viernes, 5 de septiembre de 2025

Aprender a aprender: Estrategias científicas para transformar la manera de estudiar

 



En la sociedad actual, aprender no es solo una habilidad escolar: es una competencia de vida. Ya sea en la universidad, en el trabajo o en los retos cotidianos, necesitamos estrategias efectivas que nos permitan gestionar la atención, retener información y aplicar conocimientos en distintas situaciones. Barbara Oakley, Terrence Sejnowski y Alistair McConville, en Aprender a aprender (2021), nos ofrecen una guía práctica basada en la neurociencia y la psicología cognitiva que desmonta mitos y brinda técnicas útiles para estudiantes de cualquier edad.

1. El cerebro como motor del aprendizaje

El cerebro humano es un sistema flexible capaz de modificarse y fortalecerse con la práctica. Oakley explica que cualquiera puede mejorar en áreas que antes parecían imposibles, como las matemáticas o los idiomas, si se adoptan las herramientas correctas. Este proceso se llama neuroplasticidad, y significa que las conexiones neuronales se fortalecen cada vez que aprendemos algo nuevo o practicamos una habilidad (Oakley et al., 2021).

Esto rompe con la idea de que solo “los talentosos” pueden dominar ciertas materias. La evidencia científica demuestra que la constancia y las técnicas adecuadas superan al talento natural.

2. Dos modos de pensar: centrado y disperso

El aprendizaje no ocurre solo cuando nos concentramos intensamente. Oakley identifica dos modos de funcionamiento cerebral:

  • Modo centrado 🧩: se activa cuando estamos atentos a una tarea concreta, como resolver un problema matemático o leer un texto difícil. Es analítico, lógico y preciso.

  • Modo disperso 🌌: aparece cuando la mente está relajada, soñando despierta o divagando. Aquí se producen conexiones inesperadas y surge la creatividad.

El verdadero aprendizaje ocurre cuando el cerebro alterna entre ambos modos. Por ejemplo, después de estudiar una fórmula, un paseo o incluso dormir ayuda a que el cerebro consolide lo aprendido. Esta combinación potencia tanto la comprensión como la creatividad (Oakley et al., 2021, pp. 145-150).

3. La lucha contra la procrastinación: técnica Pomodoro

Uno de los mayores enemigos del aprendizaje es la procrastinación, es decir, posponer lo que debemos hacer. La neurociencia revela que pensar en una tarea desagradable activa en el cerebro zonas relacionadas con el dolor. Sin embargo, esa incomodidad desaparece a los 15-20 minutos de comenzar (Oakley et al., 2021).

Para combatirlo, Oakley recomienda la técnica Pomodoro:

  1. Elimina distracciones (móvil, redes sociales, TV).

  2. Usa un temporizador y trabaja 25 minutos enfocado en una sola tarea.

  3. Haz una pausa de 5 minutos con una actividad relajante.

  4. Repite el ciclo y, después de 4 Pomodoros, toma un descanso más largo.

Este método entrena al cerebro como si fuera un músculo: poco a poco aumenta la capacidad de concentración y convierte el estudio en un hábito productivo.

4. El poder del recuerdo activo

Uno de los errores más comunes al estudiar es subrayar y releer pasivamente. Aunque parece útil, en realidad genera una ilusión de aprendizaje. Para consolidar el conocimiento es más eficaz el recuerdo activo, que consiste en:

  • Leer un fragmento y luego cerrar el libro para intentar recordar las ideas clave.

  • Explicarle el tema a otra persona sin apoyos visuales.

  • Usar tarjetas de memoria (flashcards) o auto-cuestionarios.

Este proceso obliga al cerebro a recuperar la información, fortaleciendo las conexiones neuronales y mejorando la memoria a largo plazo (Oakley et al., 2021, pp. 175-180).

5. El descanso como parte del aprendizaje

Dormir bien, realizar pausas activas y practicar ejercicio físico son aliados fundamentales. Mientras dormimos, el cerebro consolida lo aprendido y limpia toxinas que dificultan la atención. Esto explica por qué, muchas veces, después de descansar encontramos la solución a un problema que parecía imposible la noche anterior.

6. Implicaciones para la vida diaria

Las estrategias de Aprender a aprender no solo sirven para aprobar exámenes. También son útiles para:

  • Aprender un nuevo idioma con mayor eficacia.

  • Optimizar la capacitación laboral.

  • Desarrollar creatividad en proyectos artísticos o de innovación.

  • Mejorar habilidades prácticas como tocar un instrumento, cocinar o programar.

Al aplicar estas herramientas, dejamos de ver el estudio como un castigo y lo convertimos en una aventura intelectual que fortalece nuestra autonomía y abre puertas en el futuro.

Conclusión

El mensaje central de Oakley y sus coautores es optimista: aprender es una habilidad que se entrena. No se trata de estudiar más horas, sino de estudiar mejor. Al comprender cómo funciona el cerebro, alternar entre modos de pensamiento, aplicar técnicas como el Pomodoro y el recuerdo activo, y valorar el descanso, cualquiera puede potenciar su capacidad de aprendizaje.

Así, “aprender a aprender” se convierte en una herramienta no solo académica, sino también vital, que nos prepara para un mundo en constante cambio.

📚 Referencia 

Oakley, B., Sejnowski, T., & McConville, A. (2021). Aprender a aprender: Cómo tener éxito en la escuela sin pasarte todo el día estudiando. Guía para niños y adolescentes. Ediciones Obelisco.





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