viernes, 13 de febrero de 2026

Bienestar docente y pensamiento emocional: fundamentos para una educación humanizada y sostenible

 


Bienestar docente y pensamiento emocional: fundamentos para una educación humanizada y sostenible

En el escenario educativo contemporáneo, marcado por la aceleración tecnológica, la presión institucional y la creciente complejidad social, el bienestar del profesorado emerge como un eje estructural para la sostenibilidad del sistema educativo. En Bienestar docente y pensamiento emocional, Carlos Hué García desarrolla una propuesta teórica y reflexiva que sitúa la dimensión emocional del docente en el centro del proceso educativo, argumentando que la calidad de la enseñanza depende, en gran medida, del equilibrio afectivo y cognitivo de quienes educan

El texto no se limita a una aproximación descriptiva, sino que propone una relectura profunda del papel del docente desde una perspectiva integradora, en la que emoción y razón constituyen dimensiones inseparables de la práctica pedagógica.

1. El bienestar docente como construcción integral

Hué García plantea que el bienestar docente no debe entenderse como un estado circunstancial de satisfacción, sino como una construcción integral que articula factores personales, profesionales e institucionales

Esto implica reconocer que el docente no es únicamente un transmisor de contenidos, sino un sujeto que experimenta emociones, tensiones, expectativas y responsabilidades complejas.

Desde esta perspectiva, el bienestar no es un elemento accesorio del sistema educativo, sino una condición estructural para su funcionamiento adecuado. Cuando el docente mantiene equilibrio emocional, sentido de propósito y reconocimiento profesional, se fortalece su capacidad de mediación pedagógica, su creatividad didáctica y su disposición para la innovación

El autor subraya que el trabajo docente se desarrolla en un entorno altamente relacional, donde la interacción constante con estudiantes, colegas y familias exige competencias emocionales avanzadas. En consecuencia, el bienestar no puede reducirse a factores individuales, sino que debe analizarse dentro de un marco organizacional y cultural más amplio.

2. Pensamiento emocional: integración de razón y afectividad

Uno de los aportes conceptuales más relevantes del texto es la noción de pensamiento emocional. Hué García argumenta que el pensamiento humano no opera exclusivamente desde la lógica racional, sino que está atravesado por esquemas emocionales que condicionan la percepción, la interpretación y la toma de decisiones.

En el ámbito educativo, esto significa que el docente no solo evalúa situaciones desde criterios cognitivos, sino también desde experiencias afectivas acumuladas. El pensamiento emocional implica reconocer esta interacción y gestionarla de manera consciente.

La integración de emoción y cognición permite:

  • Interpretar conflictos escolares con mayor empatía.

  • Regular respuestas ante situaciones de estrés.

  • Generar climas de aula más seguros y colaborativos.

  • Fomentar relaciones pedagógicas basadas en el respeto y la comprensión

Lejos de contraponer emoción y racionalidad, el autor propone su articulación como fundamento de una práctica docente más consciente y reflexiva. En este sentido, el pensamiento emocional se convierte en una competencia profesional indispensable.

3. El malestar docente: causas y consecuencias

El análisis del malestar docente constituye otro eje fundamental de la obra. Hué García identifica que el desgaste profesional no surge exclusivamente del trabajo en el aula, sino de un conjunto de factores estructurales como la sobrecarga administrativa, la presión evaluativa, la falta de reconocimiento social y las expectativas institucionales desproporcionadas.

El malestar no solo afecta la salud emocional del profesorado, sino que repercute directamente en la dinámica educativa. Entre sus consecuencias se encuentran:

  • Disminución de la motivación profesional.

  • Reducción de la creatividad pedagógica.

  • Deterioro del clima emocional del aula.

  • Incremento del riesgo de agotamiento profesional

Desde esta perspectiva, el bienestar docente adquiere una dimensión preventiva. Promover la salud emocional del profesorado no solo beneficia al individuo, sino que fortalece la comunidad educativa en su conjunto.

4. Implicaciones para la formación docente

Una de las conclusiones más relevantes del texto es la necesidad de incorporar la educación emocional en la formación inicial y continua del profesorado

Tradicionalmente, los programas formativos han priorizado contenidos disciplinares y estrategias didácticas, dejando en segundo plano la dimensión emocional.

Hué García propone que la formación docente contemple:

  • Procesos sistemáticos de autoconocimiento emocional.

  • Estrategias de regulación afectiva ante situaciones de conflicto.

  • Espacios de reflexión colectiva sobre experiencias profesionales.

  • Desarrollo de competencias socioemocionales aplicadas al aula

Esta propuesta no implica “psicologizar” la docencia, sino reconocer que la educación es una práctica humana que requiere equilibrio interno y habilidades relacionales sólidas.

5. Hacia una cultura escolar del bienestar

El texto invita a trascender la visión individualista del bienestar y a promover una cultura institucional que valore el equilibrio emocional como parte esencial del proyecto educativo  Esto supone repensar las políticas escolares desde un enfoque integral que contemple:

  • Climas organizacionales colaborativos.

  • Liderazgos pedagógicos sensibles a la dimensión emocional.

  • Espacios de diálogo y acompañamiento profesional.

  • Reconocimiento social del trabajo docente.

En esta línea, el bienestar docente deja de ser un asunto privado para convertirse en una responsabilidad compartida.

Reflexión final: educar desde la conciencia emocional

La obra de Hué García nos recuerda que la educación no puede reducirse a estándares, métricas o tecnologías. En su núcleo se encuentra la relación humana entre docente y estudiante. Si el docente experimenta equilibrio, conciencia emocional y sentido de propósito, el proceso educativo se fortalece de manera significativa.

El bienestar docente y el pensamiento emocional no constituyen conceptos accesorios, sino fundamentos para una educación auténticamente humanizada. Atender esta dimensión no solo mejora el desempeño profesional, sino que contribuye a construir comunidades educativas más resilientes, empáticas y sostenibles.

Referencia

Hué García, C. (2008). Bienestar docente y pensamiento emocional. Wolters Kluwer España


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