Mostrando entradas con la etiqueta Transformación Educativa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Transformación Educativa. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de septiembre de 2026

Investigar para comprender, comprender para transformar: el sentido profundo de la investigación educativa

 





Cuando investigar deja de ser un requisito académico y se convierte en una forma de transformar la realidad

Hay una escena que se repite en muchas instituciones educativas: un problema aparece, se comenta en reuniones, se identifica informalmente y, después de algún tiempo, termina convertido en una preocupación cotidiana. Bajo rendimiento, abandono escolar, dificultades de convivencia, problemas de motivación, prácticas docentes que ya no responden a las necesidades del alumnado o decisiones institucionales tomadas con información fragmentaria.

Con frecuencia se intenta solucionar aquello que todavía no se ha comprendido suficientemente.

Aquí comienza una de las preguntas más importantes de la investigación educativa: ¿Qué significa realmente investigar un problema educativo?

La respuesta no consiste únicamente en aplicar cuestionarios, calcular porcentajes, entrevistar personas o redactar un informe. Investigar supone construir conocimiento sistemático acerca de una realidad, reconocer su complejidad, identificar relaciones entre sus componentes y, cuando el propósito lo demanda, utilizar ese conocimiento para intervenir sobre ella.

Esta perspectiva constituye uno de los ejes centrales de Fundamentos de Investigación Educativa, de José Wilson Gómez-Cumpa, Isidoro Benites Morales y Miguel Hugo Ramos Bazán (2005). La obra plantea una concepción de la investigación educativa vinculada con la comprensión crítica de la realidad y con su transformación. No se trata, por tanto, de observar la escuela desde una distancia absoluta, sino de comprenderla desde sus actores, sus problemas, su historia y sus condiciones concretas.
Y esta idea conserva una enorme vigencia.

La investigación educativa comienza donde termina la intuición

En educación, casi todos tenemos explicaciones.

“Los estudiantes ya no leen”.

“Los jóvenes no tienen interés”.

“Los docentes están saturados”.

“Las familias no participan”.

“El problema es la tecnología”.

“El problema es la falta de disciplina”.

“El problema es el sistema”.

Algunas de estas afirmaciones pueden contener elementos de verdad. El problema aparece cuando una interpretación se convierte en explicación definitiva sin haber sido investigada.

La investigación comienza precisamente cuando somos capaces de transformar una preocupación en una pregunta susceptible de ser estudiada.

Gómez-Cumpa et al. (2005) colocan el diagnóstico situacional educativo como una herramienta fundamental para identificar, formular, priorizar y analizar problemas dentro de un contexto determinado. Esto implica reconocer que un problema educativo no existe aislado: afecta a determinados sujetos, ocurre en determinadas condiciones y está relacionado con causas, consecuencias, relaciones y estructuras específicas.
Esto cambia radicalmente la manera de mirar la escuela.

No es lo mismo preguntar:

“¿Por qué los estudiantes tienen bajo rendimiento?”

que preguntar:

“¿Qué factores académicos, socioemocionales, familiares, institucionales y pedagógicos se relacionan con el rendimiento académico de determinados estudiantes en un contexto educativo específico?”

La segunda pregunta no necesariamente es mejor por ser más larga. Es mejor porque delimita el objeto de conocimiento.

Investigar significa aprender a preguntar.

Del problema cotidiano al objeto de investigación

Uno de los aportes metodológicos más interesantes del texto de Gómez-Cumpa y colaboradores consiste en mostrar que el problema de investigación no debe confundirse con una simple dificultad práctica.

Un problema puede ser experimentado por una comunidad, pero para convertirse en problema científico necesita ser delimitado, contextualizado y formulado conceptualmente. La obra relaciona elementos como problema, objeto, objetivo, campo de acción y tareas de investigación, mostrando que estos componentes deben guardar coherencia interna.

Esta distinción es esencial.

Imaginemos una escuela donde se observa un incremento del ausentismo.

El ausentismo es un fenómeno observable.

Pero todavía no sabemos cuál es el problema científico.

Podrían existir múltiples explicaciones:

  • dificultades económicas;
  • necesidad de incorporarse al trabajo;
  • problemas familiares;
  • desmotivación académica;
  • experiencias de violencia;
  • problemas de transporte;
  • horarios poco compatibles;
  • dificultades de aprendizaje;
  • salud física o emocional;
  • percepción negativa de la escuela;
  • prácticas institucionales;
  • o una combinación de varios factores.

Por eso, investigar no consiste en encontrar rápidamente “la causa”.

Consiste en construir evidencia suficiente para distinguir entre explicaciones posibles.

Esta es una de las diferencias fundamentales entre la opinión y el conocimiento científico.

El árbol del problema: aprender a mirar más allá del síntoma

Una de las herramientas propuestas por Gómez-Cumpa et al. (2005) es el árbol del problema, mediante el cual se representa una situación negativa central y se exploran sus relaciones causales y sus consecuencias. La herramienta también obliga a considerar el contexto, los actores involucrados y las estructuras de poder que pueden intervenir en la situación.

Su valor no está únicamente en elaborar un esquema visual.

Su verdadera utilidad está en obligarnos a preguntar:

¿Lo que estoy observando es realmente el problema o solamente una manifestación del problema?

Un estudiante que llega tarde puede estar expresando un problema de transporte.

Pero también puede estar evitando una clase.

O puede estar trabajando.

O puede tener responsabilidades familiares.

O puede experimentar dificultades de sueño.

O puede estar atravesando una situación que la escuela desconoce.

El mismo comportamiento puede tener explicaciones diferentes.

Por ello, una investigación responsable evita convertir inmediatamente una conducta observable en una explicación psicológica, pedagógica o social.

Primero pregunta.

Después recoge evidencia.

Posteriormente interpreta.

Y finalmente contrasta.


Investigar desde dentro de la realidad educativa

Uno de los planteamientos más significativos de la perspectiva crítico-propositiva desarrollada por Gómez-Cumpa et al. es la idea de investigar la realidad educativa desde dentro de ella, reconociendo la relación entre conocimiento, práctica y transformación.

Esto introduce una cuestión epistemológica profunda:

¿Quién tiene derecho a producir conocimiento sobre la educación?

Durante mucho tiempo, la investigación educativa se imaginó como una actividad realizada principalmente por especialistas externos que observaban a profesores y estudiantes.

Sin embargo, el docente también posee un conocimiento situado.

Conoce el aula.

Conoce las dinámicas del grupo.

Reconoce cambios que quizá no aparecen inmediatamente en una base de datos.

Observa comportamientos recurrentes.

Formula hipótesis cotidianamente.

Evalúa resultados.

Modifica estrategias.

Y aprende de la experiencia.

Esto no significa que la experiencia docente sea automáticamente conocimiento científico.

Significa algo más interesante: la experiencia puede convertirse en una fuente legítima de preguntas de investigación cuando se somete a procedimientos sistemáticos de indagación.

La investigación del profesor, por tanto, no debe confundirse con una simple reflexión personal.

Reflexionar es importante.

Investigar exige algo adicional:

hacer explícitas las preguntas, producir evidencia, justificar las decisiones metodológicas, analizar los datos y someter las interpretaciones a contraste.

Una revisión sistemática sobre docentes como evaluadores encontró precisamente que las expectativas sobre las competencias de investigación y evaluación de los profesores han aumentado, pero que todavía existe poca evidencia sobre las estrategias más eficaces para desarrollar esas capacidades.

El docente investigador: entre la práctica y la evidencia

La figura del docente investigador adquiere aquí un significado particularmente relevante.

No se trata de convertir a cada profesor en un investigador profesional a tiempo completo.

Se trata de desarrollar una disposición intelectual:

no aceptar automáticamente que sabemos por qué ocurre algo solamente porque lo hemos observado muchas veces.

Un docente investigador puede preguntarse:

  • ¿Qué evidencia tengo?
  • ¿De dónde procede?
  • ¿Cómo fue obtenida?
  • ¿A quién representa?
  • ¿Qué otras explicaciones son posibles?
  • ¿Qué variables podrían estar interviniendo?
  • ¿Qué sesgos pueden existir?
  • ¿Qué información todavía desconozco?
  • ¿Qué cambiaría si mi hipótesis fuera incorrecta?

Estas preguntas introducen una cultura de pensamiento científico dentro de la práctica educativa.

Y esto es particularmente importante porque la educación está llena de afirmaciones plausibles que no necesariamente cuentan con suficiente evidencia.

La intuición puede generar una hipótesis.

No puede sustituir a la evidencia.

¿Cuantitativo o cualitativo? Una falsa oposición

Otro problema frecuente consiste en convertir los métodos cuantitativos y cualitativos en posiciones enfrentadas.

Desde la perspectiva presentada por Gómez-Cumpa et al. (2005), la elección metodológica debe relacionarse con la naturaleza del objeto de estudio. Su propuesta integradora reconoce aportaciones de distintas perspectivas epistemológicas y metodológicas.

Esto permite superar una falsa dicotomía.

Los números pueden decirnos cuánto ocurre un fenómeno.

Las aproximaciones cualitativas pueden ayudarnos a comprender cómo se experimenta, cómo se interpreta y en qué contexto ocurre.

Por ejemplo, una encuesta podría mostrar que una proporción determinada de estudiantes reporta ansiedad académica.

Pero una entrevista podría ayudar a comprender:

  • qué situaciones desencadenan esa experiencia;
  • cómo la interpretan los estudiantes;
  • qué estrategias utilizan;
  • qué papel desempeñan docentes y compañeros;
  • qué significado atribuyen al rendimiento;
  • y qué condiciones institucionales forman parte de la experiencia.

Los dos tipos de información pueden responder preguntas diferentes.

La cuestión metodológica no debería ser:

“¿Cuál método es mejor?”

Sino:

“¿Qué método o combinación de métodos permite responder de manera más rigurosa la pregunta que hemos formulado?”

La investigación contemporánea sobre métodos mixtos refuerza esta idea. Una revisión sistemática de 119 estudios educativos encontró que la integración entre datos cualitativos y cuantitativos constituye un elemento central de la calidad de los diseños mixtos; entre las estrategias identificadas aparecen la formulación de preguntas mixtas, el muestreo apropiado y diferentes procedimientos para integrar los datos durante el análisis.

Por tanto, mezclar métodos no significa simplemente sumar una encuesta y unas entrevistas.

La integración debe estar pensada desde la pregunta de investigación.

La investigación no termina cuando obtenemos datos

Existe otra confusión frecuente: pensar que una investigación concluye cuando tenemos resultados.

En realidad, ahí comienza una de las etapas intelectualmente más exigentes.

Los datos no hablan por sí mismos.

Necesitan interpretación.

Una tabla puede mostrar que determinada variable tiene mayor frecuencia que otra. Pero todavía debemos preguntarnos qué significa esa diferencia, cuáles son sus límites y qué explicaciones alternativas pueden existir.

La investigación educativa requiere pasar de:

dato → interpretación → explicación → implicación.

Y cada transición debe estar justificada.

Aquí aparece una distinción fundamental entre resultado y conocimiento.

Un resultado es aquello que encontramos.

El conocimiento surge cuando podemos explicar qué significa ese resultado dentro de un marco conceptual y contextual determinado.

Por eso, el rigor no depende únicamente del tamaño de una muestra, del número de gráficas o de la sofisticación estadística.

Depende también de la coherencia entre:

pregunta → teoría → método → datos → análisis → interpretación → conclusión.

La ciencia educativa necesita diálogo con la práctica

El problema no está únicamente en producir investigación.

También está en conseguir que el conocimiento producido pueda utilizarse de manera pertinente.

La OCDE ha documentado que, aunque existe una importante producción de investigación educativa, su utilización sistemática en políticas y prácticas continúa siendo un desafío. Entre las barreras aparecen el tiempo disponible para acceder a la investigación, la ausencia de estructuras adecuadas y problemas de accesibilidad o formatos poco útiles para los usuarios.

Esto plantea una paradoja:

podemos tener más investigación y, al mismo tiempo, no necesariamente tener más decisiones educativas informadas por investigación.

El problema, entonces, no es únicamente producir conocimiento.

También necesitamos aprender a leerlo, evaluarlo, interpretarlo y utilizarlo responsablemente.

La OCDE ha planteado además que utilizar bien la investigación no consiste únicamente en determinar qué evidencia existe, sino en comprender qué significa emplearla con calidad en contextos educativos concretos.

Esto resulta fundamental.

Una intervención que funciona en determinado contexto no necesariamente producirá idénticos resultados en otro.

La evidencia científica no es una receta universal.

Es conocimiento condicionado por:

  • población;
  • contexto;
  • diseño;
  • implementación;
  • recursos;
  • características institucionales;
  • temporalidad;
  • y condiciones sociales.
Del conocimiento a la transformación

La propuesta crítico-propositiva de Gómez-Cumpa et al. introduce una idea especialmente poderosa: la práctica no solamente es un espacio donde se aplican conocimientos; también puede constituirse en fuente, criterio y finalidad del conocimiento. Su planteamiento describe un movimiento que parte de la realidad, construye conocimiento, desarrolla propuestas y vuelve nuevamente a la práctica para contrastar y transformar.

Este ciclo puede representarse de manera sencilla:

Realidad → problema → diagnóstico → explicación → propuesta → intervención → evaluación → nuevo conocimiento.

No es una línea recta.

Es un proceso circular.

Y cada vuelta debería permitir comprender mejor la realidad.

Aquí adquiere importancia la investigación-acción.

Su valor no consiste simplemente en “hacer algo” para resolver un problema. La intervención necesita estar acompañada por una indagación sistemática que permita comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y bajo qué condiciones.

La literatura sobre investigación-acción en educación identifica posibilidades relacionadas con el desarrollo profesional docente, el pensamiento crítico y la resolución de problemas, aunque también señala debates y limitaciones que deben considerarse al valorar sus resultados.

Por ello, transformar no significa intervenir impulsivamente.

Transformar científicamente implica intervenir aprendiendo.

De la investigación individual a las comunidades de conocimiento

La investigación educativa también puede cambiar cuando deja de ser una actividad aislada.

Un profesor que investiga su aula puede generar conocimiento relevante.

Pero varias escuelas que comparten preguntas, datos, experiencias y procesos de análisis pueden construir una capacidad colectiva mucho mayor.

Aquí aparecen las asociaciones entre investigación y práctica.

Una revisión sistemática de 57 artículos sobre research-practice partnerships encontró que estas alianzas pueden favorecer diferentes formas de uso de la investigación: desde la aplicación directa de evidencia hasta el desarrollo de nuevas comprensiones y capacidades para que los propios profesionales participen en procesos de mejora.

La idea es especialmente relevante para las instituciones educativas.

La escuela puede dejar de ser únicamente el lugar donde se “aplican” resultados generados en otros espacios.

Puede convertirse también en espacio de producción, interpretación y discusión de conocimiento.

Esto exige condiciones institucionales:

  • tiempo para investigar;
  • formación metodológica;
  • acceso a literatura científica;
  • colaboración entre docentes;
  • acompañamiento;
  • cultura de evaluación;
  • protección ética de los participantes;
  • y espacios para discutir los resultados sin convertirlos automáticamente en instrumentos de sanción.


Investigar también significa reconocer los límites

La ciencia no se fortalece aparentando certeza absoluta.

Se fortalece reconociendo sus límites.

Toda investigación educativa tiene restricciones:

  • una muestra puede no representar a toda la población;
  • un instrumento puede medir solamente determinadas dimensiones;
  • una entrevista está condicionada por la interacción entre investigador y participante;
  • un resultado estadístico no demuestra por sí mismo causalidad;
  • una intervención puede depender del contexto;
  • una investigación transversal puede describir relaciones sin explicar su evolución temporal.

Reconocer estas limitaciones no debilita una investigación.

La hace más honesta.

Por eso, una buena conclusión científica no debería decir:

“Esto demuestra definitivamente que…”

cuando los datos solamente permiten afirmar:

“En esta población, bajo estas condiciones y con este diseño, encontramos evidencia compatible con…”

El lenguaje también forma parte del rigor científico.

¿Qué tipo de investigador necesita la educación?

Quizá una de las preguntas más importantes que surge del documento de Gómez-Cumpa et al. no sea metodológica, sino ética:

¿Para qué investigamos?

Podemos investigar para obtener un grado académico.

Para publicar.

Para conseguir reconocimiento.

Para cumplir indicadores.

Para alimentar un currículum.

Pero también podemos investigar para comprender problemas que afectan a personas concretas.

Esta última finalidad introduce una responsabilidad.

Cuando investigamos sobre estudiantes, docentes, familias o comunidades, no estamos trabajando solamente con variables.

Estamos trabajando con experiencias humanas.

Por ello, la investigación educativa necesita rigor metodológico, pero también responsabilidad ética.

La precisión estadística no compensa una pregunta irrelevante.

Una metodología sofisticada no convierte automáticamente en valiosa una investigación.

Y una gran cantidad de datos no garantiza una buena comprensión.

La pregunta fundamental continúa siendo:

¿qué conocimiento necesitamos producir para comprender mejor una realidad educativa y tomar decisiones más fundamentadas sobre ella?

La investigación educativa como acto de responsabilidad

Investigar es, en última instancia, una forma de asumir responsabilidad frente a lo que todavía no comprendemos.

Cuando una institución afirma que existe un problema, la investigación pregunta:

¿Cómo lo sabemos?

Cuando alguien propone una solución, la investigación pregunta:

¿Qué evidencia la sustenta?

Cuando una intervención parece funcionar, la investigación pregunta:

¿Cómo sabemos que fue la intervención la que produjo el cambio?

Y cuando una estrategia fracasa, vuelve a preguntar:

¿Qué podemos aprender de ese resultado?

Estas preguntas pueden resultar incómodas.

Pero precisamente por eso son necesarias.

La investigación educativa no debería tener como finalidad producir respuestas rápidas.

Su mayor aportación puede consistir en producir preguntas mejores, explicaciones más sólidas y decisiones más conscientes.

Epílogo: comprender antes de transformar

La investigación educativa no comienza con una gráfica.

Comienza con una inquietud.

No termina con una conclusión.

Continúa cuando ese conocimiento regresa a la realidad.

No consiste únicamente en medir.

Consiste también en interpretar.

No pertenece exclusivamente a los investigadores profesionales.

Puede incorporar la experiencia rigurosamente analizada de quienes viven cotidianamente la educación.

Y no debería permanecer encerrada en artículos, tesis o congresos.

El conocimiento adquiere una dimensión social cuando puede dialogar con quienes toman decisiones y con quienes experimentan directamente los problemas que fueron investigados.

La propuesta de Gómez-Cumpa et al. (2005) conserva aquí una idea particularmente poderosa: investigar la realidad educativa para comprenderla críticamente y contribuir a transformarla.

En una época caracterizada por la sobreabundancia de información, quizá la verdadera competencia científica no consista solamente en saber encontrar datos.

Consiste en saber qué preguntar, cómo investigar, cómo interpretar y qué hacer responsablemente con aquello que hemos descubierto.

Porque una educación que no investiga corre el riesgo de repetir explicaciones heredadas.

Una educación que investiga puede comenzar a comprender sus propios problemas.

Y una educación que comprende críticamente tiene mayores posibilidades de transformar aquello que necesita cambiar.

Investigar, entonces, no es simplemente buscar respuestas.

Es aprender a mirar la realidad con suficiente rigor como para no confundir lo que creemos saber con aquello que realmente hemos logrado comprender.

Referencias

Cohen, L., Manion, L., & Morrison, K. (2018). Research methods in education (8th ed.). Routledge.

Gómez-Cumpa, J. W., Benites Morales, I., & Ramos Bazán, M. H. (2005). Fundamentos de investigación educativa. Fondo Editorial FACHSE-UNPRG.

McFadden, A., & Williams, K. E. (2020). Teachers as evaluators: Results from a systematic literature review. Studies in Educational Evaluation, 64, 100830.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2022). Who cares about using education research in policy and practice? Strengthening research engagement. OECD Publishing.

Sjölund, S., Lindvall, J., Munthe, E., & Henriksson, A.-C. (2022). Using research to inform practice through research-practice partnerships: A systematic literature review. Review of Education, 10(1), e3337.

Zhou, Y., Zhou, Y., & Machtmes, K. (2024). Mixed methods integration strategies used in education: A systematic review. Methodological Innovations, 17(1), 41–49.


domingo, 23 de agosto de 2026

Educar en tiempos líquidos: los retos de aprender cuando todo cambia

 


Educar en tiempos líquidos: los retos de aprender cuando todo cambia

Por: Divulgando Ciencia con Tino

Introducción: cuando el mundo cambia más rápido que nuestras certezas

¿Para qué educamos cuando aquello que hoy consideramos indispensable puede perder vigencia mañana? ¿Qué significa formar a una persona cuando el conocimiento se multiplica, las tecnologías modifican las formas de trabajar y comunicarnos y las identidades parecen estar en permanente transformación?

Estas preguntas adquieren especial relevancia a la luz de la obra Los retos de la educación en la modernidad líquida, de Zygmunt Bauman. Publicado originalmente en español por Gedisa en 2007, el texto plantea una relación inquietante entre las transformaciones sociales de la modernidad líquida y la manera en que concebimos la educación. Bauman sostiene que la educación ya no puede pensarse exclusivamente como acumulación de conocimientos destinados a acompañar a una persona durante toda su vida, porque vivimos en una sociedad caracterizada por la velocidad, la incertidumbre, el consumo y la transformación constante (Bauman, 2007).

La metáfora de lo "líquido" resulta poderosa porque permite comprender una transformación social profunda: aquello que en la modernidad sólida parecía relativamente estable -instituciones, profesiones, identidades, relaciones, conocimientos y proyectos de vida- se vuelve más flexible, provisional y susceptible de modificación. Bauman no presenta esta transformación como una simple innovación tecnológica; se refiere a una nueva condición social que afecta nuestra relación con el tiempo, el conocimiento, el trabajo y nosotros mismos.

El desafío educativo, por tanto, no consiste simplemente en enseñar más contenidos. Consiste en preguntarnos qué tipo de persona necesita formar la educación en una sociedad donde la permanencia ya no puede darse por sentada.

1. De la modernidad sólida a la modernidad líquida

Para comprender la propuesta de Bauman es necesario detenernos en su concepto de modernidad líquida.

La modernidad sólida estaba asociada con estructuras relativamente duraderas. La trayectoria educativa podía imaginarse como un proceso acumulativo: estudiar, obtener una preparación profesional, incorporarse al mundo laboral y utilizar durante un periodo prolongado aquello que se había aprendido.

El conocimiento podía percibirse como una especie de patrimonio intelectual. Aprender significaba adquirir algo que aumentaba nuestro capital cultural y profesional y que, idealmente, permanecería útil durante mucho tiempo.

En la modernidad líquida esta lógica se modifica. La estabilidad pierde valor frente a la capacidad de adaptación. La sociedad contemporánea exige capacidad de movimiento, actualización y reinvención. En consecuencia, el conocimiento corre el riesgo de convertirse en un producto de consumo: algo que se adquiere, se utiliza durante cierto tiempo y posteriormente puede ser reemplazado.

Esta transformación tiene una consecuencia educativa fundamental: ya no basta con preparar a una persona para desempeñar una función; necesitamos prepararla para aprender, desaprender y volver a aprender a lo largo de su vida.

La investigación contemporánea coincide parcialmente con este diagnóstico. Los análisis actuales sobre educación en modernidad líquida señalan precisamente la obsolescencia acelerada de conocimientos y competencias y la necesidad de pensar la formación como un proceso permanente, no como una etapa cerrada de la existencia (Meirinhos & Portela, 2023).

Pero aquí aparece una paradoja.

Si todo cambia, ¿debemos convertir la educación en un entrenamiento permanente para el cambio?

Bauman nos obliga a responder que no.

2. El "síndrome de la impaciencia": vivimos con prisa por llegar

Uno de los conceptos más provocadores del texto es el síndrome de la impaciencia.

En la sociedad líquida, esperar deja de percibirse como una condición normal de los procesos humanos y comienza a interpretarse como una pérdida. El tiempo adquiere un valor económico y social cada vez mayor. Lo importante parece ser obtener resultados rápidamente.

La consecuencia educativa es significativa.

Aprender requiere tiempo.

Leer requiere tiempo.
Investigar requiere tiempo.
Comprender requiere tiempo.
Equivocarse y volver a intentar requiere tiempo.
Reflexionar requiere tiempo.

Sin embargo, buena parte de nuestra cultura contemporánea funciona bajo una lógica opuesta: respuesta inmediata, satisfacción inmediata, información inmediata y resultados inmediatos.

La educación entra entonces en tensión con una cultura de la velocidad.

Un estudiante puede acceder en segundos a miles de fuentes de información, pero eso no significa que pueda distinguir cuáles son confiables, comprenderlas críticamente o incorporarlas como conocimiento significativo.

Aquí aparece una diferencia fundamental entre información y conocimiento.

La información puede llegar rápidamente. El conocimiento, en cambio, necesita elaboración.

Esta distinción es especialmente importante en la era digital. La UNESCO ha advertido que la incorporación de tecnologías en educación no garantiza por sí misma mejores aprendizajes; su valor depende de las condiciones pedagógicas, de la equidad, de los objetivos educativos y de la manera en que se utilicen (UNESCO, 2023).

Por ello, una educación verdaderamente pertinente no debería competir con la velocidad de internet.

Debería enseñar a detenerse frente a ella.

3. El conocimiento: de patrimonio a producto

Uno de los planteamientos centrales de Bauman consiste en observar cómo cambia el significado social del conocimiento.

En una concepción tradicional, aprender significaba adquirir conocimientos suficientemente duraderos como para constituir una base intelectual para el resto de la vida. En la modernidad líquida, esa promesa se debilita.

El conocimiento puede convertirse en algo temporal.

Lo aprendemos para resolver un problema, conseguir un empleo, superar una evaluación o responder a determinada exigencia y, posteriormente, puede ser sustituido por información nueva.

Esta situación genera una tensión entre dos modelos educativos.

El primero entiende la educación como acumulación.

El segundo la concibe como capacidad de navegación.

En el primer modelo, el estudiante intenta poseer la mayor cantidad posible de conocimientos.

En el segundo, desarrolla la capacidad de localizar, interpretar, cuestionar, relacionar y utilizar conocimientos de manera responsable.

La segunda perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto contemporáneo. El proyecto Future of Education and Skills 2030 de la OCDE plantea que la educación necesita desarrollar conocimientos, habilidades, actitudes y valores, además de promover la agencia del estudiante para que pueda orientarse en contextos desconocidos y participar responsablemente en la sociedad (OECD, n.d.).

Esto permite reinterpretar a Bauman desde una perspectiva pedagógica actual.

La educación no debe abandonar el conocimiento; debe cambiar la relación que establecemos con él.

No se trata de memorizar menos por principio, sino de comprender que memorizar algo sin poder utilizarlo, cuestionarlo o relacionarlo con otros saberes tiene un valor limitado.

4. ¿La memoria está perdiendo valor?

Bauman dedica también una reflexión importante a la memoria.

En una sociedad caracterizada por la renovación constante, recordar puede parecer poco funcional. Las novedades adquieren prioridad y el presente termina desplazando al pasado.

Pero una educación sin memoria enfrenta un peligro: perder la capacidad de comprender por qué pensamos como pensamos.

La memoria no es únicamente almacenamiento de datos. También es continuidad.

Nos permite establecer relaciones entre acontecimientos, comprender procesos históricos, reconocer consecuencias y construir identidad.

Una sociedad que únicamente mira hacia adelante corre el riesgo de confundir innovación con progreso.

Aquí existe una paradoja particularmente importante para la educación contemporánea:

necesitamos educar para el futuro sin destruir la capacidad de comprender el pasado.

La memoria histórica, científica, cultural y social no constituye un obstáculo para la innovación. Por el contrario, permite establecer criterios para decidir qué debería cambiar y qué merece conservarse.

La educación, entonces, no puede reducirse a preparar para "lo nuevo". También debe enseñar a interpretar críticamente aquello que heredamos.

5. El gran problema: formar para un futuro que no conocemos

Quizá la pregunta más difícil que plantea Bauman sea también la más actual:

¿cómo podemos preparar a los estudiantes para un futuro que no conocemos?

Durante mucho tiempo, la educación pudo establecer una relación relativamente directa entre formación y ocupación. Una persona estudiaba para ejercer una profesión que probablemente conservaría durante buena parte de su trayectoria laboral.

Hoy esa relación es mucho menos predecible.

La transformación digital, la inteligencia artificial, la automatización, las nuevas formas de empleo y la reorganización de los mercados laborales dificultan prever qué conocimientos serán suficientes dentro de diez o veinte años.

La OCDE parte precisamente de una pregunta semejante al plantear su proyecto sobre el futuro de la educación: ¿cómo preparar a los estudiantes para empleos que todavía no han sido creados y para problemas sociales que quizá todavía no podemos imaginar?

La respuesta no puede consistir en intentar adivinar el futuro.

La alternativa es desarrollar capacidades transferibles.

Pensamiento crítico.
Creatividad.
Comunicación.
Colaboración.
Metacognición.
Competencias socioemocionales.
Capacidad de investigación.
Toma de decisiones.
Responsabilidad ética.
Aprendizaje autónomo.

Pero incluso esta lista debe manejarse con cautela.

No tendría sentido sustituir una educación centrada en contenidos por otra obsesionada exclusivamente con "competencias". Las competencias necesitan conocimiento para desarrollarse y el conocimiento necesita competencias para convertirse en acción significativa.

La verdadera tarea consiste en integrar ambos elementos.

6. La tecnología no elimina el problema educativo

Es tentador afirmar que la respuesta a los desafíos descritos por Bauman se encuentra en la tecnología.

Más plataformas.
Más aplicaciones.
Más inteligencia artificial.
Más contenidos digitales.
Más automatización.

Pero esta solución puede ser engañosa.

La tecnología amplifica las capacidades humanas, pero también puede amplificar problemas ya existentes.

Un sistema educativo que carece de propósito pedagógico no se transforma automáticamente por utilizar herramientas digitales.

La UNESCO advierte que la tecnología educativa debe evaluarse considerando su pertinencia, equidad, evidencia, calidad y efectos reales sobre el aprendizaje. La digitalización puede generar oportunidades, pero también desigualdades y nuevas formas de exclusión (UNESCO, 2023).

La OCDE, por su parte, plantea la necesidad de construir ecosistemas digitales educativos confiables, efectivos y equitativos, donde las tecnologías -incluida la inteligencia artificial- estén sujetas a criterios pedagógicos y éticos (OECD, 2023).

Por eso, la pregunta no debería ser:

"¿Qué tecnología debemos incorporar a la educación?"

La pregunta más importante es:

"¿Qué finalidad educativa queremos alcanzar y qué tecnología puede ayudarnos a conseguirla?"

La diferencia parece pequeña, pero es fundamental.

7. El profesor en la modernidad líquida

La tesis de Bauman también interpela directamente al docente.

Si el conocimiento cambia constantemente, el profesor ya no puede concebirse únicamente como la persona que posee información y la transmite a estudiantes que carecen de ella.

Esto no significa que el docente haya perdido importancia.

Ocurre exactamente lo contrario.

Su función se vuelve más compleja.

El docente debe ayudar a los estudiantes a construir criterios para orientarse en medio de un exceso de información. Debe enseñar a formular preguntas, evaluar fuentes, construir argumentos, reconocer sesgos y relacionar conocimientos.

En otras palabras, la autoridad docente no desaparece: se transforma.

El profesor contemporáneo es menos un "depositario" del conocimiento y más un mediador entre el estudiante, el conocimiento, la sociedad y los problemas del mundo.

Esta transformación coincide con la visión de la OCDE, que reconoce la agencia docente, el bienestar profesional y las competencias del profesorado como componentes esenciales de los ecosistemas educativos del futuro.

8. Educación permanente: aprender durante toda la vida

Una de las consecuencias más fecundas del planteamiento de Bauman es la reivindicación de la educación como proceso permanente.

Pero aquí debemos evitar una interpretación reduccionista.

La educación permanente no significa estar constantemente acumulando cursos, certificados y habilidades laborales.

Una persona no debería convertirse en una especie de "proyecto productivo" que debe actualizarse permanentemente para mantener su valor en el mercado.

La educación tiene una finalidad más amplia.

UNESCO ha planteado que el derecho a la educación debe entenderse a lo largo de toda la vida y que la educación debe fortalecerse como bien público y común. Esa visión implica superar una concepción exclusivamente instrumental de la educación y recuperar su dimensión social, cultural, ética y democrática (UNESCO, 2021).

Esto permite regresar a una de las preocupaciones fundamentales de Bauman.

La educación no debería preparar únicamente trabajadores capaces de adaptarse al mercado.

Debe formar ciudadanos capaces de comprender, participar y transformar la sociedad.

9. Educar para la ciudadanía en un mundo líquido

Aquí probablemente se encuentra la dimensión más profunda de la propuesta de Bauman.

En medio de la aceleración social, la educación puede convertirse en uno de los pocos espacios donde todavía sea posible detenerse, dialogar y pensar colectivamente.

La escuela, la universidad y los espacios comunitarios pueden ser lugares donde una persona aprenda no solamente a resolver problemas individuales, sino también a reconocer problemas colectivos.

Esto resulta especialmente importante en sociedades caracterizadas por polarización, desinformación, desigualdad y fragmentación.

Una educación orientada exclusivamente al éxito individual puede terminar reproduciendo precisamente las condiciones sociales que Bauman critica.

Por el contrario, una educación democrática debería cultivar la capacidad de escuchar, argumentar, colaborar y convivir con la diferencia.

La UNESCO ha señalado que la renovación educativa requiere precisamente recuperar una visión de la educación vinculada con la justicia, la cooperación, la cohesión social y la construcción de futuros compartidos.

Por ello, la pregunta fundamental no es solamente:

¿Qué debe saber un estudiante?

También debemos preguntar:

¿Qué clase de ciudadano queremos que ese conocimiento contribuya a formar?

10. ¿Qué implica todo esto para la educación actual?

La lectura de Bauman no debería llevarnos a concluir que la educación tradicional es inútil ni que todo debe cambiar.

Su valor consiste precisamente en obligarnos a reconsiderar nuestras prioridades.

Una educación pertinente para la modernidad líquida debería conservar algunas funciones fundamentales de la tradición educativa -conocimiento disciplinar, memoria, lectura, escritura, argumentación y rigor intelectual-, pero incorporando capacidades que permitan desenvolverse en entornos inciertos.

Esto implica, entre otras cosas, recuperar cinco principios.

Primero: enseñar a pensar antes que enseñar solamente a responder.

La respuesta puede estar disponible en segundos; formular una buena pregunta sigue siendo una capacidad profundamente humana.

Segundo: recuperar el valor de la espera.

No todo aprendizaje debe ser inmediato. La comprensión profunda necesita tiempo.

Tercero: distinguir información de conocimiento.

Tener acceso a una enorme cantidad de información no significa comprenderla.

Cuarto: enseñar a convivir con la incertidumbre.

El objetivo no puede ser garantizar que el estudiante conozca exactamente qué sucederá, sino que pueda actuar responsablemente cuando aquello esperado no suceda.

Quinto: recuperar la dimensión ética y ciudadana de la educación.

La formación no puede quedar subordinada a las exigencias inmediatas del mercado.

Conclusión: educar cuando nada parece permanecer

Zygmunt Bauman escribió sobre la educación en un contexto distinto al actual, pero muchas de sus preguntas mantienen una sorprendente vigencia.

La revolución digital, la inteligencia artificial y la expansión de las redes sociales incluso han intensificado algunos de los fenómenos que Bauman observaba: aceleración, abundancia de información, renovación permanente, consumo rápido y debilitamiento de algunas formas tradicionales de estabilidad.

Pero interpretar su propuesta como una simple crítica a la sociedad contemporánea sería insuficiente.

Bauman nos invita a pensar más profundamente.

Si vivimos en una sociedad líquida, la educación no puede volverse líquida en el sentido de perder todo aquello que proporciona orientación, profundidad y sentido.

Al contrario.

Cuanto mayor sea la velocidad del mundo, más necesaria será la capacidad de detenerse.

Cuanto mayor sea la cantidad de información, más importante será el pensamiento crítico.

Cuanto más cambiantes sean las profesiones, mayor será la necesidad de aprender durante toda la vida.

Cuanto más fragmentadas estén nuestras sociedades, mayor será la importancia de educar para el diálogo y la ciudadanía.

Y cuanto más incierto sea el futuro, más necesario será formar personas capaces de construirlo responsablemente.

Tal vez éste sea el gran reto de la educación en la modernidad líquida: no enseñar a los estudiantes a vivir en un mundo que ya no existe, sino proporcionarles las herramientas intelectuales, éticas, sociales y humanas necesarias para participar en la construcción del mundo que todavía no existe.

La educación no puede detener el cambio.

Pero sí puede enseñarnos a comprenderlo, cuestionarlo y orientarlo.

Y en una época donde todo parece destinado a cambiar, quizá esa sea una de las formas más profundas de permanencia que todavía podemos ofrecer.


Referencias

Bauman, Z. (2005). Education in liquid modernity. Review of Education, Pedagogy, and Cultural Studies, 27(4), 303-317. https://doi.org/10.1080/10714410500338873

Bauman, Z. (2007). Los retos de la educación en la modernidad líquida. Gedisa.

Meirinhos, M., & Portela, L. de J. (2023). Education in liquid modernity: Educate and forming in an uncertain world. Revista Produção e Desenvolvimento, 9. https://doi.org/10.32358/rpd.2023.v9.621

OECD. (2023). OECD digital education outlook 2023: Towards an effective digital education ecosystem. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/c74f03de-en

OECD. (n.d.). The OECD Learning Compass 2030. OECD.

UNESCO. (2021). Reimagining our futures together: A new social contract for education. UNESCO.

UNESCO. (2023). Global education monitoring report 2023: Technology in education - A tool on whose terms? UNESCO. https://doi.org/10.54676/UZQV8501


miércoles, 4 de marzo de 2026

Inteligencia Artificial en el Aula: Hacia un Modelo Educativo Personalizado, Ético y Humano

 




1. Introducción: El Cambio de Paradigma Educativo
La integración de la inteligencia artificial (IA) en el ecosistema académico no debe entenderse simplemente como una mejora técnica, sino como una metamorfosis profunda en la relación docente-estudiante. Según Victorino Guzmán y Berdugo-Lattke (2024), nos encontramos ante una revolución que busca trascender la eficiencia para forjar entornos interactivos y personalizados. Mientras el enfoque tradicional se ha anclado en dispositivos dialógicos —clases magistrales y tareas que a menudo derivan en la monotonía—, la IA ofrece una ruptura con este modelo estático. Históricamente, como señalan Zhai et al. (2021), el uso de la IA entre 2010 y 2020 se centró en la retroalimentación y el aprendizaje adaptativo. Sin embargo, la frontera actual, descrita por Gates (2023), permite que la tecnología reconozca el estilo de aprendizaje e intereses específicos de cada usuario, convirtiendo la educación en un proceso vivo y profundamente motivador.
2. Radiografía del Auge Tecnológico: Datos y Cifras
El interés científico por la IA en la educación superior no es una tendencia pasajera, sino un campo de investigación consolidado y en expansión. Un análisis bibliométrico en la plataforma Dimensions arroja cifras contundentes sobre esta convergencia:
  • Producción Científica: En el año 2022 se registraron 111,296 publicaciones vinculadas a los términos "Artificial Intelligence", "University" y "Education", donde el área de educación ya ocupa el cuarto renglón de investigación a nivel global.
  • Proyecciones de Mercado: Se anticipa un crecimiento anual compuesto del 28.65% para 2028 en aplicaciones móviles potenciadas por IA.
  • Internet de las Cosas (IoT): La integración de la IA con el IoT proyecta un mercado de USD $106.91 mil millones para 2028.
Estas cifras evidencian un "estallido tecnológico" que exige a las instituciones educativas una respuesta analítica y no meramente reactiva.
3. Pilares del Aprendizaje Potenciado por IA
La adopción de la IA en la universidad se sostiene sobre cinco argumentos pedagógicos que transforman la experiencia formativa:
  1. Personalización: Capacidad de ajustar el método de enseñanza al ritmo y progreso individual del estudiante.
  2. Aprendizaje Interactivo: Uso de realidad virtual y gamificación para mantener un compromiso cognitivo constante.
  3. Aprendizaje Adaptativo: Evolución dinámica del sistema conforme cambian las necesidades y preferencias del alumno.
  4. Análisis Predictivo: Identificación temprana de vacíos de conocimiento, permitiendo intervenciones preventivas antes de que se consolide el error.
  5. Automatización de la Evaluación y Retroalimentación: Optimización de procesos que permite al docente reorientar su tiempo hacia el desarrollo de habilidades blandas y el acompañamiento humano.
4. La IA como Aliada del Docente: Del Plan de Curso a la Evaluación Formativa
Desde mi perspectiva como docente investigador, el valor de la IA no reside en la automatización per se, sino en la intencionalidad del diseño pedagógico. Para que la IA actúe como un interlocutor especializado capaz de refinar nuestros Resultados de Aprendizaje Esperados (RAE), es fundamental dominar la ingeniería del prompt basada en tres ejes técnicos: Rol, Objetivo y Restricciones.
4.1. Diseño Curricular
La IA asiste en la creación de actividades alineadas con los RAE. Al asignar un Rol específico (ej. "Actúa como experto en pedagogía y ciencias de la computación"), definir un Objetivo claro (ej. "Diseña una rúbrica de evaluación") y establecer Restricciones (ej. "Formato de tabla, tiempo máximo de 60 minutos"), el docente garantiza que la herramienta respete el rigor académico necesario.
4.2. Creación de Material Didáctico
La tecnología permite diversificar los recursos para el aula:
  • Mapas mentales: Estructuración visual de conceptos complejos.
  • Foros de discusión: Generación de preguntas "detonadoras" que fomenten el debate crítico.
  • Casos de estudio e historias: Creación de narrativas emocionantes que conectan la teoría con la resolución de problemas reales.
  • Guiones: Scripts precisos para videos educativos o presentaciones dinámicas.
4.3. Evaluación Formativa
Mediante el análisis de textos con modelos de lenguaje, el docente puede identificar con rapidez áreas de debilidad o falta de comprensión en los estudiantes, evaluando no solo el contenido, sino también la capacidad de comunicación escrita y la coherencia del discurso.
5. El Estudiante frente a la IA: Asistencia y Autonomía
Para el alumno, la IA se presenta como un "Asistente Experto" con disponibilidad 24/7 para la simulación de exámenes y la clarificación de conceptos. No obstante, debemos ser cautos. Finnie-Ansley et al. (2023) han señalado que modelos como Codex superan significativamente a los estudiantes en tareas técnicas como los ejercicios de programación de cursos introductorios (CS2), lo que representa una "amenaza existencial" para los modelos de enseñanza tradicionales. En este escenario, el pensamiento crítico no es una opción, sino la habilidad de supervivencia académica más relevante para no ser un simple consumidor dependiente.
6. El Desafío Ético: Más allá de la Eficiencia
La implementación de la IA debe navegar la tensión entre los marcos normativos y la realidad operativa. A continuación, contrasto los principios europeos con las barreras reales identificadas en el Global AI Adoption Index 2022:
Principios Éticos (Comisión Europea)
Barreras Reales (Datos Críticos)
Respeto a la autonomía humana: Los sistemas deben apoyar la agencia del usuario.
Sesgo no deseado (76%): Los modelos carecen de mecanismos para reducir prejuicios.
Prevención del daño: Garantizar la solidez técnica y seguridad del sistema.
Falta de monitoreo (66%): Ausencia de seguimiento sobre variaciones del modelo.
Equidad: Accesibilidad y beneficios compartidos por toda la sociedad.
Opacidad (61%): Incapacidad de explicar las decisiones impulsadas por la IA.
Explicabilidad: Las decisiones de la IA deben ser transparentes y claras.
Ausencia de políticas éticas (56%): Falta de marcos institucionales claros.
Esta brecha nos sitúa ante una encrucijada filosófica fundamental: ¿Deseamos formar ciudadanos que sean consumidores dependientes de estas herramientas o arquitectos capaces de desarrollar y cuestionar nuevos modelos?
7. Seguridad, Privacidad y Responsabilidad (Caso OpenAI)
El uso profesional de herramientas como ChatGPT exige una lectura crítica de sus políticas. Es vital distinguir entre el uso convencional y el uso vía API:
  • Privacidad: Si bien los usuarios son dueños de sus inputs y outputs, OpenAI utiliza el contenido de los usuarios estándar para entrenar sus modelos (salvo que se solicite exclusión). No obstante, para los clientes de ofertas comerciales como la API, esta política no se aplica de la misma forma, ofreciendo mayor protección de datos.
  • Restricciones: El servicio es para mayores de 13 años (con autorización hasta los 18).
  • Responsabilidad: La IA puede generar información imprecisa; la verificación de la veracidad recae exclusivamente en el humano responsable.
8. Conclusión: Hacia una IA Fiable en la Universidad
La universidad no puede ser una espectadora pasiva del avance tecnológico. Debemos adoptar la propuesta de Dignum (2018) sobre una ética tridimensional: por el diseño (integración algorítmica), en el diseño (métodos regulatorios) y para el diseño (códigos de conducta y estándares). Solo mediante el desarrollo de políticas claras y modelos propios, con marcos éticos robustos, garantizaremos que la tecnología sea una fuerza que potencie la esencia humana y no una que la desplace.
 Referencias
Finnie-Ansley, J., Denny, P., Luxton-Reilly, A., Santos, E., Prather, J., & Becker, B. (2023). My AI Wants to Know if This Will Be on the Exam: Testing OpenAI’s Codex on CS2 Programming Exercises. En Proceedings of the 25th Australasian Computing Education Conference (pp. 97-104).
García-Peñalvo, F., & Conde-González, M. (2017). El aprendizaje adaptativo basado en inteligencia artificial. Revista Iberoamericana de Educación a Distancia, 20(1), 13-34.
Gates, B. (21 de marzo de 2023). The age of AI has begun. https://www.gatesnotes.com/The-Age-of-AI-Has-Begun
Siemens, G., & Long, P. (2011). Penetrating the fog: Analytics in learning and education. EDUCAUSE Review, 46(5), 30-32.
Usman, H., Nawaz, B., & Naseer, S. (2023). The Future of State Sovereignty in the Age of Artificial Intelligence. Journal of Law & Social Studies, 5(2), 142-152.
Victorino Guzmán, J., & Berdugo-Lattke, M. L. (2024). Uso inteligente de la IA para docentes y estudiantes. Ediciones Universidad Central.
Zhai, X., Chu, X., Chai, C., Jong, M., Istenic, A., Spector, M., Liu, J., Yuan, J., & Li, Y. (2021). A Review of Artificial Intelligence (AI) in Education from 2010 to 2020. Complexity, 1-18.