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jueves, 29 de mayo de 2025

La Investigación-Acción Educativa: Un Camino Transformador para la Práctica Docente


Introducción

En un mundo donde los sistemas educativos enfrentan desafíos complejos y cambiantes, se hace imprescindible contar con herramientas que permitan a los docentes repensar y transformar su práctica desde un enfoque crítico, contextualizado y participativo. La Investigación-Acción Educativa (IAE) es una de esas herramientas, pues permite abordar los problemas reales del aula con el propósito de mejorar la calidad educativa de manera colaborativa.

Más allá de ser un método de investigación, la IAE es una filosofía de trabajo, un compromiso ético-político que empodera a los actores educativos para convertirse en protagonistas del cambio.


¿Qué es la Investigación-Acción Educativa?

La Investigación-Acción Educativa es una metodología de investigación cualitativa orientada a la mejora de la práctica educativa desde la propia experiencia de los actores escolares. Según Rodríguez Sosa (s.f.), esta consiste en:

"Una forma de investigación social con base empírica que se lleva a cabo con y por los participantes, con el objetivo explícito de mejorar sus prácticas, su comprensión de estas y las situaciones en que se llevan a cabo" (p. 7).

Es decir, la IAE no se limita a observar o analizar un fenómeno, sino que lo interviene, transforma y mejora con la participación activa de quienes lo viven. Se trata de una metodología que rompe con la separación entre teoría y práctica, ciencia y acción, investigador e investigado.

Raíces y evolución

La IAE encuentra sus raíces en los trabajos del psicólogo social Kurt Lewin en la década de 1940, quien propuso un modelo de investigación que integraba la planificación, acción y evaluación como un ciclo continuo. Más adelante, autores como Stephen Kemmis, Wilfred Carr, John Elliott y Lawrence Stenhouse ampliaron el enfoque al ámbito educativo, haciendo énfasis en el papel transformador del docente-investigador.

Principios y características esenciales

Entre los principios básicos de la IAE se destacan los siguientes:

Participación democrática: La investigación se realiza con los actores, no sobre ellos.
Reflexividad crítica: La práctica educativa se analiza, cuestiona y replantea a partir de la reflexión colectiva.
Transformación de la realidad: No basta con entender los problemas del aula, es necesario intervenirlos y modificarlos.
Carácter cíclico y sistemático: La IAE se desarrolla en espirales de acción-reflexión que permiten avanzar progresivamente en la mejora educativa.
Construcción colectiva del conocimiento: Los saberes de la comunidad educativa son tan valiosos como los de la academia formal.

Como señala Rodríguez Sosa (s.f.):

“El sujeto que investiga es el mismo que actúa, el mismo que reflexiona y el mismo que decide sobre las mejoras a realizar en su práctica pedagógica” (p. 9).

Fases de la Investigación-Acción Educativa

La IAE se estructura en ciclos, que no necesariamente son lineales, sino espirales y flexibles. Rodríguez Sosa (s.f.) propone las siguientes etapas:

1. Identificación del problema

Parte de una situación problemática dentro del aula o la escuela, detectada por los propios actores. No se trata de elegir cualquier tema, sino aquel que genera inquietud, malestar o necesidad urgente de mejora.

Ejemplo: un docente identifica que sus estudiantes tienen poca participación en clase y desea explorar nuevas estrategias de enseñanza.

2. Planificación de la acción

Se diseñan estrategias de intervención que respondan al problema. Esto incluye establecer objetivos, actividades, recursos, tiempos y criterios de evaluación.

Ejemplo: implementar técnicas de aprendizaje cooperativo para fomentar la participación.

3. Implementación de la acción

Se lleva a cabo la intervención educativa, procurando documentar todos los pasos del proceso con observaciones, registros, diarios, entrevistas, etc.

4. Observación sistemática

Se recopilan evidencias sobre cómo está funcionando la estrategia, qué cambios ocurren y qué resistencias o logros se presentan.

5. Reflexión y evaluación

Se analizan los resultados, se identifican logros y dificultades, y se decide si es necesario repetir el ciclo con ajustes.

Este proceso no termina con una sola intervención. Por el contrario, da pie a nuevas preguntas, lo que convierte a la IAE en un proceso continuo de mejora y transformación

Ventajas y aportaciones de la IAE

La Investigación-Acción Educativa ofrece múltiples beneficios:

Empodera a los docentes: Los convierte en investigadores activos y constructores de saberes sobre su práctica.

Responde a contextos específicos: No aplica soluciones genéricas, sino que se adapta a las realidades concretas de cada comunidad escolar.

Fortalece el trabajo colaborativo: Promueve la participación de todos los actores, creando comunidades de aprendizaje profesional.

Genera conocimientos aplicables: Produce teorías prácticas que pueden ser útiles para otras escuelas en contextos similares.

Además, permite superar la lógica de imposiciones externas en materia educativa, fomentando una autonomía pedagógica comprometida y crítica.

Retos y consideraciones éticas

Implementar procesos de IAE no está exento de desafíos. Algunos de los más comunes son:

Falta de tiempo y recursos: La sobrecarga administrativa y docente puede dificultar la dedicación requerida para investigar.

Resistencia al cambio: A veces los colegas o autoridades educativas muestran desconfianza hacia metodologías no tradicionales.

Necesidad de formación: No todos los docentes tienen experiencia previa en investigación.

Es fundamental asumir el compromiso ético de trabajar con respeto, transparencia y horizontalidad, cuidando la confidencialidad y la integridad de los participantes.

Aplicaciones reales y contexto mexicano

En México, la IAE ha cobrado fuerza especialmente en proyectos de formación continua docente, educación indígena, evaluación formativa, innovación didáctica y construcción de comunidades de aprendizaje. Diversas universidades y colectivos han impulsado líneas de trabajo basadas en este enfoque, reconociendo que las mejores soluciones educativas nacen desde la escuela misma.

En este sentido, la IAE no solo responde a problemas pedagógicos, sino que también permite resistir lógicas tecnocráticas y promover una educación humanista, situada y emancipadora

Conclusión

La Investigación-Acción Educativa representa un enfoque poderoso para repensar la educación desde una perspectiva ética, crítica y transformadora. Al articular la reflexión con la acción, permite a los actores educativos construir respuestas innovadoras a los desafíos que enfrentan, fortaleciendo su autonomía profesional y su compromiso con una educación de calidad y con sentido social.

Como educadores, estamos llamados no solo a reproducir conocimientos, sino a cuestionar nuestras prácticas, colaborar con otros y transformar nuestras escuelas en espacios vivos de aprendizaje y justicia

Referencia

Rodríguez Sosa, J. (s.f.). La investigación acción educativa. ¿Qué es‽ ¿Cómo se hace‽ [Archivo PDF].












 

martes, 27 de mayo de 2025

Los rasgos más valorados del desempeño docente según los estudiantes universitarios

 



La evaluación del desempeño docente es una práctica cada vez más común en las instituciones de educación superior. Lejos de ser una simple herramienta administrativa, constituye un elemento clave para mejorar la calidad de la enseñanza, fortalecer la rendición de cuentas y orientar la toma de decisiones institucionales. Un reciente estudio realizado en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx) ofrece una valiosa perspectiva: la voz de los estudiantes sobre los rasgos más importantes a evaluar en sus profesores.

Una mirada desde los estudiantes

La investigación, llevada a cabo por Sánchez Rincón (2021), tuvo como objetivo identificar los principales rasgos del desempeño docente desde la opinión estudiantil, con base en cuatro dimensiones: personal, disciplinar, didáctico-pedagógica y profesional. El estudio se desarrolló con un enfoque cuantitativo, encuestando a 204 estudiantes de dos programas de licenciatura (Ciencias de la Educación y Comunicación e Innovación Educativa).

Dimensión personal: el respeto como eje fundamental

Los resultados muestran que el respeto del docente hacia los estudiantes fue el rasgo mejor valorado, considerado “excelente”. La atención individual y la motivación para asistir a tutorías también fueron calificadas positivamente, aunque se observó una menor valoración hacia la dedicación del docente fuera del aula (Sánchez Rincón, 2021). Coincidiendo con otros autores, se confirma que las cualidades personales como la empatía y el respeto son fundamentales para un buen desempeño docente (Cabalín et al., 2010; Casero, 2016).

Dimensión disciplinar: dominio del contenido

El dominio del contenido de la materia por parte del docente fue categóricamente valorado como “excelente”. Este hallazgo coincide con diversos estudios que enfatizan que la experticia en la disciplina es una condición básica para una docencia efectiva (Fernández & Luna, 2004; Galván & Farías, 2018).

Dimensión didáctico-pedagógica: planeación y claridad

La planeación de clases, la claridad en la exposición, el uso de distintos medios de enseñanza y la transparencia en los criterios de evaluación fueron algunos de los aspectos mejor valorados dentro de esta dimensión. No obstante, el fomento del trabajo colaborativo y la elaboración de organizadores gráficos fueron aspectos que recibieron calificaciones relativamente más bajas, lo que sugiere un área de mejora, especialmente en modelos educativos basados en el aprendizaje sociocultural (Díaz-Barriga & Hernández, 2010).

Dimensión profesional: puntualidad y compromiso

Finalmente, en la dimensión profesional, los estudiantes valoraron altamente la puntualidad, la asistencia regular y el cumplimiento de horarios por parte de los docentes. Aunque cumplir con el calendario no garantiza el aprendizaje por sí solo, estos aspectos son percibidos como signos de compromiso y profesionalismo (Hickman et al., 2016; Perrenoud, 2008).

Reflexiones finales

Este estudio demuestra que los estudiantes pueden ser evaluadores válidos del desempeño docente, siempre que el instrumento sea confiable y contextualizado. Más allá de cifras, los resultados reflejan expectativas claras: un buen docente debe conjugar conocimiento, habilidades pedagógicas, responsabilidad institucional y una actitud respetuosa hacia el estudiante.

En definitiva, la evaluación del desempeño docente no debe ser vista como un juicio punitivo, sino como una oportunidad para reflexionar y crecer profesionalmente. Escuchar la voz de los estudiantes puede ser un excelente punto de partida.

Referencias 

Cabalín, D., Navarro, N., Zamora, J., & San Martin, S. (2010). Concepción de Estudiantes y Docentes del Buen Profesor Universitario. Int. J. Morphol., 28(1), 283-290. http://dx.doi.org/10.4067/S0717-95022010000100042

Casero, A. (2016). Deconstrucción del “buen profesor”. Revista Electrónica de Investigación y Evaluación Educativa, 22(2). http://dx.doi.org/10.7203/relieve.22.2.9419

Díaz-Barriga, F., & Hernández, G. (2010). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista. McGrawHill.

Fernández, E., & Luna, E. (2004). Evaluación de la docencia y el contexto disciplinario. Revista Mexicana de Investigación Educativa, 9(23), 891–911. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=14002306

Galván, J. O., & Farías, G. M. (2018). Características personales y práctica docente de profesores universitarios. Revista Iberoamericana de Evaluación Educativa, 11(2), 9-33. https://doi.org/10.15366/riee2018.11.2.001

Hickman, H., Alarcón, M. E., Cepeda, M. L., Cabrera, R., & Torres, X. K. (2016). Significado de un buen profesor. Revista Electrónica de Educación. https://sinectica.iteso.mx/index.php/SINECTICA/article/view/636

Perrenoud, P. (2008). La evaluación de los alumnos. De la producción de la excelencia a la regulación de los aprendizajes. Buenos Aires: Colihue.

Sánchez Rincón, R. (2021). Los rasgos a evaluar en el desempeño docente. La voz de los estudiantes. Espacio I+D: Innovación más Desarrollo, 10(28). https://doi.org/10.31644/IMASD.28.2021.a05


lunes, 26 de mayo de 2025

¿Qué esperan los alumnos de su profesor? Una mirada desde la investigación educativa


La educación superior se encuentra en constante transformación, impulsada por cambios tecnológicos, sociales y culturales. En este contexto dinámico, es fundamental preguntarse: ¿qué esperan los alumnos de su profesor? ¿Qué cualidades, actitudes y habilidades son valoradas por quienes ocupan el rol de aprendientes en el aula universitaria? Comprender estas expectativas no solo fortalece la práctica docente, sino que también contribuye al éxito académico y profesional del estudiantado.

Más allá del conocimiento: el rol del docente como guía

Tradicionalmente, se ha considerado al docente como un transmisor de conocimientos. Sin embargo, los estudiantes actuales esperan mucho más que eso. De acuerdo con el estudio de López Gopar y Pérez Gómez (2020), los alumnos universitarios valoran que sus profesores desempeñen un rol más humano y cercano. Esperan encontrar en sus maestros no solo expertos en contenido, sino también mentores que inspiren, acompañen y promuevan el pensamiento crítico y la autonomía.

Las cualidades más valoradas por los estudiantes

En un estudio realizado por Andueza López (2021), se identifican varias cualidades clave que los estudiantes universitarios esperan de sus docentes:

  • Claridad en la exposición: La capacidad de explicar de forma estructurada y comprensible los contenidos curriculares es una de las cualidades más valoradas.

  • Capacidad de motivar: Un buen profesor es aquel que despierta el interés por aprender y genera entusiasmo en sus estudiantes.

  • Accesibilidad y empatía: La disposición para escuchar, comprender y acompañar al alumno en sus procesos personales y académicos es fundamental.

  • Actualización constante: Los estudiantes valoran a los profesores que se mantienen al día con los avances de su disciplina y adaptan sus métodos a los contextos actuales.

La dimensión emocional del aprendizaje

En un entorno universitario muchas veces marcado por el estrés, la incertidumbre y la presión por el rendimiento, el vínculo emocional entre profesor y alumno cobra gran relevancia. Según Conejero-Amorós et al. (2009), la percepción que tiene un estudiante sobre su profesor puede afectar directamente su rendimiento académico. La confianza, la percepción de justicia en la evaluación, y la sensación de ser valorado son aspectos que impactan la permanencia o el abandono de una asignatura.

Las expectativas varían según el contexto y la experiencia

Un hallazgo interesante señalado por López Gopar y Pérez Gómez (2020) es que las expectativas de los estudiantes no son homogéneas. Estas se ven influenciadas por factores como la trayectoria escolar previa, el contexto institucional, la cultura escolar, el género e incluso la etapa de formación en la que se encuentran. Así, por ejemplo, los alumnos de primer ingreso suelen valorar más la organización y claridad, mientras que los más avanzados priorizan la capacidad crítica y el acompañamiento para el desarrollo profesional.

Desarrollo de competencias profesionales: una exigencia del presente

El mercado laboral actual exige que los egresados universitarios cuenten con habilidades para el trabajo colaborativo, la comunicación efectiva, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Los alumnos esperan que sus docentes los preparen no solo para aprobar exámenes, sino para enfrentar la vida laboral con herramientas sólidas. Guevara y Belelli (2009) destacan que los estudiantes valoran que se les brinden experiencias de aprendizaje significativas que integren teoría y práctica, lo que requiere de una docencia comprometida, innovadora y reflexiva.

Retos para la docencia universitaria

Responder a estas expectativas implica importantes desafíos para la docencia. No se trata solo de adoptar nuevas tecnologías o metodologías, sino de repensar el rol docente desde una ética del cuidado y la responsabilidad. El profesor universitario debe ser, como afirma Paulo Freire, un “intelectual comprometido con la transformación social”, capaz de reconocer la diversidad del alumnado y construir saberes de manera dialógica.

Conclusión: hacia una docencia centrada en el estudiante

En suma, los alumnos esperan de sus profesores un equilibrio entre conocimiento disciplinar, habilidades pedagógicas y sensibilidad humana. Esperan claridad, motivación, empatía, compromiso y preparación para la vida profesional. Atender estas expectativas no significa ceder a demandas pasajeras, sino comprender las necesidades reales del estudiantado y construir experiencias educativas que potencien su desarrollo integral.

Como docentes, tenemos la oportunidad de transformar el aula en un espacio de encuentro, crecimiento y emancipación. Escuchar a nuestros alumnos es el primer paso para lograrlo.


Referencias

 

miércoles, 14 de agosto de 2024

Habilidades Socioemocionales en Docentes ¿Competencias por Formar?


Las habilidades socioemocionales son un conjunto de capacidades que nos permiten interactuar y relacionarnos de una forma efectiva con el medio que nos rodea. Estas competencias están relacionadas con nuestras emociones, pensamientos y conductas y generalmente nos ayudan a comprender y a manejar nuestras propias emociones, así como identificar la de los demás. Estas habilidades son fundamentales para el desarrollo individual y social y se trabajan y mejoran constantemente conforme a nuestras experiencias de vida.

En el sector educativo, las habilidades socioemocionales se abordan principalmente en el desarrollo integral de los estudiantes ya que estas permiten a los alumnos a entender y ser responsables de sus emociones, los ayuda a construir su identidad personal y sobre todo a establecer relaciones positivas con los demás. Bajo la perspectiva moderna de la educación, estas habilidades se consideran fundamentales para el éxito profesional y personal a largo plazo.

Sin embargo, pocas veces se han abordado investigaciones sobre las habilidades socioemocionales en docentes de educación media superior. El docente es primordial en el sistema educativo ya que a través de su trabajo transmite conocimientos y genera estrategias para facilitar el proceso de enseñanza de los alumnos, son quienes actúan como mediadores entre los estudiantes y el conocimiento, promoviendo un ambiente de aprendizaje positivo y colaborativo y esto se relaciona directamente con las habilidades socioemocionales.

Las habilidades socioemocionales en los docentes son imprescindibles  para crear un ambiente de aprendizaje positivo y efectivo. Estas habilidades no solo ayudan a los estudiantes, sino que también beneficia a los docentes para manejar el estrés y construir relaciones saludables con sus colegas, institución educativa  y alumnos por lo cual fomentar estas habilidades en la docencia puede impactar positivamente en el clima del aula, reducir los conflictos y promover una cultura de paz y de colaboración en la escuela. Identificar las habilidades socioemocionales en los docentes nos ayudaría a diseñar estrategias más eficaces y eficientes para que sepan manejar sus propias emociones, que aprendan a identificarlas y que estas herramientas puedan servirle para establecer relaciones más fructíferas.

Santos (2010) expone que la docencia “es un tejer y destejar incesante de emociones, de expectativas y de relaciones interpersonales” dando a entender la necesidad de fundamentar las habilidades socioemocionales en los docentes ya que son cruciales en el proceso de enseñanza- aprendizaje. Por su parte, Extremera et al 2016 y Mariño et al (2016) manifiestan la necesidad de que los maestros utilicen las herramientas socioemocionales de una forma constante ya que les abrirá la posibilidad de tener una mejor interacción con los estudiantes y generar espacios significativos en el aula.

Las habilidades socioemocionales en el docente también inciden directamente en su bienestar emocional. Según las aportaciones de Gutiérrez y Buitrago (2019) que el desarrollo de estas competencias ayuda a prevenir el desgaste emocional docente a través del manejo, regulación y gestión emocional, fomentando creencias positivas de autoeficacia y disminuyendo el síndrome del burnout, presentando menos agotamiento emocional y un mejor vínculo con su quehacer pedagógico (Torres, 2018).

Becker y sus colaboradores (2015) consideran que es fundamental que los docentes cuenten con adecuadas competencias sociales y emocionales que les permitan modificar sus experiencias emocionales a través de reevaluaciones cognitivas a lo que complementan Buitrago et al (2007), Cárdenas (2017) y Cuadra et al (2018) que el mismo personal docente reconoce la importancia y la necesidad de poseer estas habilidades socioemocionales ya que son cruciales para el buen desempeño laboral del profesor del Siglo XXI e inciden en su bienestar y formación de identidad (Becker et al., 2015; Buitrago y Cárdenas, 2017; Withehead y Suave, 2018)  

Barrientos (2016) conceptualiza a las habilidades socioemocionales como “el conjunto de competencias y habilidades que aseguran el manejo y regulación de los estados de ánimo y los sentimientos, conllevando a modelar comportamientos emocionales y sociales coherentes en el contexto donde se desenvuelven” y West (Citado por Alvarado et al, 2023) identifica a la “perseverancia, sociabilidad y curiosidad” como habilidades que se encuentran conexas a las Habilidades Socioemocionales, y son responsables de motivar, energizar y dirigir tanto el pensamiento y las conductas.

Reconoce Damon et al (2006) que los contextos educativos son escenarios donde se debería integrar las competencias socioemocionales, por ser cada docente un profesional responsable de la medicación pedagógica y porque diversas investigaciones en el campo del desarrollo evolutivo enfatizan que una alta habilidad en competencias socioemocionales se relaciona con mayor bienestar, climas positivos de trabajo y rendimiento escolar y/o laboral óptimo, mientras que una baja habilidad en estas competencias desencadena dificultades en el ámbito personal, social, académico y profesional

Autores como Zahonero y Martín (2012) y Vaello (2005) consideran que es importante que el docente posea habilidades socioemocionales, puesto que juega un papel primordial en el modelado y la enseñanza de las mismas en los estudiantes debido a que el aula representa un instrumento de influencia social que puede generar cambios en el pensamiento, las actitudes y los comportamientos de los demás y aportan recursos para afrontar retos de la vida profesional, lo cual le permite superar situaciones complicadas mediante competencias como la resiliencia, el autocontrol, que se encuentran en la base de cualquier logro  profesional.

Sin embargo, Bassett et al (2010) alertan que si estas competencias no han sido adquiridas por el docente desde su formación inicial se dificultará la enseñanza de estas a lo que sugieren repensar la formación docente desde una dimensión socioemocional y esto puede considerar una revisión y rediseño del currículum para integrar el desarrollo de las competencias socioemocionales. 

Investigación Sobre las Habilidades Socioemocionales en Docentes

 

Cabello et al (2010) exponen que el desarrollo de las habilidades socioemocionales en el docente repercute en la formación integral de los estudiantes. Distintas evidencias empíricas demuestran que la mediación con los docentes en programas de habilidades emocionales promueve un pensamiento reflexivo, la creatividad, resolución de conflictos y toma de conciencia de las propias emociones, que permite la valoración de las diferencias como personas dentro del contexto educativa, suscitando la tolerancia (Chiappe y Cuesta, 2013).

Muñoz de Morales y Bisquerra (2006) manifiestan que otros beneficios de la “educación emocional” en los docentes, se encuentran el cambio de actitudes por parte de los docentes, asociados a mayor interés por los aspectos efectivos de los estudiantes, un aumento de la motivación para realizar las actividades propuestas en el programa de estudios. Además, esto repercute en el alumno ya que se sentirá más escuchado y comprendido, volviéndose más participativo incluso si ostenta una personalidad introvertida. Por otra parte, aumenta la tolerancia a la frustración y se reducen los conflictos interpersonales, propiciando el dialogo y se reduce el estrés psicosocial en los estudiantes. 

Cronológicos

El articulo 3 Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos indica que la educación que imparte el Estado (incluido el medio superior), será obligatoria, universal, inclusiva, pública, gratuita y de excelencia, entendida como el mejoramiento integral constante que promueva el logro de aprendizaje de los estudiantes, para el desarrollo de su pensamiento y el fortalecimiento de los lacos entre la escuela y la comunidad.

La Nueva Escuela Mexicana coloca al centro de la acción pública el máximo logro del aprendizaje de las niñas, niños, adolescentes, jóvenes y personas adultas, a través de una educación integral porque educará para la vida y estará enfocada hacia las capacidades y desarrollo de las habilidades cognitivas, socioemocionales, físicas y laborales de las personas deforma tal que les permitan alcanzar su bienestar y contribuir al desarrollo social; así como de excelencia, con orientación al mejoramiento permanente de los procesos formativos que propicien dicho aprendizaje.

Bajo esta perspectiva, el Marco Curricular Común de Educación Media Superior, conforme al Acuerdo 09/05/24, el Currículum Ampliado considera que a través de los recursos socioemocionales y los ámbitos de la formación socioemocional son fundamentales para contribuir, apuntalar y fortalecer la formación integral de las personas.  La Subsecretaria de Educación Media Superior (2024) reconoce que los recursos socioemocionales posibilitan al personal docente, personal académico, otros actores educativos, estudiantes y personas en general la solución de problemas y la atención a sus intereses y necesidades en diferentes niveles: escolar, familiar, local y comunitario mediante la construcción de ambientes de aprendizaje para el bienestar y la seguridad, con el diseño de estrategias de enseñanza y aprendizaje para construir conocimientos, saberes, hábitos y habilidades en múltiples ámbitos de la formación socioemocional.

Concluye Bericat (2000) que las mejores prácticas de los recursos socioemocionales del Marco Curricular Común de Educación Media Superior se hacen cuando interactúan entre si los docentes y con el estudiantado, y en las relaciones que se establecen entre ellos, así como la interacción de ambos actores educativos con sus autoridades escolares, con los padres y madres de familia, y las personas que integran su comunidad. La naturaleza de las emociones está condicionada a la naturaleza social.

Desde hace algunos años se asume que el optimo desempeño de la labor docente requiere de la puesta en escena no solo de un conjunto de conocimientos y habilidades intelectuales, sino, además de una serie de atributos de distinto tipo, entre los que se encuentran los socioemocionales (Akin y Ok, 2021; Castro, 2021; Extremera et al.,2016).

 

 

Martinez et al (2016) destaca que este paradigma se basa en la premisa de que la actividad educativa trasciende la mera transmisión de conocimientos, debiendo atender a todas las dimensiones del ser humano entre las que se encuentra la dimensión socioemocional, el autor prosigue que considerando a la figura del docente como el máximo responsable de lo que sucede en el aula y la influencia que este ejerce sobre ella por lo cual es fundamental atender a su dimensión socioemocional.

Valero (2023) por su parte menciona que los educadores, que suelen ser guías y modelos que seguir, no solo deben afrontar al reto de gestionar sus propias emociones, sino que también enfrentan el desafío de reconocer y atender las necesidades emocionales de sus estudiantes. Al mismo tiempo, deben ser capaces de generar un clima emocional que sea favorable y que, a su vez, contribuya al bienestar emocional de todos los integrantes de la comunidad educativa. La OECD (2021) manifiesta que debido a las circunstancias actuales en donde el mundo es cada vez mas complejo y cambiante, es importante que el docente posea la capacidad de respuesta a las necesidades socioemocionales.

Referenciales

 

Al largo de estos años, se han realizado diversas investigaciones e incluso el diseño de instrumentos para las habilidades socioemocionales docentes, sus propósitos principales son proponer programas, estrategias y conocer la realidad del contexto de educación media superior en cuanto a las competencias socioemocionales en el profesorado se refiere.

El fenómeno de estudio ha acaparado la atención de diversos investigadores que se han dedicado a profundizar sobre este para poder analizarlo detallada y objetivamente pues resulta ser un hecho bastante complejo, algunas de estas indagaciones son producto del trabajo de autores como Valero Moya (2023) en su articulo La Dimensión Socioemocional del Profesorado: Una conceptualización Adaptada a la Función Docente expone una conceptualización sobre las cualidades, habilidades o competencias socioemocionales que considera que debería estar presente en el docente para desempeñar adecuadamente su labor considerando los postulados de la teoría de la Inteligencia Emocional como el fundamento para llevar acabo un conocimiento profundo dividido en dos esferas: la intrapersonal y la interpersonal, la primera destacando la comprensión de fenómenos emocionales propios destacando a la conciencia, la autorregulación y la autonomía emocional y la esfera interpersonal que se enfoca en las habilidades sociales básicas y complejas como lo son la empatía, la comunicación expresiva y receptiva y el liderazgo. Otro autor a destacar es Reyes el alt (2022) quienes en su producto de investigación Habilidades Socioemocionales en los Docentes: Educación desde la ética del cuidado de sí  expresan la necesidad de fomentar una formación en torno a la dimensión humana y relacional del quehacer docente que favorezca su desarrollo profesional y asi mismo plantean que la formación de habilidades socioemocionales es un aporte muy importante para la innovación educativa asi como para catalizar la revaloración y la rehumanización del docente. Y, por último, la propuesta teórica ofrecida por López y Lagos (2021) Repensar la Formación Inicial Docente desde una dimensión socioemocional de una manera clara, simple y sencilla manifiestan que una competencia no adquirida, no se puede enseñar. Evidenciando el vacío existente en el contexto de educación media superior en cuanto a la formación de habilidades socioemocionales tanto en maestros como en alumnos.

Considerando el entorno de la educación media superior en donde concierne el fenómeno y el interés de estudio, hay implementación de programas destinados para la formación de estas habilidades socioemocionales como el Construye T el cual es implementado por la Secretaria de Educación Pública, la Subsecretaría de Educación Media Superior y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el cual se fundamenta en tres grandes dimensiones que se vinculan con las competencias genéricas del Marco Curricular Común en Educación Media Superior, las pretensiones de la Nueva Escuela Mexicana y fundamentado en el artículo tercero constitucional.

 Estas dimensiones son: Conoce T el cual se enfoca en el desarrollo de habilidades generales como la autoconciencia, la autorregulación y la determinación, el segundo es el Relaciona T el cual está encauzado en la conciencia social y la relación con los demás y Elige T, siendo el ultimo eje, el cual se dirige a las habilidades generales como la toma responsable de decisiones. Este programa se ha vuelvo una herramienta primordial en el ser y quehacer del desarrollo comunitario de los bachilleratos ya que busca crear ambientes de aprendizaje mas saludables y positivos.

Sin embargo, cabe destacar que no en todos los planteles el programa se lleva acabo con la eficacia y la efectividad deseada e incluso no hay una difusión de este en el contexto escolar y aunque su propósito es dotar a los estudiantes puliendo y perfeccionando sus habilidades socioemocionales, está implícito en algunas materias que se imparten y son parte del currículo, no se ha concentrado también en fundamentar estas habilidades socioemocionales en la figura del docente.  Aunque, en los planteles donde el programa se lleva a cabo, según Alvarado y sus colaboradores (2023) algunos docentes que participaron en fueron beneficiados, aunque advierten que existe una necesidad latente de priorizar el trabajo de habilidades socioemocionales dirigido hacia los maestros y que puede ser implementado a través de proyectos transversales.

En cuanto a instrumentos enfocados en medir las habilidades socioemocionales existen muchas variables y que se enfocan principalmente en el estudiante, considerando el factor educativo en el nivel medio superior y si se enfoca en la figura del docente, también suele ser diverso, pero se orienta en la psicología clínica y/o psicología laboral. Sin embargo, Jiménez y sus colaboradores (2021) crearon un Inventario de Habilidades Socioemocionales y Salud Mental para profesores de Educación Superior basándose en otros instrumentos e incluso expone algunos que pueden ser considerados, dependiendo del propósito de la investigación, para indagar sobre las habilidades socioemocionales.

Entre los instrumentos que se destacan en su artículo de investigación que pueden ser tomados como referencia para abordar las habilidades socioemocionales en docentes de educación media superior son los siguientes: Inventario de Competencias Socioemocionales para Adultos de Mikulic et al (2015), Cuestionario de Desarrollo Emocional de Adultos de Pérez Escoda et al (2010) y la Escala para la Evaluación de la expresión, manejo y reconocimiento de emociones, y escala de inteligencia emocional de Fernández Berrocal et al (2004) y Espinoza Venegas et al (2015)


Referencias

 

Acuerdo secretarial 09/05/24 que modifica el diverso número 09/08/23 por el que se establece y regula el Marco Curricular Común de la Educación Media Superior, 5 de junio de 2024.

Aguilar Islas, K. G., Moreno Tapia, J., & Torquemada González, A. D. (2019). Diagnóstico de habilidades socioemocionales en universitarios hacia la tutoría. Revista Metropolitana de Ciencias Aplicadas, 2(2), 214-221. http://remca.umet.edu.ec/index.php/REMCA

Akin, S. y Ok, A. (2021). Essential qualities for elementary teachers of the 21st century: Voices of key stakeholders. Elementary Education Online, 20(1), 532-552. https://doi.org/10.17051/ilkonli­ne.2021.01.045

Alvarado, O., Pérez de la Cruz, M., White, A., Selván, C. y Landeros, M. (2023) Las Habilidades Socioemocionales como engrane mental en el ser y quehacer de la Educación Media Superior. DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.432

Álvarez Bolaños, E. (2020). Educación socioemocional. Controversias y Concurrencias Latinoamericanas, 11(20). Asociación Latinoamericana de Sociología. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=588663787023

Ander-Egg, E. (1995). Técnicas de investigación social. Editorial Lumen.

Arias, F. (2012). El proyecto de investigación (Sexta Edición). Episteme.

Baron, R. (2010), Emotional intelligence: an integral part of positive psychology, en South African Journal of Psychology, vol. 4, núm 1, República de Sudáfrica, Psycho­logical Society of South Africa. http://www.bibliocatalogo.buap.mx:3403/ehost/pdfviewer/pdfviewer?sid=68548787-d e2e453b-a573-2d89177100aa%40sessionmgr111&vid=15&hid=104 

Barrientos, A (2016) Habilidades sociales y emocionales del profesorado de educación infantil relacionadas con la gestión del clima de aula. (Tesis Doctoral). Universidad Complutense de Madrid. https://eprints.ucm.es/id/eprint/40450/1/T38117.pdf

Bassett, D., Haldenby, A., Tanner, W., & Trewhitt, K. (2010). Every teacher matters. Reform.

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