organizar, revisar o apoyar determinadas tareas de escritura, pero no sustituye la responsabilidad científica del autor.

De la cantidad de páginas a la calidad de la conversación

Convertir una tesis en artículo implica renunciar a una idea muy arraigada en la cultura académica: que un documento es más científico cuanto más extenso es.

No necesariamente.

La escritura científica madura no consiste en decir todo.

Consiste en decir aquello que debe decirse, con la evidencia suficiente, en el lugar adecuado y con el grado de certeza que los datos permiten.

Una tesis puede tener cien, doscientas o más páginas.

Un artículo puede tener muchas menos.

La diferencia no representa una pérdida de conocimiento, sino una transformación de su arquitectura comunicativa.

El desafío consiste en pasar de una lógica de documentación a una lógica de comunicación científica.

De:

“Tengo mucha información”.

A:

“Tengo una contribución que puedo justificar”.

De:

“Mi tesis fue aprobada”.

A:

“Mi investigación puede ser discutida por otros investigadores”.

De:

“Terminé el documento”.

A:

“Puse el conocimiento en circulación”.

La investigación no termina al imprimir o subir una tesis

La obra de Arias Chávez y Ramos Quispe parte de una premisa especialmente pertinente para estudiantes, docentes e investigadores: investigar, escribir y publicar forman parte de un mismo ecosistema de producción y comunicación del conocimiento.

Pero esa premisa necesita una precisión contemporánea.

Publicar no convierte automáticamente una afirmación en verdad.

Una revista no garantiza que todas las conclusiones sean correctas.

Una indexación no sustituye la lectura crítica.

Y una herramienta de inteligencia artificial no reemplaza el juicio del investigador.

La ciencia funciona mediante una combinación mucho más exigente: evidencia, método, argumentación, transparencia, crítica y discusión acumulativa.

Por ello, transformar una tesis en artículo no debería verse como una obligación administrativa ni como una estrategia automática para acumular publicaciones.

Debe entenderse como una transición intelectual.

La tesis demuestra que fuimos capaces de investigar.

El artículo nos exige demostrar que sabemos qué parte de esa investigación merece ser escuchada, por qué importa y hasta dónde podemos defenderla.

Ese es, quizá, el verdadero salto de estudiante a investigador.

Referencias

American Psychological Association. (2020). Publication manual of the American Psychological Association (7th ed.). https://doi.org/10.1037/0000165-000

Arias Chávez, D., & Ramos Quispe, T. (2021). Cómo convertir tu tesis en un artículo de investigación. Universidad Continental. https://doi.org/10.18259/978-612-4443-30-5

COPE Council. (2019). COPE discussion document: Predatory publishing. https://doi.org/10.24318/cope.2019.3.6

COPE, Directory of Open Access Journals, Open Access Scholarly Publishing Association, & World Association of Medical Editors. (2022). Principles of transparency and best practice in scholarly publishing (4th ed.). https://doi.org/10.24318/cope.2019.1.12

International Committee of Medical Journal Editors. (2026). Defining the role of authors and contributors. https://www.icmje.org/recommendations/browse/roles-and-responsibilities/defining-the-role-of-authors-and-contributors.html

Mayta-Tristán, P. (2016). Tesis en formato de artículo científico: oportunidad para incrementar la producción científica universitaria. Acta Médica Peruana, 33(2), 95–98. https://doi.org/10.35663/amp.2016.332.57

Think. Check. Submit. (2023). Journals. https://thinkchecksubmit.org/journals/