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lunes, 28 de septiembre de 2026

Investigar para comprender, comprender para transformar: el sentido profundo de la investigación educativa

 





Cuando investigar deja de ser un requisito académico y se convierte en una forma de transformar la realidad

Hay una escena que se repite en muchas instituciones educativas: un problema aparece, se comenta en reuniones, se identifica informalmente y, después de algún tiempo, termina convertido en una preocupación cotidiana. Bajo rendimiento, abandono escolar, dificultades de convivencia, problemas de motivación, prácticas docentes que ya no responden a las necesidades del alumnado o decisiones institucionales tomadas con información fragmentaria.

Con frecuencia se intenta solucionar aquello que todavía no se ha comprendido suficientemente.

Aquí comienza una de las preguntas más importantes de la investigación educativa: ¿Qué significa realmente investigar un problema educativo?

La respuesta no consiste únicamente en aplicar cuestionarios, calcular porcentajes, entrevistar personas o redactar un informe. Investigar supone construir conocimiento sistemático acerca de una realidad, reconocer su complejidad, identificar relaciones entre sus componentes y, cuando el propósito lo demanda, utilizar ese conocimiento para intervenir sobre ella.

Esta perspectiva constituye uno de los ejes centrales de Fundamentos de Investigación Educativa, de José Wilson Gómez-Cumpa, Isidoro Benites Morales y Miguel Hugo Ramos Bazán (2005). La obra plantea una concepción de la investigación educativa vinculada con la comprensión crítica de la realidad y con su transformación. No se trata, por tanto, de observar la escuela desde una distancia absoluta, sino de comprenderla desde sus actores, sus problemas, su historia y sus condiciones concretas.
Y esta idea conserva una enorme vigencia.

La investigación educativa comienza donde termina la intuición

En educación, casi todos tenemos explicaciones.

“Los estudiantes ya no leen”.

“Los jóvenes no tienen interés”.

“Los docentes están saturados”.

“Las familias no participan”.

“El problema es la tecnología”.

“El problema es la falta de disciplina”.

“El problema es el sistema”.

Algunas de estas afirmaciones pueden contener elementos de verdad. El problema aparece cuando una interpretación se convierte en explicación definitiva sin haber sido investigada.

La investigación comienza precisamente cuando somos capaces de transformar una preocupación en una pregunta susceptible de ser estudiada.

Gómez-Cumpa et al. (2005) colocan el diagnóstico situacional educativo como una herramienta fundamental para identificar, formular, priorizar y analizar problemas dentro de un contexto determinado. Esto implica reconocer que un problema educativo no existe aislado: afecta a determinados sujetos, ocurre en determinadas condiciones y está relacionado con causas, consecuencias, relaciones y estructuras específicas.
Esto cambia radicalmente la manera de mirar la escuela.

No es lo mismo preguntar:

“¿Por qué los estudiantes tienen bajo rendimiento?”

que preguntar:

“¿Qué factores académicos, socioemocionales, familiares, institucionales y pedagógicos se relacionan con el rendimiento académico de determinados estudiantes en un contexto educativo específico?”

La segunda pregunta no necesariamente es mejor por ser más larga. Es mejor porque delimita el objeto de conocimiento.

Investigar significa aprender a preguntar.

Del problema cotidiano al objeto de investigación

Uno de los aportes metodológicos más interesantes del texto de Gómez-Cumpa y colaboradores consiste en mostrar que el problema de investigación no debe confundirse con una simple dificultad práctica.

Un problema puede ser experimentado por una comunidad, pero para convertirse en problema científico necesita ser delimitado, contextualizado y formulado conceptualmente. La obra relaciona elementos como problema, objeto, objetivo, campo de acción y tareas de investigación, mostrando que estos componentes deben guardar coherencia interna.

Esta distinción es esencial.

Imaginemos una escuela donde se observa un incremento del ausentismo.

El ausentismo es un fenómeno observable.

Pero todavía no sabemos cuál es el problema científico.

Podrían existir múltiples explicaciones:

  • dificultades económicas;
  • necesidad de incorporarse al trabajo;
  • problemas familiares;
  • desmotivación académica;
  • experiencias de violencia;
  • problemas de transporte;
  • horarios poco compatibles;
  • dificultades de aprendizaje;
  • salud física o emocional;
  • percepción negativa de la escuela;
  • prácticas institucionales;
  • o una combinación de varios factores.

Por eso, investigar no consiste en encontrar rápidamente “la causa”.

Consiste en construir evidencia suficiente para distinguir entre explicaciones posibles.

Esta es una de las diferencias fundamentales entre la opinión y el conocimiento científico.

El árbol del problema: aprender a mirar más allá del síntoma

Una de las herramientas propuestas por Gómez-Cumpa et al. (2005) es el árbol del problema, mediante el cual se representa una situación negativa central y se exploran sus relaciones causales y sus consecuencias. La herramienta también obliga a considerar el contexto, los actores involucrados y las estructuras de poder que pueden intervenir en la situación.

Su valor no está únicamente en elaborar un esquema visual.

Su verdadera utilidad está en obligarnos a preguntar:

¿Lo que estoy observando es realmente el problema o solamente una manifestación del problema?

Un estudiante que llega tarde puede estar expresando un problema de transporte.

Pero también puede estar evitando una clase.

O puede estar trabajando.

O puede tener responsabilidades familiares.

O puede experimentar dificultades de sueño.

O puede estar atravesando una situación que la escuela desconoce.

El mismo comportamiento puede tener explicaciones diferentes.

Por ello, una investigación responsable evita convertir inmediatamente una conducta observable en una explicación psicológica, pedagógica o social.

Primero pregunta.

Después recoge evidencia.

Posteriormente interpreta.

Y finalmente contrasta.


Investigar desde dentro de la realidad educativa

Uno de los planteamientos más significativos de la perspectiva crítico-propositiva desarrollada por Gómez-Cumpa et al. es la idea de investigar la realidad educativa desde dentro de ella, reconociendo la relación entre conocimiento, práctica y transformación.

Esto introduce una cuestión epistemológica profunda:

¿Quién tiene derecho a producir conocimiento sobre la educación?

Durante mucho tiempo, la investigación educativa se imaginó como una actividad realizada principalmente por especialistas externos que observaban a profesores y estudiantes.

Sin embargo, el docente también posee un conocimiento situado.

Conoce el aula.

Conoce las dinámicas del grupo.

Reconoce cambios que quizá no aparecen inmediatamente en una base de datos.

Observa comportamientos recurrentes.

Formula hipótesis cotidianamente.

Evalúa resultados.

Modifica estrategias.

Y aprende de la experiencia.

Esto no significa que la experiencia docente sea automáticamente conocimiento científico.

Significa algo más interesante: la experiencia puede convertirse en una fuente legítima de preguntas de investigación cuando se somete a procedimientos sistemáticos de indagación.

La investigación del profesor, por tanto, no debe confundirse con una simple reflexión personal.

Reflexionar es importante.

Investigar exige algo adicional:

hacer explícitas las preguntas, producir evidencia, justificar las decisiones metodológicas, analizar los datos y someter las interpretaciones a contraste.

Una revisión sistemática sobre docentes como evaluadores encontró precisamente que las expectativas sobre las competencias de investigación y evaluación de los profesores han aumentado, pero que todavía existe poca evidencia sobre las estrategias más eficaces para desarrollar esas capacidades.

El docente investigador: entre la práctica y la evidencia

La figura del docente investigador adquiere aquí un significado particularmente relevante.

No se trata de convertir a cada profesor en un investigador profesional a tiempo completo.

Se trata de desarrollar una disposición intelectual:

no aceptar automáticamente que sabemos por qué ocurre algo solamente porque lo hemos observado muchas veces.

Un docente investigador puede preguntarse:

  • ¿Qué evidencia tengo?
  • ¿De dónde procede?
  • ¿Cómo fue obtenida?
  • ¿A quién representa?
  • ¿Qué otras explicaciones son posibles?
  • ¿Qué variables podrían estar interviniendo?
  • ¿Qué sesgos pueden existir?
  • ¿Qué información todavía desconozco?
  • ¿Qué cambiaría si mi hipótesis fuera incorrecta?

Estas preguntas introducen una cultura de pensamiento científico dentro de la práctica educativa.

Y esto es particularmente importante porque la educación está llena de afirmaciones plausibles que no necesariamente cuentan con suficiente evidencia.

La intuición puede generar una hipótesis.

No puede sustituir a la evidencia.

¿Cuantitativo o cualitativo? Una falsa oposición

Otro problema frecuente consiste en convertir los métodos cuantitativos y cualitativos en posiciones enfrentadas.

Desde la perspectiva presentada por Gómez-Cumpa et al. (2005), la elección metodológica debe relacionarse con la naturaleza del objeto de estudio. Su propuesta integradora reconoce aportaciones de distintas perspectivas epistemológicas y metodológicas.

Esto permite superar una falsa dicotomía.

Los números pueden decirnos cuánto ocurre un fenómeno.

Las aproximaciones cualitativas pueden ayudarnos a comprender cómo se experimenta, cómo se interpreta y en qué contexto ocurre.

Por ejemplo, una encuesta podría mostrar que una proporción determinada de estudiantes reporta ansiedad académica.

Pero una entrevista podría ayudar a comprender:

  • qué situaciones desencadenan esa experiencia;
  • cómo la interpretan los estudiantes;
  • qué estrategias utilizan;
  • qué papel desempeñan docentes y compañeros;
  • qué significado atribuyen al rendimiento;
  • y qué condiciones institucionales forman parte de la experiencia.

Los dos tipos de información pueden responder preguntas diferentes.

La cuestión metodológica no debería ser:

“¿Cuál método es mejor?”

Sino:

“¿Qué método o combinación de métodos permite responder de manera más rigurosa la pregunta que hemos formulado?”

La investigación contemporánea sobre métodos mixtos refuerza esta idea. Una revisión sistemática de 119 estudios educativos encontró que la integración entre datos cualitativos y cuantitativos constituye un elemento central de la calidad de los diseños mixtos; entre las estrategias identificadas aparecen la formulación de preguntas mixtas, el muestreo apropiado y diferentes procedimientos para integrar los datos durante el análisis.

Por tanto, mezclar métodos no significa simplemente sumar una encuesta y unas entrevistas.

La integración debe estar pensada desde la pregunta de investigación.

La investigación no termina cuando obtenemos datos

Existe otra confusión frecuente: pensar que una investigación concluye cuando tenemos resultados.

En realidad, ahí comienza una de las etapas intelectualmente más exigentes.

Los datos no hablan por sí mismos.

Necesitan interpretación.

Una tabla puede mostrar que determinada variable tiene mayor frecuencia que otra. Pero todavía debemos preguntarnos qué significa esa diferencia, cuáles son sus límites y qué explicaciones alternativas pueden existir.

La investigación educativa requiere pasar de:

dato → interpretación → explicación → implicación.

Y cada transición debe estar justificada.

Aquí aparece una distinción fundamental entre resultado y conocimiento.

Un resultado es aquello que encontramos.

El conocimiento surge cuando podemos explicar qué significa ese resultado dentro de un marco conceptual y contextual determinado.

Por eso, el rigor no depende únicamente del tamaño de una muestra, del número de gráficas o de la sofisticación estadística.

Depende también de la coherencia entre:

pregunta → teoría → método → datos → análisis → interpretación → conclusión.

La ciencia educativa necesita diálogo con la práctica

El problema no está únicamente en producir investigación.

También está en conseguir que el conocimiento producido pueda utilizarse de manera pertinente.

La OCDE ha documentado que, aunque existe una importante producción de investigación educativa, su utilización sistemática en políticas y prácticas continúa siendo un desafío. Entre las barreras aparecen el tiempo disponible para acceder a la investigación, la ausencia de estructuras adecuadas y problemas de accesibilidad o formatos poco útiles para los usuarios.

Esto plantea una paradoja:

podemos tener más investigación y, al mismo tiempo, no necesariamente tener más decisiones educativas informadas por investigación.

El problema, entonces, no es únicamente producir conocimiento.

También necesitamos aprender a leerlo, evaluarlo, interpretarlo y utilizarlo responsablemente.

La OCDE ha planteado además que utilizar bien la investigación no consiste únicamente en determinar qué evidencia existe, sino en comprender qué significa emplearla con calidad en contextos educativos concretos.

Esto resulta fundamental.

Una intervención que funciona en determinado contexto no necesariamente producirá idénticos resultados en otro.

La evidencia científica no es una receta universal.

Es conocimiento condicionado por:

  • población;
  • contexto;
  • diseño;
  • implementación;
  • recursos;
  • características institucionales;
  • temporalidad;
  • y condiciones sociales.
Del conocimiento a la transformación

La propuesta crítico-propositiva de Gómez-Cumpa et al. introduce una idea especialmente poderosa: la práctica no solamente es un espacio donde se aplican conocimientos; también puede constituirse en fuente, criterio y finalidad del conocimiento. Su planteamiento describe un movimiento que parte de la realidad, construye conocimiento, desarrolla propuestas y vuelve nuevamente a la práctica para contrastar y transformar.

Este ciclo puede representarse de manera sencilla:

Realidad → problema → diagnóstico → explicación → propuesta → intervención → evaluación → nuevo conocimiento.

No es una línea recta.

Es un proceso circular.

Y cada vuelta debería permitir comprender mejor la realidad.

Aquí adquiere importancia la investigación-acción.

Su valor no consiste simplemente en “hacer algo” para resolver un problema. La intervención necesita estar acompañada por una indagación sistemática que permita comprender qué ocurrió, por qué ocurrió y bajo qué condiciones.

La literatura sobre investigación-acción en educación identifica posibilidades relacionadas con el desarrollo profesional docente, el pensamiento crítico y la resolución de problemas, aunque también señala debates y limitaciones que deben considerarse al valorar sus resultados.

Por ello, transformar no significa intervenir impulsivamente.

Transformar científicamente implica intervenir aprendiendo.

De la investigación individual a las comunidades de conocimiento

La investigación educativa también puede cambiar cuando deja de ser una actividad aislada.

Un profesor que investiga su aula puede generar conocimiento relevante.

Pero varias escuelas que comparten preguntas, datos, experiencias y procesos de análisis pueden construir una capacidad colectiva mucho mayor.

Aquí aparecen las asociaciones entre investigación y práctica.

Una revisión sistemática de 57 artículos sobre research-practice partnerships encontró que estas alianzas pueden favorecer diferentes formas de uso de la investigación: desde la aplicación directa de evidencia hasta el desarrollo de nuevas comprensiones y capacidades para que los propios profesionales participen en procesos de mejora.

La idea es especialmente relevante para las instituciones educativas.

La escuela puede dejar de ser únicamente el lugar donde se “aplican” resultados generados en otros espacios.

Puede convertirse también en espacio de producción, interpretación y discusión de conocimiento.

Esto exige condiciones institucionales:

  • tiempo para investigar;
  • formación metodológica;
  • acceso a literatura científica;
  • colaboración entre docentes;
  • acompañamiento;
  • cultura de evaluación;
  • protección ética de los participantes;
  • y espacios para discutir los resultados sin convertirlos automáticamente en instrumentos de sanción.


Investigar también significa reconocer los límites

La ciencia no se fortalece aparentando certeza absoluta.

Se fortalece reconociendo sus límites.

Toda investigación educativa tiene restricciones:

  • una muestra puede no representar a toda la población;
  • un instrumento puede medir solamente determinadas dimensiones;
  • una entrevista está condicionada por la interacción entre investigador y participante;
  • un resultado estadístico no demuestra por sí mismo causalidad;
  • una intervención puede depender del contexto;
  • una investigación transversal puede describir relaciones sin explicar su evolución temporal.

Reconocer estas limitaciones no debilita una investigación.

La hace más honesta.

Por eso, una buena conclusión científica no debería decir:

“Esto demuestra definitivamente que…”

cuando los datos solamente permiten afirmar:

“En esta población, bajo estas condiciones y con este diseño, encontramos evidencia compatible con…”

El lenguaje también forma parte del rigor científico.

¿Qué tipo de investigador necesita la educación?

Quizá una de las preguntas más importantes que surge del documento de Gómez-Cumpa et al. no sea metodológica, sino ética:

¿Para qué investigamos?

Podemos investigar para obtener un grado académico.

Para publicar.

Para conseguir reconocimiento.

Para cumplir indicadores.

Para alimentar un currículum.

Pero también podemos investigar para comprender problemas que afectan a personas concretas.

Esta última finalidad introduce una responsabilidad.

Cuando investigamos sobre estudiantes, docentes, familias o comunidades, no estamos trabajando solamente con variables.

Estamos trabajando con experiencias humanas.

Por ello, la investigación educativa necesita rigor metodológico, pero también responsabilidad ética.

La precisión estadística no compensa una pregunta irrelevante.

Una metodología sofisticada no convierte automáticamente en valiosa una investigación.

Y una gran cantidad de datos no garantiza una buena comprensión.

La pregunta fundamental continúa siendo:

¿qué conocimiento necesitamos producir para comprender mejor una realidad educativa y tomar decisiones más fundamentadas sobre ella?

La investigación educativa como acto de responsabilidad

Investigar es, en última instancia, una forma de asumir responsabilidad frente a lo que todavía no comprendemos.

Cuando una institución afirma que existe un problema, la investigación pregunta:

¿Cómo lo sabemos?

Cuando alguien propone una solución, la investigación pregunta:

¿Qué evidencia la sustenta?

Cuando una intervención parece funcionar, la investigación pregunta:

¿Cómo sabemos que fue la intervención la que produjo el cambio?

Y cuando una estrategia fracasa, vuelve a preguntar:

¿Qué podemos aprender de ese resultado?

Estas preguntas pueden resultar incómodas.

Pero precisamente por eso son necesarias.

La investigación educativa no debería tener como finalidad producir respuestas rápidas.

Su mayor aportación puede consistir en producir preguntas mejores, explicaciones más sólidas y decisiones más conscientes.

Epílogo: comprender antes de transformar

La investigación educativa no comienza con una gráfica.

Comienza con una inquietud.

No termina con una conclusión.

Continúa cuando ese conocimiento regresa a la realidad.

No consiste únicamente en medir.

Consiste también en interpretar.

No pertenece exclusivamente a los investigadores profesionales.

Puede incorporar la experiencia rigurosamente analizada de quienes viven cotidianamente la educación.

Y no debería permanecer encerrada en artículos, tesis o congresos.

El conocimiento adquiere una dimensión social cuando puede dialogar con quienes toman decisiones y con quienes experimentan directamente los problemas que fueron investigados.

La propuesta de Gómez-Cumpa et al. (2005) conserva aquí una idea particularmente poderosa: investigar la realidad educativa para comprenderla críticamente y contribuir a transformarla.

En una época caracterizada por la sobreabundancia de información, quizá la verdadera competencia científica no consista solamente en saber encontrar datos.

Consiste en saber qué preguntar, cómo investigar, cómo interpretar y qué hacer responsablemente con aquello que hemos descubierto.

Porque una educación que no investiga corre el riesgo de repetir explicaciones heredadas.

Una educación que investiga puede comenzar a comprender sus propios problemas.

Y una educación que comprende críticamente tiene mayores posibilidades de transformar aquello que necesita cambiar.

Investigar, entonces, no es simplemente buscar respuestas.

Es aprender a mirar la realidad con suficiente rigor como para no confundir lo que creemos saber con aquello que realmente hemos logrado comprender.

Referencias

Cohen, L., Manion, L., & Morrison, K. (2018). Research methods in education (8th ed.). Routledge.

Gómez-Cumpa, J. W., Benites Morales, I., & Ramos Bazán, M. H. (2005). Fundamentos de investigación educativa. Fondo Editorial FACHSE-UNPRG.

McFadden, A., & Williams, K. E. (2020). Teachers as evaluators: Results from a systematic literature review. Studies in Educational Evaluation, 64, 100830.

Organisation for Economic Co-operation and Development. (2022). Who cares about using education research in policy and practice? Strengthening research engagement. OECD Publishing.

Sjölund, S., Lindvall, J., Munthe, E., & Henriksson, A.-C. (2022). Using research to inform practice through research-practice partnerships: A systematic literature review. Review of Education, 10(1), e3337.

Zhou, Y., Zhou, Y., & Machtmes, K. (2024). Mixed methods integration strategies used in education: A systematic review. Methodological Innovations, 17(1), 41–49.


lunes, 7 de septiembre de 2026

Investigar desde el Sur: otras formas de producir conocimiento sin renunciar al rigor científico

 



¿Quién decide qué conocimiento cuenta como conocimiento?

Cuando pensamos en investigación científica, probablemente imaginamos laboratorios, universidades, instrumentos de medición, bases de datos, artículos especializados y personas expertas que observan una realidad para explicarla. Esta imagen no es equivocada, pero sí resulta incompleta.

Durante mucho tiempo, buena parte de la producción científica moderna se desarrolló bajo la idea de que el conocimiento válido debía responder a determinados criterios de racionalidad, objetividad y universalidad. Estos principios contribuyeron enormemente al desarrollo de la ciencia; sin embargo, también generaron una pregunta que actualmente resulta imposible ignorar:

¿qué sucede con los conocimientos construidos desde las experiencias, territorios, comunidades y culturas que históricamente han quedado fuera de los espacios legitimados de producción científica?

Esta pregunta constituye uno de los puntos de partida para comprender las denominadas Epistemologías del Sur, así como diversas metodologías que buscan ampliar las formas mediante las cuales investigamos, interpretamos y producimos conocimiento.

El libro Investigar desde el Sur. Epistemologías, metodologías y cartografías emergentes, coordinado por Marco Raúl Mejía Jiménez, propone precisamente una reflexión sobre los significados del conocimiento, sus transformaciones y las nuevas formas de aproximarse al acto de conocer. Desde su prólogo, Germán Rey señala que la obra se interesa tanto por las mutaciones del conocimiento como por aquellos saberes que surgen de las tradiciones y recomposiciones sociales.

Pero investigar desde el Sur no significa simplemente cambiar unos conocimientos por otros. Tampoco significa afirmar que todo conocimiento producido fuera de la academia sea automáticamente verdadero, ni que la ciencia moderna carezca de valor. La propuesta es considerablemente más compleja: ampliar nuestra mirada sobre quién produce conocimiento, desde dónde lo produce, para qué lo produce y qué realidades pueden quedar invisibilizadas cuando utilizamos una única manera de investigar.

El conocimiento también tiene territorio

Una de las aportaciones centrales de las epistemologías del Sur consiste en cuestionar la aparente neutralidad de todo proceso de conocimiento.

Investigar nunca ocurre en el vacío. Quien investiga posee una historia, una formación, determinados conceptos, intereses y formas de interpretar el mundo. Asimismo, aquello que se investiga ocurre dentro de contextos históricos, sociales, culturales y territoriales concretos.

Esto no significa que toda investigación sea subjetiva en el sentido de carecer de rigor. Significa reconocer que la producción del conocimiento tiene condiciones sociales e históricas.

Desde esta perspectiva, la pregunta científica deja de ser únicamente "¿cómo puedo conocer este fenómeno?" y comienza a incorporar otras interrogantes:

  • ¿Quién está formulando la pregunta?

  • ¿Desde qué contexto?

  • ¿Qué conocimientos son considerados relevantes?

  • ¿Quiénes participan en la producción de la información?

  • ¿Quién interpreta los resultados?

  • ¿Para quién se produce el conocimiento?

  • ¿Qué voces han quedado fuera?

Estas preguntas no destruyen la investigación científica. Por el contrario, pueden hacerla más reflexiva.

Cuando la experiencia se convierte en fuente de conocimiento

Uno de los ejemplos más interesantes que presenta Investigar desde el Sur aparece en el trabajo de Daniel Hugo Suárez sobre la documentación narrativa de experiencias pedagógicas.

Suárez plantea una modalidad de investigación-formación-acción desarrollada mediante redes de trabajo colaborativo entre docentes e investigadores universitarios. Su propósito consiste en profundizar la comprensión del mundo escolar a partir de las palabras, comprensiones y saberes de los propios educadores.

Aquí aparece una idea especialmente poderosa:

la experiencia no es solamente algo que nos sucede; también puede convertirse en objeto de reflexión y fuente para construir saber pedagógico.

Un profesor que relata una experiencia de aula está haciendo algo más que recordar. Cuando escribe, vuelve sobre lo ocurrido; cuando reescribe, modifica su interpretación; cuando conversa con otros docentes, encuentra perspectivas diferentes; cuando somete su relato a comentarios y críticas, comienza a problematizar aquello que originalmente parecía evidente.

Suárez explica que la documentación narrativa implica precisamente ese proceso de escritura, reescritura, lectura, comentario y conversación entre pares.

Por ello, narrar una experiencia educativa no equivale simplemente a contar una anécdota.

La experiencia se transforma en conocimiento cuando es interrogada, contextualizada, interpretada, contrastada y sometida a reflexión crítica.

Esta distinción es fundamental.

Narrar no significa abandonar el rigor

Existe aquí una confusión que debemos evitar.

Reconocer el valor de la experiencia no significa afirmar que cualquier experiencia constituye, por sí misma, evidencia científica suficiente.

Un docente puede experimentar que determinada estrategia funciona en su grupo. Esa experiencia es valiosa y puede convertirse en una pregunta de investigación. Pero para construir conocimiento más sólido será necesario contextualizarla, analizarla, contrastarla con otras experiencias y relacionarla con marcos conceptuales y procedimientos metodológicos pertinentes.

Precisamente por eso resulta importante la propuesta de Suárez: la documentación narrativa no consiste simplemente en escribir relatos personales. Los relatos son sometidos a sucesivas reelaboraciones mediante lectura, comentarios, conversación, indagación y crítica.

La experiencia, entonces, no sustituye al método: entra en diálogo con él.

Del "objeto de estudio" al sujeto que también interpreta su realidad

Las metodologías participativas introducen otra cuestión importante: la relación entre quien investiga y quienes participan en la investigación.

En ciertos modelos tradicionales, el investigador ocupa una posición claramente diferenciada: observa, recopila información, analiza y produce conocimiento sobre otras personas.

Las metodologías participativas buscan modificar esa relación. La investigación-acción participativa desarrollada por autores como Orlando Fals-Borda y Anisur Rahman, por ejemplo, parte de la participación de los sujetos en los procesos de generación de conocimiento y transformación de sus propias condiciones.

Esto supone reconocer que las personas investigadas no necesariamente son recipientes pasivos de información. También poseen interpretaciones, conocimientos, memorias y experiencias que pueden contribuir a comprender el fenómeno estudiado.

Sin embargo, sería un error convertir esta afirmación en una idealización.

La participación no garantiza automáticamente una investigación rigurosa, democrática o emancipadora.

Y este punto es especialmente importante porque el propio Mejía incorpora una mirada autocrítica sobre las experiencias participativas latinoamericanas.

El peligro de idealizar el "saber popular"

Uno de los aspectos más valiosos de Investigar desde el Sur es que no presenta las metodologías participativas como soluciones perfectas.

Mejía identifica problemas presentes en experiencias anteriores: la sobrevaloración del saber de los grupos populares, la negación de otros conocimientos, la sobreideologización de la crítica, la falsa neutralidad de algunas técnicas participativas y, particularmente, aquellas situaciones en las que un investigador externo termina hablando en nombre de las comunidades que pretende estudiar.

Esta autocrítica es indispensable.

Porque sería tan problemático afirmar que solo el conocimiento académico es válido como sostener que todo conocimiento comunitario es verdadero por el simple hecho de ser comunitario.

Una epistemología plural no debería convertirse en una epistemología acrítica.

La pregunta no debería ser:

"¿Qué conocimiento es superior?"

Sino:

"¿Cómo podemos poner en diálogo diferentes formas de conocimiento sin renunciar a la crítica y al rigor?"

Investigar desde el Sur no significa estar contra la ciencia

Este quizá sea uno de los puntos que más fácilmente pueden malinterpretarse.

Las epistemologías del Sur no deben entenderse como una invitación a abandonar la ciencia, rechazar los métodos científicos o sustituir el conocimiento académico por saberes populares.

El propio Mejía señala que el proceso se construye mediante un diálogo crítico con la tradición euronorteamericana.

La cuestión, por tanto, no consiste en elegir entre "ciencia occidental" y "saberes del Sur" como si fueran dos bloques homogéneos y enfrentados.

Se trata de reconocer que existen distintas tradiciones epistemológicas y que determinados problemas pueden requerir formas más amplias de aproximación.

En otras palabras:

no se trata de destruir el conocimiento científico, sino de cuestionar la idea de que una sola tradición científica posee el monopolio absoluto de todas las formas posibles de conocer.

El concepto de epistemicidio

Esta discusión conduce inevitablemente al trabajo de Boaventura de Sousa Santos.

Santos desarrolla el concepto de epistemicidio para referirse a procesos mediante los cuales determinados conocimientos son deslegitimados, invisibilizados o destruidos como consecuencia de relaciones históricas de poder.

En Epistemologies of the South: Justice Against Epistemicide, Santos vincula la justicia social con la denominada justicia cognitiva, es decir, con el reconocimiento de la existencia de diferentes formas legítimas de conocimiento. La obra fue publicada por Routledge en 2014.

La importancia de este planteamiento consiste en mostrarnos que la desaparición de un conocimiento no es necesariamente un proceso neutral.

Cuando una lengua, una tradición, una práctica comunitaria o una determinada forma de interpretar la naturaleza deja de ser considerada conocimiento legítimo, no solamente desaparece información: también puede desaparecer parte de la memoria y de la identidad de quienes la producen.

Descolonizar la investigación

Una preocupación relacionada aparece en la obra de Linda Tuhiwai Smith, Decolonizing Methodologies: Research and Indigenous Peoples.

Smith analiza críticamente la relación histórica entre investigación, colonialismo y pueblos indígenas, y plantea la necesidad de revisar las formas mediante las cuales la investigación ha representado y estudiado a las comunidades indígenas.

La propuesta no consiste simplemente en "hacer investigación diferente". Implica preguntarse para quién se investiga, quién define los problemas, quién controla los datos, quién interpreta los resultados y quién se beneficia de la investigación.

En este sentido, la metodología adquiere también una dimensión ética.

Investigar no es solamente obtener información.

Investigar implica establecer una relación con otras personas y producir representaciones sobre sus vidas.

Por ello, la responsabilidad del investigador no termina cuando obtiene sus resultados.

Las nuevas formas de producir conocimiento

El debate tampoco se limita a las epistemologías del Sur.

Michael Gibbons y colaboradores, en The New Production of Knowledge (1994), analizaron transformaciones en las formas de producción del conocimiento contemporáneo, incluyendo procesos caracterizados por mayor transdisciplinariedad, heterogeneidad y diversidad de contextos de producción.

Esta obra no constituye una fuente directa de las epistemologías del Sur, pero resulta útil como complemento para comprender un fenómeno más amplio: la producción contemporánea del conocimiento ya no ocurre exclusivamente dentro de los límites tradicionales de las disciplinas académicas y las instituciones universitarias.

Por eso, Gibbons et al. pueden incorporarse al debate como una referencia sobre las transformaciones de la producción del conocimiento, pero no deben presentarse como autores de la propuesta epistemológica de Santos o Mejía.

Una investigación que escucha, pero también cuestiona

Si algo podemos aprender de estas perspectivas es que escuchar a los participantes no significa aceptar automáticamente todas sus interpretaciones.

La investigación requiere escucha, pero también análisis.

Requiere apertura, pero también criterios.

Requiere reconocer conocimientos diversos, pero también someter las afirmaciones a procedimientos de argumentación, contrastación y crítica adecuados al problema estudiado.

Esta combinación resulta particularmente importante en las ciencias sociales y educativas.

Cuando un investigador escucha las experiencias de una comunidad, puede descubrir dimensiones que una encuesta estandarizada no había considerado.

Cuando un docente documenta narrativamente su práctica, puede identificar problemas que permanecían ocultos en las rutinas cotidianas.

Cuando diferentes formas de conocimiento dialogan, pueden surgir nuevas preguntas.

Pero el diálogo epistemológico no debe confundirse con la ausencia de criterios.

Pluralidad no significa relativismo absoluto.

¿Qué puede aportar esta perspectiva a la educación?

En educación, estas ideas tienen consecuencias especialmente relevantes.

Una escuela produce conocimiento constantemente. Lo hacen los investigadores, pero también los docentes, los estudiantes, las familias y las comunidades.

Un maestro conoce las dinámicas de su grupo. Un estudiante conoce aspectos de su propia experiencia que difícilmente pueden observarse desde fuera. Una comunidad posee memoria sobre su territorio. Las familias conocen prácticas educativas construidas a lo largo de generaciones.

Esto no significa que todos estos conocimientos sean equivalentes a una investigación científica formal.

Significa que pueden constituir fuentes relevantes para formular preguntas, comprender contextos, identificar problemas y construir interpretaciones.

La documentación narrativa de Suárez ofrece precisamente un ejemplo de esta posibilidad: los docentes pueden investigar y problematizar sus propias prácticas mediante procesos colectivos de escritura, lectura, conversación y reflexión.

En lugar de considerar al profesor únicamente como ejecutor de teorías elaboradas por otros, esta perspectiva permite verlo también como un profesional capaz de producir conocimiento sobre su propia práctica.

Investigar también es decidir qué merece ser preguntado

Tal vez la enseñanza más profunda de las epistemologías del Sur no esté en una determinada técnica de investigación.

Está en una pregunta mucho más elemental:

¿qué preguntas estamos dejando de hacer?

Toda metodología permite observar determinadas dimensiones de la realidad y puede dejar otras fuera.

Un cuestionario permite obtener determinados datos. Una entrevista permite acceder a determinados relatos. Una observación permite registrar determinados comportamientos. Un archivo conserva determinadas memorias. Una narrativa recupera determinadas experiencias.

Ningún instrumento es absolutamente transparente.

Por eso, investigar también implica reconocer los límites de nuestras propias herramientas.

Mejía señala precisamente que las aproximaciones clásicas pueden resultar insuficientes para explicar determinadas realidades y que es necesario ampliar y replantear los lugares desde los cuales nos acercamos a ellas.

Esto no significa abandonar los métodos existentes.

Significa reconocer que ningún método debería convertirse en una frontera que impida observar aquello que su propio diseño no permite ver.

El verdadero desafío: construir diálogos de conocimiento

Investigar desde el Sur puede entenderse, entonces, como una invitación a ampliar la conversación epistemológica.

No se trata de establecer una nueva jerarquía en la que un conocimiento sustituya a otro.

Se trata de generar condiciones para que diferentes experiencias y tradiciones puedan entrar en diálogo crítico.

El desafío consiste en construir investigaciones capaces de reconocer la experiencia sin idealizarla; incorporar la participación sin convertirla en una simulación; valorar los saberes comunitarios sin negar la necesidad de contrastación; utilizar métodos científicos sin asumir que existe una única forma universal de investigar.

Esta perspectiva resulta especialmente pertinente en sociedades culturalmente diversas, donde los problemas sociales y educativos rara vez pueden explicarse desde una sola disciplina o desde una única mirada.

Una ciencia más consciente de sus propios límites

La ciencia ha transformado profundamente nuestra comprensión del mundo. Sus métodos han permitido combatir enfermedades, explicar fenómenos naturales, desarrollar tecnologías y construir conocimientos que difícilmente podrían haberse obtenido de otra manera.

Reconocer esto es compatible con reconocer también sus límites.

Una ciencia madura no debería temer a la crítica.

Al contrario, la crítica forma parte de la propia tradición científica.

Investigar desde el Sur nos recuerda precisamente que también debemos someter a examen nuestras categorías, nuestros métodos, nuestras preguntas y nuestras posiciones como investigadores.

El conocimiento no se empobrece cuando escucha otras voces.

Se empobrece cuando deja de hacerse preguntas.

Reflexión final: investigar para comprender, no solamente para explicar

Investigar desde el Sur implica mucho más que utilizar una técnica participativa o incorporar testimonios de una comunidad.

Supone una disposición epistemológica: reconocer que nuestras formas de conocer tienen historia, contexto y límites.

Significa aceptar que una experiencia puede contener conocimiento, pero que ese conocimiento debe ser reflexionado y problematizado.

Significa comprender que una comunidad no es simplemente una fuente de datos, sino un espacio donde también se producen interpretaciones sobre la realidad.

Significa reconocer los riesgos de convertir la ciencia en una autoridad incuestionable, pero también los riesgos de sustituirla por un relativismo donde cualquier afirmación sea considerada igualmente válida.

Y, sobre todo, significa comprender que la pluralidad del conocimiento exige más diálogo y más rigor, no menos.

Quizá el verdadero sentido de investigar desde el Sur sea precisamente éste:

aprender a mirar la realidad desde más de un lugar sin perder la capacidad de cuestionar aquello que creemos saber.

Porque investigar no consiste solamente en encontrar respuestas.

También consiste en descubrir que algunas de nuestras preguntas necesitaban ser formuladas de otra manera.

Referencias

Fals-Borda, O., & Rahman, M. A. (Eds.). (1991). Action and knowledge: Breaking the monopoly with participatory action-research. Apex Press.

Gibbons, M., Limoges, C., Nowotny, H., Schwartzman, S., Scott, P., & Trow, M. (1994). The new production of knowledge: The dynamics of science and research in contemporary societies. SAGE.

Mejía Jiménez, M. R. (Coord.). (2022). Investigar desde el Sur: Epistemologías, metodologías y cartografías emergentes. Ediciones Desde Abajo.

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martes, 27 de enero de 2026

Cuando investigar exige integrar miradas: los métodos mixtos como respuesta a la complejidad del conocimiento

 


Introducción

La investigación científica contemporánea enfrenta un desafío central: comprender fenómenos cada vez más complejos, dinámicos y contextualizados. En este escenario, los enfoques tradicionales —cuantitativo y cualitativo—, aunque valiosos, resultan insuficientes cuando se utilizan de manera aislada. Frente a esta limitación, los métodos mixtos de investigación, desarrollados y analizados por Campos Arenas, emergen como una propuesta metodológica integradora, capaz de articular distintas formas de producción de conocimiento sin renunciar al rigor científico.

Este artículo es producto de una reflexión profunda sobre la obra Métodos mixtos de investigación y tiene como finalidad divulgar sus principales aportes, fundamentos y alcances, mostrando por qué este enfoque representa una evolución natural en la investigación científica y una oportunidad formativa para investigadores, docentes y estudiantes.

La superación de la dicotomía metodológica

Campos Arenas (2009) parte de una crítica clara a la tradicional división entre investigación cuantitativa y cualitativa. Durante años, estas perspectivas se presentaron como opuestas e incompatibles, generando debates epistemológicos que fragmentaron la práctica investigativa. Sin embargo, el autor señala que dicha dicotomía responde más a posturas ideológicas que a las verdaderas necesidades de comprensión de la realidad.

Los métodos mixtos surgen, entonces, como una respuesta epistemológica y metodológica que reconoce que los fenómenos sociales, educativos y humanos no pueden reducirse únicamente a cifras ni explicarse solo a partir de discursos. Comprender implica medir, interpretar, contrastar y contextualizar.

Definición y sentido profundo de los métodos mixtos

Según Campos Arenas (2009), los métodos mixtos no consisten simplemente en “usar un poco de lo cuantitativo y un poco de lo cualitativo”. Por el contrario, se trata de un enfoque sistemático, planificado y coherente que integra ambos paradigmas en función de un mismo problema de investigación.

Este enfoque permite:

  • Identificar patrones generales mediante datos cuantificables.

  • Comprender significados, percepciones y experiencias a través del análisis cualitativo.

  • Contrastar resultados para fortalecer la validez de los hallazgos.

  • Generar explicaciones más completas y profundas.

En este sentido, los métodos mixtos no simplifican la investigación, sino que la enriquecen y complejizan de manera consciente.

Fundamentos epistemológicos: el pragmatismo como eje articulador

Campos Arenas (2009) subraya que los métodos mixtos se sustentan en una postura epistemológica pragmática, donde la prioridad no es defender un paradigma, sino responder adecuadamente a las preguntas de investigación. Desde esta lógica, el investigador elige los métodos que mejor se ajustan al fenómeno estudiado, sin restricciones dogmáticas.

Esta postura reconoce que:

  • La realidad es múltiple y cambiante.

  • El conocimiento es construido, no absoluto.

  • La investigación debe adaptarse al contexto.

  • La utilidad del conocimiento es un criterio relevante.

Así, el enfoque mixto promueve una ciencia flexible, reflexiva y contextualizada, capaz de dialogar con distintos niveles de análisis.

Principales características de los métodos mixtos

Campos Arenas (2009) identifica una serie de características que definen este enfoque y lo distinguen de otros diseños metodológicos:

Integración real de enfoques

No se trata de aplicar métodos por separado, sino de articularlos en un mismo diseño investigativo, con coherencia teórica y metodológica.

Complementariedad

Cada enfoque aporta información distinta: lo cuantitativo ofrece amplitud y generalización; lo cualitativo aporta profundidad y significado.

Triangulación

La convergencia de datos permite contrastar resultados, reducir sesgos y fortalecer la credibilidad de los hallazgos.

Diseños de investigación mixta: profundidad metodológica

El texto de Campos Arenas describe distintos diseños de métodos mixtos, los cuales deben seleccionarse cuidadosamente:

Diseño secuencial explicativo

Primero se recogen datos cuantitativos y, posteriormente, datos cualitativos que permiten explicar o profundizar los resultados iniciales.

Diseño secuencial exploratorio

Inicia con una fase cualitativa que explora el fenómeno y posteriormente se emplea el enfoque cuantitativo para generalizar hallazgos.

Diseño concurrente

Ambos enfoques se aplican de manera simultánea, permitiendo un análisis integral del fenómeno en un mismo momento.

Diseño transformativo

Se orienta a problemáticas específicas, integrando los métodos desde una perspectiva crítica o contextual.

Campos Arenas (2009)  enfatiza que el diseño debe responder al problema de investigación, y no al revés, lo que exige una planificación metodológica rigurosa.

Flexibilidad metodológica

El investigador puede adaptar el diseño según la evolución del estudio y las necesidades del contexto.

Mayor rigor interpretativo

La interpretación se enriquece al considerar múltiples fuentes de evidencia.

Estas características hacen de los métodos mixtos una herramienta especialmente pertinente para investigaciones complejas.

Implicaciones formativas y científicas

Uno de los aportes más relevantes de los métodos mixtos es su impacto en la formación de investigadores. Este enfoque fomenta:

  • Pensamiento crítico y analítico.

  • Capacidad de integración teórica.

  • Flexibilidad metodológica.

  • Comprensión profunda de los fenómenos.

  • Actitud reflexiva frente a la producción de conocimiento.

En el ámbito educativo, los métodos mixtos permiten evaluar procesos, resultados y significados, favoreciendo investigaciones más pertinentes y contextualizadas.

Reflexión final: investigar para comprender mejor

La propuesta de Campos Arenas invita a asumir la investigación como un proceso integral, donde medir y comprender no son acciones opuestas, sino complementarias. Los métodos mixtos representan una evolución necesaria de la investigación científica, alineada con la complejidad del mundo actual.

Divulgar este enfoque es fundamental para fortalecer una cultura científica más abierta, crítica y reflexiva, capaz de generar conocimiento significativo y socialmente relevante.

Referencia

Campos Arenas, A. (2009). Métodos mixtos de investigación. Editorial Magisterio.