Educar en tiempos líquidos: los retos de aprender cuando todo cambia
Por: Divulgando Ciencia con Tino
Introducción: cuando el mundo cambia más rápido que nuestras certezas
¿Para qué educamos cuando aquello que hoy consideramos indispensable puede perder vigencia mañana? ¿Qué significa formar a una persona cuando el conocimiento se multiplica, las tecnologías modifican las formas de trabajar y comunicarnos y las identidades parecen estar en permanente transformación?
Estas preguntas adquieren especial relevancia a la luz de la obra Los retos de la educación en la modernidad líquida, de Zygmunt Bauman. Publicado originalmente en español por Gedisa en 2007, el texto plantea una relación inquietante entre las transformaciones sociales de la modernidad líquida y la manera en que concebimos la educación. Bauman sostiene que la educación ya no puede pensarse exclusivamente como acumulación de conocimientos destinados a acompañar a una persona durante toda su vida, porque vivimos en una sociedad caracterizada por la velocidad, la incertidumbre, el consumo y la transformación constante (Bauman, 2007).
La metáfora de lo "líquido" resulta poderosa porque permite comprender una transformación social profunda: aquello que en la modernidad sólida parecía relativamente estable -instituciones, profesiones, identidades, relaciones, conocimientos y proyectos de vida- se vuelve más flexible, provisional y susceptible de modificación. Bauman no presenta esta transformación como una simple innovación tecnológica; se refiere a una nueva condición social que afecta nuestra relación con el tiempo, el conocimiento, el trabajo y nosotros mismos.
El desafío educativo, por tanto, no consiste simplemente en enseñar más contenidos. Consiste en preguntarnos qué tipo de persona necesita formar la educación en una sociedad donde la permanencia ya no puede darse por sentada.
1. De la modernidad sólida a la modernidad líquida
Para comprender la propuesta de Bauman es necesario detenernos en su concepto de modernidad líquida.
La modernidad sólida estaba asociada con estructuras relativamente duraderas. La trayectoria educativa podía imaginarse como un proceso acumulativo: estudiar, obtener una preparación profesional, incorporarse al mundo laboral y utilizar durante un periodo prolongado aquello que se había aprendido.
El conocimiento podía percibirse como una especie de patrimonio intelectual. Aprender significaba adquirir algo que aumentaba nuestro capital cultural y profesional y que, idealmente, permanecería útil durante mucho tiempo.
En la modernidad líquida esta lógica se modifica. La estabilidad pierde valor frente a la capacidad de adaptación. La sociedad contemporánea exige capacidad de movimiento, actualización y reinvención. En consecuencia, el conocimiento corre el riesgo de convertirse en un producto de consumo: algo que se adquiere, se utiliza durante cierto tiempo y posteriormente puede ser reemplazado.
Esta transformación tiene una consecuencia educativa fundamental: ya no basta con preparar a una persona para desempeñar una función; necesitamos prepararla para aprender, desaprender y volver a aprender a lo largo de su vida.
La investigación contemporánea coincide parcialmente con este diagnóstico. Los análisis actuales sobre educación en modernidad líquida señalan precisamente la obsolescencia acelerada de conocimientos y competencias y la necesidad de pensar la formación como un proceso permanente, no como una etapa cerrada de la existencia (Meirinhos & Portela, 2023).
Pero aquí aparece una paradoja.
Si todo cambia, ¿debemos convertir la educación en un entrenamiento permanente para el cambio?
Bauman nos obliga a responder que no.
2. El "síndrome de la impaciencia": vivimos con prisa por llegar
Uno de los conceptos más provocadores del texto es el síndrome de la impaciencia.
En la sociedad líquida, esperar deja de percibirse como una condición normal de los procesos humanos y comienza a interpretarse como una pérdida. El tiempo adquiere un valor económico y social cada vez mayor. Lo importante parece ser obtener resultados rápidamente.
La consecuencia educativa es significativa.
Aprender requiere tiempo.
Sin embargo, buena parte de nuestra cultura contemporánea funciona bajo una lógica opuesta: respuesta inmediata, satisfacción inmediata, información inmediata y resultados inmediatos.
La educación entra entonces en tensión con una cultura de la velocidad.
Un estudiante puede acceder en segundos a miles de fuentes de información, pero eso no significa que pueda distinguir cuáles son confiables, comprenderlas críticamente o incorporarlas como conocimiento significativo.
Aquí aparece una diferencia fundamental entre información y conocimiento.
La información puede llegar rápidamente. El conocimiento, en cambio, necesita elaboración.
Esta distinción es especialmente importante en la era digital. La UNESCO ha advertido que la incorporación de tecnologías en educación no garantiza por sí misma mejores aprendizajes; su valor depende de las condiciones pedagógicas, de la equidad, de los objetivos educativos y de la manera en que se utilicen (UNESCO, 2023).
Por ello, una educación verdaderamente pertinente no debería competir con la velocidad de internet.
Debería enseñar a detenerse frente a ella.
3. El conocimiento: de patrimonio a producto
Uno de los planteamientos centrales de Bauman consiste en observar cómo cambia el significado social del conocimiento.
En una concepción tradicional, aprender significaba adquirir conocimientos suficientemente duraderos como para constituir una base intelectual para el resto de la vida. En la modernidad líquida, esa promesa se debilita.
El conocimiento puede convertirse en algo temporal.
Lo aprendemos para resolver un problema, conseguir un empleo, superar una evaluación o responder a determinada exigencia y, posteriormente, puede ser sustituido por información nueva.
Esta situación genera una tensión entre dos modelos educativos.
El primero entiende la educación como acumulación.
El segundo la concibe como capacidad de navegación.
En el primer modelo, el estudiante intenta poseer la mayor cantidad posible de conocimientos.
En el segundo, desarrolla la capacidad de localizar, interpretar, cuestionar, relacionar y utilizar conocimientos de manera responsable.
La segunda perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto contemporáneo. El proyecto Future of Education and Skills 2030 de la OCDE plantea que la educación necesita desarrollar conocimientos, habilidades, actitudes y valores, además de promover la agencia del estudiante para que pueda orientarse en contextos desconocidos y participar responsablemente en la sociedad (OECD, n.d.).
Esto permite reinterpretar a Bauman desde una perspectiva pedagógica actual.
La educación no debe abandonar el conocimiento; debe cambiar la relación que establecemos con él.
No se trata de memorizar menos por principio, sino de comprender que memorizar algo sin poder utilizarlo, cuestionarlo o relacionarlo con otros saberes tiene un valor limitado.
4. ¿La memoria está perdiendo valor?
Bauman dedica también una reflexión importante a la memoria.
En una sociedad caracterizada por la renovación constante, recordar puede parecer poco funcional. Las novedades adquieren prioridad y el presente termina desplazando al pasado.
Pero una educación sin memoria enfrenta un peligro: perder la capacidad de comprender por qué pensamos como pensamos.
La memoria no es únicamente almacenamiento de datos. También es continuidad.
Nos permite establecer relaciones entre acontecimientos, comprender procesos históricos, reconocer consecuencias y construir identidad.
Una sociedad que únicamente mira hacia adelante corre el riesgo de confundir innovación con progreso.
Aquí existe una paradoja particularmente importante para la educación contemporánea:
necesitamos educar para el futuro sin destruir la capacidad de comprender el pasado.
La memoria histórica, científica, cultural y social no constituye un obstáculo para la innovación. Por el contrario, permite establecer criterios para decidir qué debería cambiar y qué merece conservarse.
La educación, entonces, no puede reducirse a preparar para "lo nuevo". También debe enseñar a interpretar críticamente aquello que heredamos.
5. El gran problema: formar para un futuro que no conocemos
Quizá la pregunta más difícil que plantea Bauman sea también la más actual:
¿cómo podemos preparar a los estudiantes para un futuro que no conocemos?
Durante mucho tiempo, la educación pudo establecer una relación relativamente directa entre formación y ocupación. Una persona estudiaba para ejercer una profesión que probablemente conservaría durante buena parte de su trayectoria laboral.
Hoy esa relación es mucho menos predecible.
La transformación digital, la inteligencia artificial, la automatización, las nuevas formas de empleo y la reorganización de los mercados laborales dificultan prever qué conocimientos serán suficientes dentro de diez o veinte años.
La OCDE parte precisamente de una pregunta semejante al plantear su proyecto sobre el futuro de la educación: ¿cómo preparar a los estudiantes para empleos que todavía no han sido creados y para problemas sociales que quizá todavía no podemos imaginar?
La respuesta no puede consistir en intentar adivinar el futuro.
La alternativa es desarrollar capacidades transferibles.
Pero incluso esta lista debe manejarse con cautela.
No tendría sentido sustituir una educación centrada en contenidos por otra obsesionada exclusivamente con "competencias". Las competencias necesitan conocimiento para desarrollarse y el conocimiento necesita competencias para convertirse en acción significativa.
La verdadera tarea consiste en integrar ambos elementos.
6. La tecnología no elimina el problema educativo
Es tentador afirmar que la respuesta a los desafíos descritos por Bauman se encuentra en la tecnología.
Pero esta solución puede ser engañosa.
La tecnología amplifica las capacidades humanas, pero también puede amplificar problemas ya existentes.
Un sistema educativo que carece de propósito pedagógico no se transforma automáticamente por utilizar herramientas digitales.
La UNESCO advierte que la tecnología educativa debe evaluarse considerando su pertinencia, equidad, evidencia, calidad y efectos reales sobre el aprendizaje. La digitalización puede generar oportunidades, pero también desigualdades y nuevas formas de exclusión (UNESCO, 2023).
La OCDE, por su parte, plantea la necesidad de construir ecosistemas digitales educativos confiables, efectivos y equitativos, donde las tecnologías -incluida la inteligencia artificial- estén sujetas a criterios pedagógicos y éticos (OECD, 2023).
Por eso, la pregunta no debería ser:
"¿Qué tecnología debemos incorporar a la educación?"
La pregunta más importante es:
"¿Qué finalidad educativa queremos alcanzar y qué tecnología puede ayudarnos a conseguirla?"
La diferencia parece pequeña, pero es fundamental.
7. El profesor en la modernidad líquida
La tesis de Bauman también interpela directamente al docente.
Si el conocimiento cambia constantemente, el profesor ya no puede concebirse únicamente como la persona que posee información y la transmite a estudiantes que carecen de ella.
Esto no significa que el docente haya perdido importancia.
Ocurre exactamente lo contrario.
Su función se vuelve más compleja.
El docente debe ayudar a los estudiantes a construir criterios para orientarse en medio de un exceso de información. Debe enseñar a formular preguntas, evaluar fuentes, construir argumentos, reconocer sesgos y relacionar conocimientos.
En otras palabras, la autoridad docente no desaparece: se transforma.
El profesor contemporáneo es menos un "depositario" del conocimiento y más un mediador entre el estudiante, el conocimiento, la sociedad y los problemas del mundo.
Esta transformación coincide con la visión de la OCDE, que reconoce la agencia docente, el bienestar profesional y las competencias del profesorado como componentes esenciales de los ecosistemas educativos del futuro.
8. Educación permanente: aprender durante toda la vida
Una de las consecuencias más fecundas del planteamiento de Bauman es la reivindicación de la educación como proceso permanente.
Pero aquí debemos evitar una interpretación reduccionista.
La educación permanente no significa estar constantemente acumulando cursos, certificados y habilidades laborales.
Una persona no debería convertirse en una especie de "proyecto productivo" que debe actualizarse permanentemente para mantener su valor en el mercado.
La educación tiene una finalidad más amplia.
UNESCO ha planteado que el derecho a la educación debe entenderse a lo largo de toda la vida y que la educación debe fortalecerse como bien público y común. Esa visión implica superar una concepción exclusivamente instrumental de la educación y recuperar su dimensión social, cultural, ética y democrática (UNESCO, 2021).
Esto permite regresar a una de las preocupaciones fundamentales de Bauman.
La educación no debería preparar únicamente trabajadores capaces de adaptarse al mercado.
Debe formar ciudadanos capaces de comprender, participar y transformar la sociedad.
9. Educar para la ciudadanía en un mundo líquido
Aquí probablemente se encuentra la dimensión más profunda de la propuesta de Bauman.
En medio de la aceleración social, la educación puede convertirse en uno de los pocos espacios donde todavía sea posible detenerse, dialogar y pensar colectivamente.
La escuela, la universidad y los espacios comunitarios pueden ser lugares donde una persona aprenda no solamente a resolver problemas individuales, sino también a reconocer problemas colectivos.
Esto resulta especialmente importante en sociedades caracterizadas por polarización, desinformación, desigualdad y fragmentación.
Una educación orientada exclusivamente al éxito individual puede terminar reproduciendo precisamente las condiciones sociales que Bauman critica.
Por el contrario, una educación democrática debería cultivar la capacidad de escuchar, argumentar, colaborar y convivir con la diferencia.
La UNESCO ha señalado que la renovación educativa requiere precisamente recuperar una visión de la educación vinculada con la justicia, la cooperación, la cohesión social y la construcción de futuros compartidos.
Por ello, la pregunta fundamental no es solamente:
¿Qué debe saber un estudiante?
También debemos preguntar:
¿Qué clase de ciudadano queremos que ese conocimiento contribuya a formar?
10. ¿Qué implica todo esto para la educación actual?
La lectura de Bauman no debería llevarnos a concluir que la educación tradicional es inútil ni que todo debe cambiar.
Su valor consiste precisamente en obligarnos a reconsiderar nuestras prioridades.
Una educación pertinente para la modernidad líquida debería conservar algunas funciones fundamentales de la tradición educativa -conocimiento disciplinar, memoria, lectura, escritura, argumentación y rigor intelectual-, pero incorporando capacidades que permitan desenvolverse en entornos inciertos.
Esto implica, entre otras cosas, recuperar cinco principios.
Primero: enseñar a pensar antes que enseñar solamente a responder.
La respuesta puede estar disponible en segundos; formular una buena pregunta sigue siendo una capacidad profundamente humana.
Segundo: recuperar el valor de la espera.
No todo aprendizaje debe ser inmediato. La comprensión profunda necesita tiempo.
Tercero: distinguir información de conocimiento.
Tener acceso a una enorme cantidad de información no significa comprenderla.
Cuarto: enseñar a convivir con la incertidumbre.
El objetivo no puede ser garantizar que el estudiante conozca exactamente qué sucederá, sino que pueda actuar responsablemente cuando aquello esperado no suceda.
Quinto: recuperar la dimensión ética y ciudadana de la educación.
La formación no puede quedar subordinada a las exigencias inmediatas del mercado.
Conclusión: educar cuando nada parece permanecer
Zygmunt Bauman escribió sobre la educación en un contexto distinto al actual, pero muchas de sus preguntas mantienen una sorprendente vigencia.
La revolución digital, la inteligencia artificial y la expansión de las redes sociales incluso han intensificado algunos de los fenómenos que Bauman observaba: aceleración, abundancia de información, renovación permanente, consumo rápido y debilitamiento de algunas formas tradicionales de estabilidad.
Pero interpretar su propuesta como una simple crítica a la sociedad contemporánea sería insuficiente.
Bauman nos invita a pensar más profundamente.
Si vivimos en una sociedad líquida, la educación no puede volverse líquida en el sentido de perder todo aquello que proporciona orientación, profundidad y sentido.
Al contrario.
Cuanto mayor sea la velocidad del mundo, más necesaria será la capacidad de detenerse.
Cuanto mayor sea la cantidad de información, más importante será el pensamiento crítico.
Cuanto más cambiantes sean las profesiones, mayor será la necesidad de aprender durante toda la vida.
Cuanto más fragmentadas estén nuestras sociedades, mayor será la importancia de educar para el diálogo y la ciudadanía.
Y cuanto más incierto sea el futuro, más necesario será formar personas capaces de construirlo responsablemente.
Tal vez éste sea el gran reto de la educación en la modernidad líquida: no enseñar a los estudiantes a vivir en un mundo que ya no existe, sino proporcionarles las herramientas intelectuales, éticas, sociales y humanas necesarias para participar en la construcción del mundo que todavía no existe.
La educación no puede detener el cambio.
Pero sí puede enseñarnos a comprenderlo, cuestionarlo y orientarlo.
Y en una época donde todo parece destinado a cambiar, quizá esa sea una de las formas más profundas de permanencia que todavía podemos ofrecer.
Referencias
Bauman, Z. (2005). Education in liquid modernity. Review of Education, Pedagogy, and Cultural Studies, 27(4), 303-317. https://doi.org/10.1080/10714410500338873
Bauman, Z. (2007). Los retos de la educación en la modernidad líquida. Gedisa.
Meirinhos, M., & Portela, L. de J. (2023). Education in liquid modernity: Educate and forming in an uncertain world. Revista Produção e Desenvolvimento, 9. https://doi.org/10.32358/rpd.2023.v9.621
OECD. (2023). OECD digital education outlook 2023: Towards an effective digital education ecosystem. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/c74f03de-en
OECD. (n.d.). The OECD Learning Compass 2030. OECD.
UNESCO. (2021). Reimagining our futures together: A new social contract for education. UNESCO.
UNESCO. (2023). Global education monitoring report 2023: Technology in education - A tool on whose terms? UNESCO. https://doi.org/10.54676/UZQV8501

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